AFP . 20 febrero
Un empleado de Amazon organiza paquetes con uno de los robots de la compañía. La compañía cuenta con más de 25 centros automatizados que le han permitido reducir tiempos en las tareas.
Un empleado de Amazon organiza paquetes con uno de los robots de la compañía. La compañía cuenta con más de 25 centros automatizados que le han permitido reducir tiempos en las tareas.

Nueva York. - Un chaleco con correas electrónicas, bolsillos con sensores y walkie talkies en la cintura, una chica con pantalones vaqueros y zapatillas deportivas aprieta un botón y entra en un área donde se desplazan cientos de robots naranja transportadores: ellos mueven, según un circuito coreografiado por computadora y reajustado constantemente, grandes armarios amarillos que contienen miles de artículos comprados por Amazon, líder de ventas en línea.

Es el nuevo centro de procesamiento de pedidos que Amazon abrió en setiembre en Staten Island, Nueva York.

Sobre una superficie de 80.000 metros cuadrados (m²), con el sonido de kilómetros de cintas rodantes, el gigante de Seattle –una referencia en el terreno en pleno auge de los robots capaces de colaborar con humanos– ha desplegado su robótica más avanzada.

El chaleco tecnológico o tech vest que lleva la chica, Deasahni Bernard, de 21 años, es parte de ese despliegue. Utilizado en los almacenes de Amazon desde finales del 2018, permite ingresar de manera segura al área de los vehículos robot, por ejemplo, y recoger un objeto caído al suelo o examinar un robot averiado. Basta con presionar un botón y los robots se detienen o disminuyen la velocidad, reajustando su ruta para evitar el lugar donde se va a actuar.

Amazon cuenta con más de 25 centros automatizados que le han permitido reducir a “menos de una hora [las tareas] que tomaban más de un día” y ahorrar espacio de almacenamiento, explica Tye Brady, jefe de tecnología de Amazon Robotics, filial de robots de Amazon. De esta forma fortalece la posición dominante de la empresa en el comercio en línea, convertida en el proveedor casi diario de millones de consumidores en todo el mundo.

Sin embargo, Tye Brady defiende “los formidables ejemplos” de colaboración en el trabajo entre humanos y robots en Staten Island, un centro que funciona 22 horas de 24 con más de 2.000 empleados de tiempo completo.

Para Tye Brady, el robot colaborativo ideal es R2D2, el pequeño robot de La guerra de las galaxias, también conocido como Arturito, siempre listo para usar su poder de cálculo para sacar a Luke Skywalker de situaciones desesperadas.

Bajo la atenta mirada de Brady, Deasahni Bernard, quien era cajera de un supermercado antes de entrar en Amazon, lo confirma: "Lo prefiero mucho más que a todos los trabajos que he tenido hasta ahora".

¿Y qué están haciendo los empleados de Amazon en esto que Tye Brady llama una “sinfonía” hombres-robots?

En Staten Island, además de los que usan el tech vest, hay quienes desembalan los productos y los clasifican en los casilleros, los que colocan en los casilleros los productos destinados al mismo cliente, los que hacen las etiquetas... Todo con la ayuda de pantallas y escáneres que le facilitan su elección del producto o de la etiqueta y permiten rastrear continuamente los productos.

En cada etapa, el objetivo es ampliar las capacidades de las personas para que puedan enfocarse en la resolución de problemas”, para garantizar la calidad de los productos e intervenir si es necesario, explica Brady.

Empleos del futuro

Tye Brady, ingeniero que ha trabajado en el desarrollo de sistemas robóticos para astronautas, está convencido de que el despliegue de robots “colaborativos” es la clave de la productividad, el crecimiento y los empleos del futuro.

Desde que Amazon se lanzó de lleno en la robótica con la compra del fabricante de robots de logística Kiva, en el 2012, ha contratado a 300.000 personas para alcanzar actualmente los 645.000 empleados en todo el mundo.

Para este ingeniero de 51 años, que la robótica y la automatización eliminan empleos es un mito.

“Los datos son indiscutibles: cuanto más robots agregamos a nuestros centros de pedidos, más puestos creamos”, agrega, sin mencionar los empleos perdidos en las tiendas tradicionales.

Para este extrabajador de la industria espacial, el robot colaborativo ideal es R2D2, el pequeño robot de La guerra de las galaxias, también conocido como Arturito, siempre listo para usar su poder de cálculo para sacar a Luke Skywalker de situaciones desesperadas.

A pesar del entusiasmo de Brady, abundan los críticos de Amazon, como ha quedado en evidencia con la polémica en torno al establecimiento de una nueva sede en Nueva York, una idea finalmente desechada por la compañía.

Y el rechazo de Amazon a cualquier representación sindical alimenta la sospecha.

En una conferencia de prensa ofrecida por la Unión Americana de Empleados de Comercio a principios de enero, un empleado del Centro de Staten Island, Rashad Long, denunció ritmos insostenibles a largo plazo. “No somos robots, somos humanos”, agregó.

Y es que muchos sospechan que la compañía fundada en 1995 por Jeff Bezos invirtió en robótica para automatizar, eventualmente, muchos puestos hoy en día ocupados por humanos y así aumentar sus ganancias.

Pero para Kevin Lynch, un experto en robótica en la Northwestern University, cerca de Chicago, aunque el desarrollo de robots colaborativos es inevitable, y sin lugar a dudas destruirá puestos de trabajo en Amazon y en otras partes, también está claro que va a crear otros nuevos empleos, aunque es más fácil predecir los puestos que desaparecerán que los que se crearán.

“Los robots y la inteligencia artificial brindan beneficios evidentes para el bienestar y la calidad de vida de la humanidad”, sostiene Lynch. Pero la distribución equitativa de estos beneficios no lo es tanto, y son necesarias medidas políticas para garantizar que todos nos beneficiemos de ellos y que no se conviertan en agentes de nuevas desigualdades económicas.

“Los robots y la inteligencia artificial son inevitables”, dice. “La cuestión es saber cómo prepararse”.