Alejandra Vargas M.. 25 diciembre, 2014

Es verdad, son casi 800 calorías por cada uno... ¡pero es que saben a la Navidad en casa!

Con estas palabras, los costarricense que viven en el extranjero reconocieron que su pecado navideño usual es sucumbir a la tentación de preparar o encargar tamalitos, para comerlos ojalá con un cafecito chorreado o incluso un rompope.

En entrevistas con La Nación , coincidieron en que el tradicional platillo envuelto en hojas de plátano los traslada de inmediato al sitio dónde nacieron, así como les trae memorias de la Nochebuena de la infancia, con sus regalos y villancicos.

El publicista Javier Arias vive en Holanda. Él decidió hacerse sus propios tamales y hasta consiguió hojas de plátano, en un mercado asiático.

Para estas fechas cuenta que acostumbra pasear por ese país, disfrutando de los llamados mercados de Navidad, que consisten en quioscos similares, usualmente en madera, donde se ofrecen comidas típicas de la época, adornos navideños y posibles regalos. “Es común visitar estos mercados para tomarse un glühwein (vino caliente) y comer alguna comida local”, manifestó Arias.

También en Holanda, la pareja compuesta por Hortensia Solís y Roberto Jiménez asegura que su festejo ya es más una mezcla cultural.

“Para esta celebración nosotros estamos combinando las tradiciones de Costa Rica (portal, cena navideña) con reunirnos con la familia por Skype y aquí, con familias holandesas”.

Menos ‘suertudos’. No todos tienen la misma suerte. Para algunos ticos, la lejanía y las diferencias culturales obligan a una dieta exenta de masa, pero que ofrecen otras cosas.

“En Corea, la Navidad es bastante diferente. Como es una tradición importada, nadie se reúne en familia, todo el mundo el 24 sale en parejas y reservan en restaurantes, cines o van a patinar. Es casi más como otro San Valentín. En mi caso, como aquí hay muy poquitos ticos y muchos se fueron para Costa Rica u otros países, lo voy a celebrar en una cena con colombianos, que han sido como mi grupo más cercano”, relató a La Nación , Diego Ureña, quien es estudiante de Administración Deportiva en la Universidad Nacional de Seúl.

“Acá, en realidad es muy comercial y como no todo el mundo es cristiano, no se tiene ese ambiente de Costa Rica”, agregó.

El ambiente también es particular en Barcelona, España.

Según Alfredo Aguilar y María Induni, quienes cursan el posgrado en la Universidad Pompeu Fabra, durante estas vacaciones de invierno los dos aprovechan para visitar las ferias navideñas de la ciudad y conocer más sobre las tradiciones catalanas.

“En estas ferias se ofrecen desde árboles de Navidad, muérdago, figuras para el pesebre, hasta otras más propias de las tradiciones en Cataluña; son muy concurridas. La música y cánticos navideños, así como las múltiples expresiones de arte que enriquecen y caracterizan la ciudad, acompañan el frío pero agradable clima de este diciembre”, detalló, con entusiasmo, Induni.