18 julio, 2010

Un satélite debería recorrer alrededor de un millón de kilómetros para darle la vuelta al Sol, pero, en algunas escuelas primarias, varios estudiantes pueden observar sus manchas y erupciones de cerca con solo tocar el mouse de una computadora.

Eso es posible gracias al programa educativo Ciencia Aventura, que provee de una computadora personal a cada estudiante en siete centros educativos del país con el fin de promover el aprendizaje de la ciencia y la motivación por el conocimiento científico mediante la literatura y la tecnología.

Este programa se enmarca en el proyecto Alianza por la Educación, que integran la Fundación Omar Dengo (FOD), Intel Educar y Microsoft Research.

De acuerdo con Ana Virginia Quesada, directora del Área de Cognición, Creatividad y Medios Digitales de la FOD, como producto de esta alianza se desarrolló un programa pedagógico que incluye diversos pasos para, en esta primera etapa, dar a jóvenes de centros educativos públicos la posibilidad de aprender temas relacionados con el espacio.

“La enseñanza parte del libro El dragón del espacio, que escribió la periodista científica Ángela Posada Awafford”, mencionó Quesada. “Se hizo el contacto con ella y, tras tener su aprobación, desarrollamos un programa que involucra la lectura de ese libro y el uso del software especial World Wide Telescope para explorar el universo”, añadió.

Hasta este momento, más de 200 estudiantes de tres escuelas y cuatro colegios participan en el programa, entre ellos la Escuela 11 de Abril de Alajuela y el Liceo Enrique Guier de Cachí.

Viajeros sin salir del aula. El programa Ciencia Aventura se compone de dos partes fundamentales. En la primera se desarrolla la lectura del libro, cuya historia presenta las aventuras de varios niños en el descubrimiento de la Estación Espacial Internacional (ISS). Aunque es de ciencia ficción, el texto se basa en muchos aspectos reales, como el personaje de Franklin Chang.

“Al leer el libro, los niños pueden aprender sobre la exploración espacial con robots, los métodos de propulsión en el espacio, y en general la astrobiología y la fisión nuclear”, comentó la autora.

En esta primera parte, los maestros marcan la pauta de actividades de sus clases. Por ejemplo, en la Escuela Rincón Grande de Pavas, los niños se interesaron por el tema particular de la basura espacial, y le pidieron a su “niña”, Marlene Zúñiga, que hicieran cohetes espaciales con material de reciclaje, como hojas, papel de construcción y latas viejas.

La segunda parte se centra en el uso del software con la ayuda de un cuadernillo-guía. De acuerdo con Pedro Villagra, del programa Intel Educar, este software permite a los estudiantes hacer viajes espaciales al destino que se propongan.

“Se trata de que, al final del curso, cada uno de los niños haga la bitácora de su propio viaje. Podrán usar su fantasía para insertar música y locuciones, pero básicamente deberán relatar un viaje hacia algún lugar del espacio”, indicó.

Cálculos como la distancia de un lugar a otro y el tiempo-luz que se emplearía en llegar son algunos aspectos que los niños deberán tomar en cuenta en su exploración.