Por: Esteban Ramírez 6 octubre, 2017

El rumbo que tomaron los casos de Corporación Yanber, Almacenes Casa Blanca y Sinocem de Costa Rica debería servir para que los acreedores de estas empresas, sobre todo bancos, revisen sus políticas para evaluar el riesgo sistémico de los deudores a los que pretenden financiar.

Aunque se trata de tres compañías con actividades productivas muy diferentes, y con problemas de negocio que surgieron en situaciones distintas, todas ellas lograron levantar grandes sumas de dinero en muy poco tiempo, con ayuda de varios bancos públicos y privados, lo que propició que los posteriores atrasos e incumplimientos de pago se propagaran (o amenacen con hacerlo) por todo el sistema financiero.

Retrocedamos a enero del 2016, ocho meses después de que Yanber se declaró en suspensión de pagos. En ese momento l as deudas de la compañía eran por $56 millones, incluidas 16 entidades financieras y proveedores. Luego, en febrero de este año, conocimos el caso de Casa Blanca, cuyos pasivos llegaban a $61,5 millones con 202 acreedores, entre ellos seis bancos.

El mes pasado, La Nación reveló que las empresas de Juan Carlos Bolaños, relacionadas con la importación de cemento desde China, adeudaban $50 millones a 10 entidades, entre bancos, financieras y solidaristas. Algunos de estos créditos ya tiene problemas de pago.

La semana pasada, el Banco Popular se adjudicó el terreno otorgado como garantía por este empresario para cubrir un préstamo por $4,8 millones con la institución; en el Banco de Costa Rica , cerraron el crédito a Sinocem Costa Rica y reclasificaron al deudor como “D”, letra asignada a operaciones con alto riesgo de incumplimiento.

El valor en riesgo de estos tres casos llega a casi $170 millones, no toda la deuda es con el sistema financiero, pero sí la mayor parte. Las entidades reguladas han tenido que crear grandes reservas para cubrir las pérdidas efectivas o potenciales por estos créditos.

Empresas que se endeudan por montos muy altos, con muchos actores a la vez, necesitan un seguimiento especial en los sistemas que centralizan la información crediticia. ¿Cuándo son operaciones normales y cuándo se está en presencia de un deudor riesgoso? La banca y los supervisores tienen que resolver pronto este acertijo.