Álvaro Cedeño. Hace 5 días

Informa este periódico en su edición del 11 de enero 2018 que 1.277 graduados hicieron prueba de incorporación al Colegio de Abogados y solo un 10% la aprobaron.

En una curva de distribución normal, eso es totalmente inesperado, algo ocurre: o la formación universitaria que se está ofreciendo es deficiente o las pruebas internas de las universidades son muy laxas, o la prueba del Colegio es inadecuada.

¿Está bien fundamentada la prueba del Colegio? Diseñar una prueba no consiste simplemente en hacer una colección de preguntas.

Primero hay que distinguir qué es lo que se quiere medir. ¿Conocimientos, destrezas, actitudes? Porque un buen graduado no es solo conocimiento.

Y si se quisiera medir conocimientos, ¿Se quieren medir los fundamentales indispensables o los de detalle subsanables a través del ejercicio? ¿Se quiere que el graduado recite memorísticamente o que muestre que es capaz de utilizar sus conocimientos para producir juicios válidos? La prueba debe ser eficaz.

Nunca será perfecta, pero debe ser suficientemente buena.

No se vale que las universidades solo ataquen la validez de la prueba.

Aunque muy perjudicial sería ajustar los procesos de enseñanza aprendizaje (PEA) a una prueba mal diseñada, es preferible una prueba deficiente que la ausencia total de esta. Contra la primera se puede recurrir, lo segundo nos deja en la ignorancia.

Las universidades están obligadas a decirle a la sociedad costarricense cómo conducen los PEA, y cómo se aseguran de estar produciendo los resultados esperados y cuáles resultados están obteniendo.

Deben evaluar productos. No solo insumos. Ambas cosas difieren.

Deben asegurar que cumplen con las condiciones necesarias, pero eso no es suficiente.

Los resultados deben ser medidos, tal vez no de manera perfecta, pero sí suficientemente buena. Esto es extremadamente difícil, pero hay que hacerlo. Los estudiantes y la sociedad lo necesitan, aunque no tengan clara esa necesidad.

Obviamente estas reflexiones no solo deben hacerse a los PEA de derecho, sino a toda la educación superior, pública o privada. Son todas las universidades, preferiblemente en conjunto para crear sinergia, las que deben dar respuestas claras a la sociedad.

Cuando se prepara mal a un estudiante, el estropicio principal es con el tiempo que ha dedicado a prepararse, ese no se puede sustituir, ni devolver, ni indemnizar: se fue para siempre y esa es una fuente de responsabilidad de las instituciones educativas.

Alvarocedeno.com