Álvaro Cedeño. 17 junio

Toda acción humana obedece a un plan. Vamos al cine porque queremos divertirnos. Fin de la historia. O reforestamos porque queremos menos carbono, más oxígeno, proteger los mantos acuíferos, crear un espacio disfrutable. Principio de la historia.

Hay acciones aisladas, como ir al cine. O racimos de acciones con un fin, como reforestar, educar ambientalmente, crear bonos ambientales, promover el turismo ecológico, unirse con los ecologistas del mundo.

Hay acciones que requieren un sustrato estratégico. Una visión. Vamos al cine porque sí. Defendemos el ambiente con un sustrato estratégico comprometido.

Si nuestros gobernantes solo quisieran resolver el déficit fiscal, disminuir la deserción escolar o mejorar la seguridad social, estarían trabajando para un mundo como el de hace cincuenta años. Sueño con que el sustrato estratégico de su esfuerzo, los esté inspirando para ir más lejos.
Si nuestros gobernantes solo quisieran resolver el déficit fiscal, disminuir la deserción escolar o mejorar la seguridad social, estarían trabajando para un mundo como el de hace cincuenta años. Sueño con que el sustrato estratégico de su esfuerzo, los esté inspirando para ir más lejos.

Si nuestros gobernantes solo quisieran resolver el déficit fiscal, disminuir la deserción escolar o mejorar la seguridad social, estarían trabajando para un mundo como el de hace 50 años. Sueño con que el sustrato estratégico de su esfuerzo los esté inspirando para ir más lejos.

Sueño que se está gestando un país más sostenible. Con habitantes más razonables y a la vez más audaces. Servidos por una administración pública más eficaz y más eficiente y con mayor responsabilidad. Que no cuente ni habitantes ni kilómetros cuadrados para aspirar a posiciones de liderazgo mundial. Que acepte los albores de la cuarta revolución industrial, no como un cuento sino como un reto complejo, al cual hay que darle respuestas que no sigan un surco sino que lo inicien.

Hay estrategias para mejorar la situación (aumentar la eficiencia del sistema educativo). Otras revolucionan la situación y nos llevan a un nivel superior (enseñar para el siglo XXI). Otras cambian el paradigma y nos trasladan de escenario (crear talentos y motivación en los estudiantes para que aprendan por sí mismos y durante toda la vida).

Se puede accionar para resolver problemas. O para cambiar el paradigma. En un mundo que cambia profundamente, resolver problemas no es suficiente. Aspirar a la eficiencia es quedarse corto. Encontrar un camino tampoco es suficiente. La eficacia también se queda corta. Lo crucial es inventar un camino hacia un futuro desconocido. Es la hora de la ruptura. De las estrategias de rico sustrato, preñadas de innovación. Abiertas al trascendente desafío.