Gustavo Arias Retana, Patricia Recio. 1 febrero

(Video) Entrevista con Lucha Zapata, abuela de joven víctima de feminicidio

—¿Usted es la abuelita de Fiorella?

—Sí, ¿qué pasa con mi Fiorella?

—Es que Fiorella se pegó un balazo y se mató.

Era miércoles al mediodía, cuando Lucha Zapata recibió una llamada que aún sigue sin entender. Al otro lado de la línea dos mujeres le informaban que su nieta Fiorella Venegas Soto, de 16 años, se había suicidado.

Zapata apuntó la dirección de la vivienda de un joven que no conocía, que ninguno de sus familiares conocía y salió hacia San Antonio del Tejar de Alajuela, a unos 7 kilómetros de su casa, ubicada en el barrio Caro Quintero, en Río Segundo.

Cuando llegó al sitio, junto a la madre de Fiorella, encontró a la joven tirada en la acera, frente a una residencia. Paramédicos de la Cruz Roja la atendían.

“Me partió el alma ver a mi chiquita ahí tirada. Dije: ‘Dios dámele vida, Fiorella resista’, yo le hablaba a mi chiquita. Cuando ya me le estaba dando la Cruz Roja respiración vi un hombre bañado en sangre y yo le dije: ‘a mi chiquita ustedes la mataron porque ella no se ha matado sola, ella no se mató’”, recordó la abuela.

La autopsia preliminar le daría la razón a Zapata, la escena no se trataba de un suicidio. Por el contrario, todo indica que el hombre ensangrentado, de apellido Madrigal y de 22 años, le habría disparado a la joven en su casa, luego la sacó a la acera y dijo que ella se había intentado suicidar.

El sujeto incluso le confesó a doña Lucha que tiró el arma en la parte trasera de su vivienda, donde ocurrieron los hechos.

Se sospecha que Venegas llegó allí tras salir del colegio, mientras hacía tiempo para encontrarse con su mamá, con quien había acordado ir a comprar ropa al centro de Alajuela.

Todavía le dije: ‘¿Dónde está el arma? Fiorella no tiene ningún arma’. Y él me dijo: ‘no, el arma la agarré y la volé al otro lado’. Y le digo: ‘sabe qué, esto lo van a pagar, Fiorella no merecía esto , contó Zapata.

El sospechoso, hoy en prisión preventiva , en apariencia era “novio” de la menor.

La joven murió dos días después, el 16 de noviembre de 2018, tras permanecer internada en el Hospital México.

Fotografía: José Cordero.
Fotografía: José Cordero.
19 víctimas en seis años

En un inicio, el caso de Venegas no trascendió en los medios de comunicación, ya que se manejó como un intento de suicidio. Sin embargo, el de Fiorella fue el feminicidio número 21, de un total de 24 que hubo el año pasado.

Además, fue la primera menor de edad que perdió la vida por su condición de género durante ese año.

Tres semanas después, otras dos menores también fallecieron por la misma causa.

Según datos del Observatorio de Género del Poder Judicial y los anuarios judiciales del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), de enero de 2013 a diciembre de 2018 se presentaron 145 feminicidios, de los cuales 19 fueron de mujeres de menos de 18 años, es decir, el 13%.

En esa cifra se incluye a menores de edad que murieron víctimas de sus parejas, a las hijas que fueron asesinadas junto a sus madres por el feminicida y a aquellas niñas que fallecieron tras una violación o por maltrato.

El refugio de su familia

La madre de Fiorella está sentada en el corredor y mira fijamente hacia afuera, hacia el vacío, su padre en el patio y su hermano Fabricio, de siete años, está en el suelo, junto a la puerta. En una esquina de la sala de la casa hay un altar con fotos de la joven y una Biblia.

La única que habla es Lucha Zapata y con cada palabra sobre Fiorella estremece al resto de la familia, que escucha en silencio.

En esa casa se crió su “muñequita”, en el barrio Caro Quintero, un caserío levantado en un terreno donde el narcotraficante mexicano y fundador del cartel de Guadalajara, Rafael “Caro” Quintero, tenía una antigua mansión y fue detenido en 1985.

Fotografía: José Cordero.
Fotografía: José Cordero.

Esa vivienda es también el refugio de toda la familia desde el día que ocurrió la tragedia. Los padres de la menor no soportan estar en el hogar en que vivían con la joven, a pocos metros de la casa de su abuela.

Doña Lucha recuerda que Fiorella subía todos los días la pequeña pendiente que separa las dos viviendas para despedirse de ella antes de ir al colegio y al final del día pasaba para darle las “buenas noches”. Muchos fines de semana se quedaba a dormir con ella.

Más que una nieta, a ella la quería como a una hija. Ella era única en mi vida, una niña cariñosa, muy alegre y humilde , describe Zapata entre lágrimas.

Según sus familiares, Fiorella era muy dedicada a los estudios y decidida a cumplir sus sueños. Uno de los últimos que logró fue ingresar a tocar violín en un programa de la Casa de la Cultura de Alajuela. Días antes de su muerte tuvo una de sus primeras presentaciones.

