Esteban Ramírez. 2 julio, 2016

El próximo viernes 8 de julio representantes de los Gobiernos de Nicaragua y Costa Rica se sentarán a dialogar para tratar de levantar el bloqueo técnico que ambos países mantienen desde principios de junio al intercambio comercial de productos lácteos. Más que una vendetta politiquera de nuestro vecino del norte, este pulso tiene motivaciones empresariales.

Uber se pasea por la banca
Uber se pasea por la banca

En la liza están dos actores privados relevantes para cada nación: por un lado, la Cooperativa de Productores de Leche (Dos Pinos), de capital costarricense; por otro, los mexicanos de Grupo Lala, gigantes de la industria, muy bien asentados en Nicaragua.

Desde hace años, Dos Pinos ha pastado apaciblemente en el mercado local, con altas cuotas de participación en las ventas, un robusto posicionamiento entre los clientes y una endeble o nula competencia interna. Sin embargo, hace unos tres años apareció Lala, con una agresiva campaña para entrar a toda la región centroamericana.

Lala eligió a Nicaragua como su centro de operaciones en el Istmo. En diciembre del 2014 adquirió Eskimo, una de las principales industrias lecheras de ese país, con una red de distribución que atiende más de 15.000 puntos de venta en Honduras, El Salvador y Costa Rica. Luego, en mayo del 2015, inauguró la primera fase de una planta de lácteos en San Benito, municipio de Tipitapa, cuya inversión ascendió a $50 millones. No contentos con eso, en enero del 2016, compró La Perfecta, empresa de manufactura y comercialización de leche, derivados lácteos y jugos, con ventas anuales de $46 millones.

Entre los ejes estratégicos del 2016, la empresa tiene el plan de ampliar y consolidar su operación en Centroamérica, donde en los últimos tres años invirtió $150 millones. “Estamos creando la infraestructura para llegar a consumidores de toda la región con productos de calidad, al menor costo”, apuntó Scot Rank, director general del grupo desde hace un año. Él es un viejo conocido, experto en el negocio de ventas al detalle, trabajó por 15 años con Walmart e incluso fue director de Walmart de México y Centroamérica, así que se conoce negocio y región al dedillo.

La meta de Grupo Lala es aumentar sus ventas en Costa Rica, al igual que en Honduras y Guatemala. Por eso, presumo que hará todo lo posible por certificar sus plantas de producción en Nicaragua para reanudar el envío de productos a nuestro país y, si la cosa se le pone cuesta arriba, podría promover alguna alianza o adquisición: billetera y ganas tiene de sobra.