José Luis Arce. 1 marzo
03/12/2018. Impuestos y subsidios pueden desempeñar un rol importante en la corrección de estas distorsiones. Subvenciones públicas para el desarrollo y utilización de energías limpias y, sobre todo, impuestos sobre el carbono pueden contribuir a reducir las emisiones. La Sabana. Presentación de flotilla de carros eléctricos del ICE. Fotos Melissa Fernández
03/12/2018. Impuestos y subsidios pueden desempeñar un rol importante en la corrección de estas distorsiones. Subvenciones públicas para el desarrollo y utilización de energías limpias y, sobre todo, impuestos sobre el carbono pueden contribuir a reducir las emisiones. La Sabana. Presentación de flotilla de carros eléctricos del ICE. Fotos Melissa Fernández

El cambio climático figura – junto con la exclusión social, la creciente inequidad y el descrédito de los mecanismos democráticos de representación – entre los retos más importantes que enfrentan las sociedades modernas.

No se trata de un riesgo que sólo existe en las cabezas de los expertos, sus efectos negativos son evidentes y, eventualmente, pueden tornarse en catastróficos e irreversibles. Por eso deben ser bienvenidas las iniciativas que, con seriedad y consistencia, generen las políticas públicas requeridas para promover los cambios en el comportamiento de los agentes económicos necesarios para enfrentarlo.

Como suele pasar con las intervenciones gubernamentales, si se tiene éxito, los beneficios serán percibidos colectivamente y en el largo plazo, pero sus costos serán evidentes casi de inmediato y afectarán de manera diferenciada a grupos específicos.

En el caso del cambio climático esto es evidente. Buena parte del problema se genera por lo que los economistas llaman una externalidad. El uso de combustibles fósiles genera efectos negativos sobre el planeta que, hasta el momento, no han sido plenamente incorporados en su costo.

Como resultado, las economías modernas han empleado – y siguen haciéndolo – los hidrocarburos de manera excesiva, pues parecen más baratos que otras fuentes de energía debido a que no se internalizan en su precio sus efectos medioambientales.

Impuestos y subsidios pueden desempeñar un rol importante en la corrección de estas distorsiones. Subvenciones públicas para el desarrollo y utilización de energías limpias y, sobre todo, impuestos sobre el carbono pueden contribuir a reducir las emisiones.

El uso de estas herramientas no está libre de controversias o problemas. Por ejemplo, impuestos sobre las emisiones conducirían a que diversas actividades económicas y segmentos de la población vean materializarse costos que antes no consideraban directamente y que, además, se distribuyen entre ellos de manera diferenciada.

Esto acarrearía, en el corto plazo, efectos negativos sobre la producción y la demanda y, además, cambios posiblemente adversos en la distribución del ingreso (por ejemplo, las actividades modernas de servicios – dinámicas y con alta productividad – son menos carbono intensivas y generadoras de emisiones que la industria o la agricultura; los pobres y las clases medias probablemente gastan una mayor porción de su ingreso en transporte).

Por tal razón, los ingresos generados por los impuestos sobre el carbono deben ser cuidadosamente empleados para financiar los subsidios que promueven tecnologías limpias, para reducir la deuda gubernamental o, mejor aún, para compensar directamente a los ciudadanos por los costos de la descarbonización.

Lo que se debería evitar, en un debate político responsable, es que estos costos de corto plazo sean usados como argumentos para no tomar acciones para combatir el cambio climático. A pesar de que no se puede negar su existencia, es claro que adoptar medidas bien conceptualizadas y contundentes conduciría a beneficios de largo plazo mucho mayores. Se trata pues de cuidar el diseño de las políticas y ser conscientes de sus efectos secundarios, con el fin de mitigarlos.