Irene Rodríguez.   7 julio
Las aglomeraciones de personas debido a la necesidad de trabajar, el poco distanciamiento físico y la falta de respuesta para rastreo de contactos impulsan el pico. Fotografía: Rafael Pacheco

En las últimas dos semanas, los costarricenses han visto elevarse los reportes diarios de casos de covid-19: ya no son los mismos 30 o 40 que se oían hace dos meses; ahora van de 200 e incluso a 300 por día.

Para los especialistas del Centro Centroamericano de Población (CCP), de la Universidad de Costa Rica (UCR), cada persona enferma estaría contagiando hoy hasta cinco veces más de lo que una llegaba a infectar en abril y a principios de mayo.

Mientras en abril un contaminado transmitía el virus a 0,4 personas, al cerrar junio escaló a 1,97. Es decir, cada enfermo se lo pasa a casi dos personas, en promedio.

En América Latina, Paraguay cerró ese mes con una tasa de contagio de 2,1 y le sigue Costa Rica en segundo lugar.

Más abajo están El Salvador, Argentina, Honduras, Colombia, Ecuador y Guatemala. En el otro extremo, es decir, con tasa más baja de transmisión, están Cuba, Chile, Perú y Puerto Rico.

Nicaragua y Venezuela fueron excluidas de la lista “debido a que sus datos no son creíbles”, dice el estudio del CCP.

Para comparar la posición de Costa Rica, se puede tomar como referencia al estado de Florida (Estados Unidos), que llegó a una tasa de contagio de 1,7.

“Es importante subrayar que la tasa R (tasa de reproducción del virus) no es un indicador apropiado del grado de severidad de la pandemia. Únicamente indica su potencial de proliferación. Para cuantificar la severidad de la pandemia conviene usar un indicador de la mortalidad”, agrega el CCP.

“Este, la tasa de contagio, es un indicador clave de cómo se mueve el virus en una población, no es el único, pero sí uno al que debemos prestarle atención a la hora de tomar decisiones”, subrayó el demógrafo y salubrista público Luis Rosero Bixby, quien también es investigador del CCP.

Según los números del CCP, Costa Rica pasó de tener una de las tasas más bajas de América Latina, en abril y principios de mayo, a tener, en junio, números que la ubican dentro de los primeros tres lugares de la región.

“El número comenzó a subir después de Semana Santa, y desde el 20 de mayo subió más. Luego llegamos al pico de países de América Latina con más altas tasas de contagio”, después de Paraguay, afirmó el demógrafo.

“En Paraguay pasó algo muy interesante. Venían muy bien pero hubo brotes en prisiones y esto les disparó el contagio. Ya están trabajando en ello. Hay otros lugares que compiten con Costa Rica, como Florida, al que incluí en el análisis por tener una población latina muy grande. Ellos también tienen una tasa similar a la nuestra. También Honduras ha estado en competencia por este lugar, El Salvador y Guatemala vienen subiendo, pero están tomando medidas”, declaró Rosero.

Advirtió que ya Costa Rica, con ese 1,97, alcanzó una velocidad de contagio muy alta. Esto es malo, sí, pero también hay buenas noticias: no ha subido de forma abrupta en las últimas semanas y podemos bajar el número si se toman medidas.

“Una tasa de reproducción ya de más de 3 podría ser catastrófica y por dicha no hemos llegado a tanto. Por eso hay que tratar de bajarlo, sí se puede; Chile lo logró con medidas de mayor confinamiento”, dijo Rosero.

En cuanto al factor de la severidad del virus, Costa Rica más bien se ubica como el país con la letalidad más baja, por debajo de 0,4%. Este indicador mide cuántas personas mueren por el virus. Aún con los 23 fallecidos, este número es el más bajo de la región.

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Rápida velocidad de infección

Lo ideal para mantener el control sobre la enfermedad es que esta tasa de contagio se mantenga por debajo de 1. Pero al 29 de junio Costa Rica registraba 1,97.

Para el CCP “esto es muy grave” porque “significa un potencial de duplicación cada 7 días en la cantidad de personas infectadas”. Y a ello, Rosero agregó: “Tal vez un poquito más”.

¿Cómo bajar la tasa de contagio? El mensaje de Rosero y de Guiselle Guzmán, jefa del Área de Salud Colectiva de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), es claro: esta tasa de contagio puede bajarse, pero requiere del trabajo no solo de quienes diseñan las políticas públicas de salud, sino también de toda la ciudadanía.

“En Chile se logró. Se hizo la llamada ‘operación Santiago’ y se logró bajar, pero deben tomarse medidas más rigurosas”, afirmó Rosero.

