Juan Fernando Lara Salas. 30 diciembre, 2018
Antes de hacer compras impulsivas, conviene ponerse la meta de ahorrar para hacer la adquisición. Así crea la cultura del ahorro. Foto:Jorge Castillo
Antes de hacer compras impulsivas, conviene ponerse la meta de ahorrar para hacer la adquisición. Así crea la cultura del ahorro. Foto:Jorge Castillo

Sin importar su ingreso, una crisis financiera puede asaltar en cualquier momento su tranquilidad. El estrés por la adversidad puede complicar la toma de decisiones adecuadas y deteriorar el entorno personal y familiar.

Muchas son las razones que pueden originar esas crisis: la pérdida del trabajo, una emergencia de salud o una separación o divorcio. Incluso una adicción o sencillamente sobrepasarse en los gastos.

Sea cual sea el origen, el problema tiende a manifestarse (y anclarse) en los estados de cuenta de tarjetas de crédito o con préstamos personales.

Las primeras señales de alerta empiezan con dificultades para hacer un presupuesto o situaciones más severas como atraso en el pago de facturas que llevan a pedir extensiones.

También pueden reflejarse en pagos únicamente del saldo mínimo de la tarjeta, en el recorte obligatorio en necesidades básicas como comida y suministros del hogar, o el temor de que en cualquier momento le interrumpan servicios de agua o luz por falta de pago.

Ante una situación así, que parece imposible de enfrentar, hay que aplicar medidas de contención como el comienzo para buscar la salida.

La primera medida es aceptar el problema, explica Cristina de Teramond Peralta; profesora del curso abierto de Finanzas Personales de la Escuela de Economía de la Universidad de Costa Rica (UCR).

“Es de las situaciones más duras, pero es el primer paso. Cuando alguien se endeuda para pagar tarjetas de crédito, cuando se desconoce en qué se gasta y se vive intranquilo, es momento de aceptar lo que ocurre. Ojalá sea una conversación en familia, con todos los posibles dependientes de ese ingreso o afectados por la situación”, explicó.

De Teramond Peralta insistió en que esta decisión es mucho mejor que buscar préstamos informales para intentar cancelar deudas con tarjetas de crédito que, en última instancia, o disfrazan el problema de fondo o lo empeoran.

“Personas con deudas ligadas a tarjetas de crédito acuden al sector informal cuando ya se les formó una bola de nieve en el sector formal. Irse a prestamistas informales es peligroso porque las tasas de interés son muy altas, por el eventual acoso para recordar el pago y porque esos prestamistas nunca hacen estudios rigurosos de cuánto puede usted realmente pagar", explicó.

Liquidar deudas, insiste, es posible pero es un camino lento y doloroso. Cuando ya se reconoce el problema, lo siguiente es averiguar cuán mal están las cosas.

Lo primero consiste en hacer un listado de todas las deudas, cuánto se adeuda en cada una, el plazo para cancelarla, la tasa de interés, la cuota que se paga y qué tipo de crédito es, recalcó.

“Es muy distinto un crédito a largo plazo para pagar mi casa, lo cual sí tiene sentido, que una deuda por bienes y servicios financiados con una tarjeta de crédito. Hacer ese listado aclara todo”, recomendó.

Una vez que tengo ese listado, calculo el total de cuotas y qué representa eso sobre mi ingreso. Un 25% de cuotas sobre ingreso de una hipoteca es normal, no hay preocupación, pero si ese 25% es crédito de consumo es de cuidado.

Cuando ya se tiene esa lista, el truco es darle prioridad a los créditos con tasas más altas que vencen más rápido, explicó. Según la especialista, si hay una deuda pequeña con una cuota alta, esa es la primera a liquidar sin descuidar el resto.

“Cuando se paga esa primera deuda, por lo general se libera alguna liquidez. En ese momento se ataca la segunda deuda en importancia sin dejar de pagar el mínimo en las demás”, advirtió.

Otra posible estrategia es consolidar en una entidad financiera todas las deudas por consumo con tarjetas de crédito para obtener una tasa de interés menor y un plazo más largo para pagar. Esto reduce la cuota mensual a un único pago y con un monto más manejable.

“El grave problema de este escenario es que algunas personas, al ver mas dinero disponible, caen en la tentación de endeudarse más y el problema se agrava. Quien haga esto debe tener claridad que debe cambiar hábitos de consumo”, explicó.

La otra parte de la solución es la gestión de gasto.

Cómo gestionar una crisis financiera
Cómo gestionar una crisis financiera
Sin compras impulsivas

Pedro Aguilar, economista y gerente de Consultoría en Riesgos en la empresa consultora Deloitte, también recomienda hacer una lista, pero de otro tipo.

La regla de oro es etiquetar el ingresos con posibles gastos, añade. Ligar el dinero que ingresó a destinos específicos como pago de servicios básicos (luz, alquiler, transporte, alimentos).

Para Aguilar, hoy los responsables de familias deberían utilizar primero aguinaldos y otros ingresos para cancelar marchamos, apartar dinero para gastos del próximo curso lectivo escolares y otro pagos innegociables.

Con este sencillo ejercicio, advierte, es más fácil evitar usar tarjetas u otros instrumentos para atender esas obligaciones cuando ya sean impostergables.

Si ya se está muy endeudado es preferible evitar nuevos créditos. Lo mejor es imponerse un período de contingencia o frugalidad con base en esa lista de gastos asociada a presupuesto para cubrir necesidades básicas, aconseja Aguilar.

Según él, esto ayuda a controlar gastos y permite establecer un cronograma para eliminar deudas. Según Aguilar, en esto debe concentrarse el dinero disponible de esta época porque así se podrá empezar el año nuevo sin un círculo vicioso con tarjetas de crédito o préstamos personales.

“Si una persona está endeudada, debe hace una lista de todos sus gastos y elaborar un presupuesto. Cada gasto debe clasificarse en términos de si es necesario o no. Esto revelara a esa persona de qué debe prescindir y de qué no. Hay quienes dicen que el aguinaldo no les alcanza pero, cuando se observa el tipo de gastos, mucho es suntuario”, explicó.

Para Aguilar, una regla de oro en estas fechas es tomar los ingresos extraordinarios (aguinaldos o excedentes de asociaciones solidaristas) y pagar deudas.

“Antes que hacer nuevos gastos, ese dineros deberían primero usarse para pagar deudas. ¿Por qué? Porque eso aligera el pago de intereses en meses posteriores. Así es como se libera dinero después”, comentó.

Sin embargo, esto suele complicarse debido a las llamadas compras por impulso o emocionales, indica Maricruz Goñi, directora de Plataforma de Atención al Consumidor, del Ministerio de Economía, Industria y Comercio.

Esa compra, señala, nace de un deseo más que por necesidad y Goñi la atribuye al bombardeo de propaganda o publicidad.

“La gente en centros comerciales tiene un impulso de adquirir algo que no necesita. Si anda en centros comerciales, mejor lleve una lista con un rango de precios asignado a cada artículo. Esto convendría extenderse a las compras navideñas (o posteriores)”, recomendó.

Goñi recordó que, al comprar, deben evitarse los créditos porque puede ser que el interés sea mayor que el beneficio de aquello que se compra en “oferta”.

“Si hay deseo de una pantalla plana, en vez de adquirirla por un crédito haga un ahorro para esa compra específica. Aparte de crear el hábito de ahorro, se elimina la compra por impulso y hay más tiempo de revisar calidades, precios, proveedores y espacio de análisis de cómo hacer la compra”, explicó.