También deseaba graduarse de secundaria en 2019 y estudiar medicina forense en la universidad.

Sobre la supuesta relación con Madrigal, doña Lucha piensa que la inocencia y sencillez de su nieta pudieron haber sido aprovechadas por el presunto asesino para “enredarla”.

Nunca en la vida había sabido nada de esa gente, ni de ese tipo, ni nunca le conocimos un novio, más bien nosotros hablábamos con Fiorella. Yo le decía: ‘mi amor vea ya usted tiene 16 añitos y si a usted le gusta algún chiquillo, que es normal en la adolescencia, tráigalo a la casa para conocerlo, para ver quién es, o sea toda la confianza’. Pero ella decía: ‘no abuela, para qué novios, abuela yo quiero estudiar , repite Zapata mientras ve una y otra vez las fotos de su nieta.

Decir que los días posteriores a la muerte de Fiorella son duros para su familia sería minimizar el impacto que tuvo la tragedia. El fallecimiento de la joven dejó a todos destrozados, sabiendo que nada volverá a ser igual y con la única esperanza de que pronto se haga justicia.

“Estas fechas que pasaron ya no hubo Navidad para nosotros, yo me quedé aquí a las 12 de la noche esperando a que mi chiquita viniera a darme el ‘feliz año’, pero es imposible, a veces yo espero que ella llegue, hablo con mi hija y es duro aceptar que ella ya no va a volver, es muy duro porque ni este, ni en todos los años que van a venir, Fiorella va a venir más”, resume.

El 2014 y el 2015 fueron los años en que más se presentaron feminicidios de menores de edad, con cuatro casos cada año.

Sobre las edades de las víctimas, de los 0 a los 5 años se presentaron cuatro casos y de los 6 a los 10, tres. Mientras que de los 11 a los 15 y de los 16 a los 17, se registraron seis en cada rango.

La provincia en que se reportaron más casos fue Alajuela con cinco y la de menos Cartago, donde no se presentó ningún feminicidio de menor de edad, entre 2013 y 2018.

Fotografía: José Cordero.
Fotografía: José Cordero.
Los detonantes

El presunto asesino de Fiorella y con quien al parecer tenía una relación, era seis años mayor que ella.

Esa condición se repite en la mayoría de casos de feminicidios perpetrados en donde la víctima es menor de edad.

De ahí que las llamadas “relaciones impropias” (castigadas con penas de cárcel en el país desde enero de 2017) y la violencia intrafamiliar, sean los principales detonantes de estas tragedias.

Ana Hidalgo, coordinadora del Área de Violencia de Género del Instituto Nacional de las Mujeres (Inamu), explicó que las disparidades cognitivas y económicas, propias de las “relaciones impropias”, son factores predominantes en este tipo de casos.

“Las chicas pueden estar, algunas de ellas, creyendo que están en una relación de enamoramiento y no tienen instrumentos cognitivos, emocionales, ni psicológicos para discernir lo que es correcto o incorrecto en una relación, por consiguiente no pueden determinar si lo que están viviendo es una situación de violencia.

“Además, los niveles de dependencia económica y material son más grandes, porque muchas de estas muchachas que están en una relación impropia, no tienen recursos propios”, dijo Hidalgo.

De los 19 feminicidios de menores de edad registrados entre 2013 y 2018, cinco fueron cometidos por parejas o novios de las víctimas, mientras que en ocho de los casos el asesino fue el padre o padrastro.

En tres de los casos, las madres de las niñas también fueron asesinadas durante el hecho violento.

Cuatro de las menores perdieron la vida siendo tan solo bebés de un año o menos a causa de lo que se conoce como síndrome de niño agredido o sacudido.

Esas víctimas son incluidas dentro de la estadística de feminicidios, pues la Convención Belem do Pará, en la que se ampara el país para registrar los feminicidios ampliados (aquellos que no contempla la Ley de Penalización de Violencia contra la Mujer), establece como feminicidio todos aquellos casos que ocurrieron dentro de la familia o en cualquier relación, cuando el agresor comparte el domicilio o en casos de violación, maltrato o abuso sexual.

Otros cuatro crímenes fueron perpetrados por desconocidos y en uno de ellos el asesino era conocido de la familia, mientras que a otra de las víctimas la mató su cuñado.

“Hay un riesgo concreto de que cuando el feminicida ataque, ataque también a los niños (...). Tal vez en Costa Rica no lo hemos visto, pero en otros países los hombres primero matan a los niños porque saben que esa es la forma más directa de hacerle daño a las mujeres.

“Otros factores de riesgo que hay para las menores de edad es cuando un hijo trata de defender a su madre y en ese contexto muere”, declaró Hidalgo.

La violencia sexual es también un delito que en oportunidades termina convirtiéndose en un feminicidio.

“La otra parte tiene que ver con la exposición a la violencia sexual, que en nuestro país es uno de los problemas más graves contra las niñas menores de 13 años. En todos los casos de un delito de violación hay un riesgo acrecentado de que esta violencia pueda terminar en una muerte temprana”, añadió la funcionaria del Inamu.

De los casos contabilizados, en seis la víctima también sufrió abuso sexual.