Dentro de las estrategias de la operación Santiago se pusieron zonas en cuarentena y cordones sanitarios en algunas zonas de alto contagio y de alto riesgo.

“La cuarentena se materializa en la obligación de las personas sujetas a la medida de no salir de sus domicilios habituales por el lapso que la autoridad disponga”, indica el Ministerio de Salud de Chile en su sitio web.

“El cordón sanitario prohíbe el ingreso y salida de determinados territorios. No obstante, la población que reside en esas localidades puede salir de sus domicilios y trasladarse dentro de la comuna (si no se ha establecido cuarentena en esa zona)”, añade la página de Internet.

Para Rosero, no es un “copiar-pegar” las medidas de otros países ni hacerlas por tiempos indefinidos: es adaptarlas a cada población.

“Debe afinarse el disparo, no ser uniforme, ser según el riesgo”, puntualizó.

En este sentido, deben tomarse medidas más específicas para cantones donde se demuestre no solo más casos activos, sino también una tasa de contagio mayor, especialmente si se ha perdido la trazabilidad de los nexos.

En este sentido, Pavas, Desamparados, Alajuelita ya han sido puestas como áreas de atención prioritaria para las autoridades de salud.

“Quédese en su casa todo lo que pueda, especialmente si usted tiene factores de riesgo (adulto mayor, hipertensión, diabetes, obesidad), pero si debe salir mantenga en la medida de lo posible, distancia con los demás, use mascarilla y lávese bien las manos”, destacó Rosero.

¿Por qué sube este número?

La tasa de contagio se controló en marzo y abril. “En ese entonces encontrábamos que, al hacerle pruebas a sospechosos, uno de cada diez salía positivo. Un nivel apropiado para mantener bajo control la epidemia en ese momento”, afirmó Luis Roxero.

Sin embargo, eso comenzó a cambiar después de Semana Santa, cuando comenzó a subir.

“El número de descartados por cada positivo, comenzó a caer y a caer y a caer. Tres descartes por cada positivo (cerca del 25%). Ya ahora estamos casi desbordados. Ahora estamos a dos descartes por cada positivo (se han dado días del 34%)”, manifestó el demógrafo.

“En Cuba y Uruguay ha sido más fácil, ellos han hecho más pruebas porque pudieron crear las propias. Aquí todavía no las tenemos, pero sí tienen números mucho mejores”, agregó.

De acuerdo con Guiselle Guzmán, el porcentaje de pruebas positivas también aumenta porque en las últimas semanas se ha ido a buscar activamente casos en zonas donde ya se sabía que había mayor riesgo de encontrar casos.

“Sí estamos buscando en la boca del lobo, en lugares donde se sabe que la transmisión es mayor, como cuando se hizo en las empacadoras o cultivos en la zona norte, era más esperable un número mayor positivo”, destacó.

A esto se une que se han dejado de hacer pruebas en poblaciones donde la positividad era muy baja, como en la de los costarricenses que regresaban del extranjero, cuya positividad era menor al 3%.

La Nación consultó al Ministerio de Salud y la respuesta la dio por escrito. “Existen diferentes factores que inciden en la positividad registrada diariamente. Las estrategias de vigilancia implementadas, especialmente en zonas de riesgo u operativos específicos pueden incrementar el índice de positividad registrado cada día”.

Para Rosero esto implica no solo que faltan más pruebas, sino también más personas que hagan seguimiento y rastreo de contactos.

A esto se le une el anuncio de Salud de que en las últimas semanas no se le ha logrado encontrar el nexo al 65% de los casos, con lo cual se declaró la transmisión comunitaria en la Gran Área Metropolitana (GAM).

“¿Falta equipo humano? Se requiere un ejército. Ahorita hay que meter todo en el asador del rastreo y testeo. Contratar más gente, decenas de rastreadores. Se están librando batallas en Pavas, Alajuelita, Desamparados. Pero no deben olvidarse otras áreas”, dijo el demógrafo.

Este rastreo a contactos es realizado por inspectores de Vigilancia de la Salud, epidemiólogos, asistentes técnicos de atención primaria en salud (ataps) médicos de familia. Sin embargo, no se obtuvo respuesta de cuántas personas trabajan en este rastreo.

“Aunque el mensaje ha sido de no quebrar esa burbuja, y no hacer ni asistir a fiestas, también hubo una época en la que las personas sintieron que el riesgo estaba en la zona norte, en las fronteras, en Guanacaste, al sentir el riesgo lejano se relajaron las medidas y comenzaron las reuniones, y esto ya ha traído consecuencias”, evidenció Rosero.

El ver casos y muertes en el Valle Central podría hacer que la percepción de riesgo cambie en algunas personas, pero esto no es seguro, según el especialista.

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