Gerardo Corrales. 8 diciembre, 2017

Arbitraje y especulación. Son dos términos técnicos de uso frecuente en la jerga económica y que en ocasiones son utilizados indistintamente por la ciudadanía en general.

Se trata de dos definiciones distintas, aunque ambas tienen que ver con las diferencias de precios de los bienes, servicios o del dinero.

10/2/2016, Tibás. Grupo Nación. Retrato del empresario Gerardo Corrales para blog del financiero, Foto Adrián Soto.
10/2/2016, Tibás. Grupo Nación. Retrato del empresario Gerardo Corrales para blog del financiero, Foto Adrián Soto.

Por arbitraje se entiende la acción de los agentes económicos en un mismo instante para sacar provecho, ganancias o beneficios de diferencias de precios de un mismo bien. Comprar barato en el lugar donde el precio está más bajo, para vender de inmediato en el lugar donde el precio es más alto.

Por el contrario, la especulación se refiere al comportamiento cuando se trata de comprar barato hoy, con la esperanza o expectativa de poder vender caro mañana. Sin embargo, al no tener certeza sobre el movimiento de los precios, cuando se juega a especular, tanto se pueden obtener ganancias millonarias como también caer en bancarrota.

Entre los economistas más reconocidos que se hicieron millonarios con el arbitraje, destaca el británico David Ricardo, sacando provecho de las diferencias de precios o rendimientos de bonos de gobierno en un mismo instante pero en diferentes lugares.

Por el contrario, John Maynar Keynes, otro famoso economista inglés, destacó por sus comportamientos especulativos en la bolsa de valores que lo llevaron a hacerse millonario en varias ocasiones, aunque también entró en bancarrota, por seguir euforias psicológicas o malas lecturas de un mercado creciente en precios, y no vender en el momento adecuado, antes del pánico bursátil durante la crisis económica de 1929.

Hace dos semanas, escribí sobre las criptomonedas, su definición como un activo digital de reserva de valor. Durante ese periodo, la más famosa, el bitcóin, ha subido de precio de $10.500 a $16.500 en el momento en que escribo este artículo. Es decir, una subida de 57% en quince días.

Para hacer el tema más impactante, a mediados de julio del 2010, el Bitcoin se valoraba en $0.06, es decir, que quien haya comprado en ese momento, jugando a la especulación, tuvo la fortuna de haberse visto recompensado por 275.000 veces.

Este crecimiento exponencial del bitcóin ha levantado la euforia de tirios y troyanos en el mundo a tal nivel que inexpertos en una materia sofisticada, están invirtiendo sumas importantes de dinero fiat (del latín hágase) en este activo, con la esperanza, dicen algunos, que seguirá subiendo hasta alcanzar los $40.000.

No existe economista, modelo matemático o estadístico que pueda confirmar si esa predicción se dará con precisión y para cuál momento. Si lo existiese, sería en este momento el multimillonario más rico del mundo.

Como dijo recientemente el CEO de Credit Suisse, Tidjane Thiam: "la única razón para comprar o vender bitcoines es hacer dinero fácil, que es la verdadera definición de especulación y burbuja financiera".

No creo que ese sea solo el motivo, pues conozco gente pensante que ha comprado este activo por sus condiciones de seguridad, innovación, atractivo tecnológico, descentralización, desintermediación, pero no con el ánimo de especular con su precio, aunque sin quererlo teóricamente tienen ahora varios miles más de valor. Me alegro por su buena fortuna.

Bien hizo el Banco Central recientemente en emitir un comunicado oficial, en donde no tipifica como ilegales estas transacciones, pero advierte al público que quien compre en estos mercados, lo hacen por cuenta y riesgo propios, pues son activos que no tienen respaldo por la mayoría de los bancos centrales del mundo.