Irene Rodríguez. 14 junio
Según los especialistas estar viudas o divorciadas no implica que las mujeres no tienen vida sexual cuando son adultas mayores, por lo que igual se les debe asesorar en métodos para prevenir infecciones de transmisión sexual. Fotografía: Shutterstock
Según los especialistas estar viudas o divorciadas no implica que las mujeres no tienen vida sexual cuando son adultas mayores, por lo que igual se les debe asesorar en métodos para prevenir infecciones de transmisión sexual. Fotografía: Shutterstock

Vancouver, Canadá. Antes de ser la coordinadora global del la Coalición para la Prevención del VIH y directora de la dirección de África de Salud para la Mujer de la OMS, Sheila Tlou ejerció como ginecóloga en su natal Botsuana.

Allí, recibió en su consultorio a una mujer de 52 años que traía una orden expresa firmada por su médico de cabecera. La indicación era muy clara para ella como ginecóloga “darle terapia de reemplazo hormonal porque ya estaba con síntomas de menopausia”.

Tlou no dudó de la indicación del médico general. Sin embargo, cuatro meses después, recibió una visita de esa misma mujer, quien para entonces ya tenía 53 años, quien le dijo: “doctora, esta menopausia se está moviendo dentro de mi vientre”.

Las risas estallaron en el audiotorio cuando Tlou narró la anécdota, pero el asunto va más allá: cuando la especialista comenzó a preguntar a sus colegas por qué ellos no preguntan sobre la vida sexual y posible embarazo después de los 50 años, se percató que muchos de ellos ven las relaciones sexuales a esas edades como algo esporádico.

“Es como si te dijeran ‘cuando dejás de producir bebés ya no sirves para nuestras estadísticas, entonces los servicios de salud sexual y reproductiva no son para vos'”, destacó la panelista, quien recordó que en esta etapa de la vida también ocurren enfermedades de transmisión sexual e infecciones.

Este suceso fue el arranque del panel dedicado a la sexualidad de la mujer adulta y adulta mayor durante la conferencia Women Deliver, que se celebró recientemente en Vancouver Canadá. Este evento del cual La Nación fue parte, dio a conocer las más recientes investigaciones y activimos sociales en temas de mujer y género.

Poco después de dicha anécdota vinieron unas aún más fuertes: “una mujer de 72 años llegó a mi consulta y pidió una prueba contra VIH. Se la hice dudosa, y me llevé la sorpresa de que salió positiva”, señaló la médico canadiense Rosalynd Baslt, quien se encontraba en el público y pidió la palabra.

Costa Rica no escapa de este tipo de situaciones. Datos del Ministerio de Salud señalan que entre 2002 y 2017, 46 ticas fueron diagnosticadas con VIH. Incluso, ocho de ellas tenían mas de 75 años cuando recibieron la noticia. Durante el año pasado, el virus se detectó en seis adultas mayores.

Durante 2018 también se detectaron 30 casos de gonorrea en adultas mayores costarricenses, tres de ellos en mayores de 75 años. También se contabilizan 56 casos de sífilis en ticas mayores de 65 años, 24 de ellos en mayores de 75 años.

Investigar en medio del tabú

Sharron Hinchliff, psicóloga clínica e investigadora de la Universidad de Sheffield, Reino Unido, lleva más de una década estudiando la sexualidad en las personas mayores de 65 años y es enfática en que la sexualidad en estas edades sigue siendo sumamente activa. Sin embargo, como eso lo olvidan los sistemas de salud, el bienestar de esta población podría ponerse en riesgo.

“El deseo sexual no decrece. Sí, decrecen las fuerzas físicas, la vitalidad no es la misma, la vagina se reseca, pero el deseo no se va. Mientras haya vida, hay deseo, hay ganas”, destacó la especialista durante su participación en el panel.

Y añadió: “no podemos perder de vista que (para los hombres) existen medicamentos para la disfunción eréctil, y que permiten disfrutar más y más tiempo del acto sexual. Y no solo eso, ¿quién dice que las adultas mayores tienen solo parejas de su edad? ¿quién dice que no tienen como compañeros sexuales a hombres mucho más jóvenes y ‘con todo en su lugar’? ¿quién dice que sus compañeros son hombres?, pueden ser mujeres que no se preocupan por problemas de erección”.

Hinchcliff dijo que cada una de sus conversaciones con personas mayores le ha dejado claro que disfrutan de la sexualidad, pero que tienen muchos vacíos de información y que, cuando acuden al médico, muy difícilmente se aborda el tema de su vida sexual.

“Hay personas viudas o divorciadas que pasaron mucho tiempo solas, que llevaban años sin vida sexual y de un pronto a otro se encuentran en pareja y quieren vivir a plenitud, pero también necesitan el acompañamiento”, señaló la investigadora.

Tlou complementó: “y no solo servicios de medicina o ginecología, también de salud mental y emocional, muchas pueden tener culpas de tener sexo a esas edades. Y hay que hacerles ver que no hay culpa, que es parte de la vida, pero debe llevarse responsablemente”.

Salud integral, desde el vientre hasta la tumba
La edad no es limitante en el deseo sexual, por lo que la consejería en esta área no debe de eliminarse de los programas de atención para adultos mayores. Fotografía: Shutterstock
La edad no es limitante en el deseo sexual, por lo que la consejería en esta área no debe de eliminarse de los programas de atención para adultos mayores. Fotografía: Shutterstock

Muluba Habanyama, de la Coalición Interagencia en Sida y Desarrollo, indicó que la salud sexual es parte de la salud integral, y, como tal, debe ser abordada en los servicios de salud sin importar la edad.

“No importa la edad que tenga la persona que usted como médico tenga enfrente,. Pregúntele por su vida sexual. Puede sonrojarse, puede esquivar las preguntas, pero es necesario que se hable por el bien de las personas”, aseveró la experta.

“Si nos referimos a adultas mayores, el tema puede cambiar, enfrentan el doble tabú de ser mujeres y de ser mayores, poblaciones en las que en muchas culturas no les es permitido expresarse libremente sobre el placer sexual o sus dudas”, agregó.

Una de las participantes de la audiencia agregó: “también debemos estar preparadas para que ellas hablen aún cuando no nos imaginemos que vayan a hacerlo y eso nos tome ‘desubicadas’. Recuerdo que mi abuela, ya después de sus 70 años, me dijo que sus mejores experiencias sexuales las había tenido después de los 50 años, que no habían sido con mi abuelo y que, aún viuda, seguía teniendo una vida sexual muy activa. Yo confieso que no supe ni cómo responder al momento, pero me encantó saber que aún disfruta esa parte de la vida y quisiera compartirlo”.

Habanyama concluyó diciendo que la atención en salud sexual, tanto la médica, como la que acordemos como sociedad, no solo puede enfocarse en el coito, si no también en ver que la sexualidad sigue comprendiendo el sexo oral, las caricias y que, en caso de las mujeres que están sin pareja, el deseo no acaba y la masturbación puede ser algo muy usual.