Irene Rodríguez.   21 agosto
La OMS considera que usted puede seguir consumiendo el agua de tubo sin preocuparse por microplásticos, pero sí debe cerciorarse de que sea potable. Fotografía: Marvin Caravaca

Los microplásticos sí están en el agua: hay en el mar, en lagos, en ríos, en el líquido que sale cada vez que abrimos el tubo e incluso en el agua embotellada. Sin embargo, no existe evidencia científica de que estas partículas afecten en algún modo la salud humana.

Así lo señala el primer reporte científico sobre las consecuencias de los microplásticos para la salud de las personas, lanzado la noche de este miércoles por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para llegar a estas conclusiones y hacer recomendaciones, los especialistas de este ente internacional analizaron 52 estudios sobre microplásticos en aguas.

“Sabemos que estamos ingiriendo los microplásticos, pero no en tanta cantidad como una vez imaginamos. El riesgo para nuestra salud es bajo, según los informes que hemos revisado, no es lo suficiente como para afectarnos”, recalcó Bruce Gordon, coordinador de Agua, Saneamiento e Higiene del Departamento de Salud Pública Ambiente y Determinantes Sociales de la OMS, durante la conferencia de prensa para presentar el análisis.

Y añadió: “con lo que sabemos podemos asegurarles a los consumidores que el riesgo al tomar agua es bajo. Hay otras formas de contaminación que causan daños reales a la salud y por eso es que debe potabilizarse el agua. De momento, los microplásticos no son una de ellas”.

De acuerdo con el especialista, quien también coordinó este informe, los investigadores crearon el “peor escenario posible" con base en los límites máximos para los seres humanos de ciertos químicos presentes en los microplásticos. De acuerdo con las concentraciones observadas, no hay posible que se ingiera una cantidad suficiente como para poder ser considerada riesgosa.

“Tenemos todo un colchón de protección mucho mayor al que nos imaginamos”, puntualizó.

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Microplástico: más allá de una partícula diminuta

Uno de los principales problemas de este análisis es que aún no hay un consenso de qué es un microplástico y que no lo es. ¿A partir de que tamaño se deja de considerar que es “micro”? Según el documento, no hay una definición científica concreta.

Los investigadores tomaron la definición de decir que un microplástico es una partícula de plástico menor a cinco milímetros de longitud, y un nanoplástico cuando mide menos de un micrómetro. Un micrómetro o micra es la milésima parte de un milímetro, o la millonésima parte de un metro.

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Según el reporte, los micróplásticos en este líquido vital nos llegan a través de diferentes medios. Por ejemplo, mediante la lluvia que se acumula en los cuerpos de agua, a través de desechos de inodoros, lavabos e industrias, que luego van a dar a ríos, acuíferos, lagos, etcétera; restos de plásticos que van siendo degradados e incluso microplásticos que estaban en la atmósfera y luego son depositados en fuentes de agua.

Las botellas y tapas plásticas también pueden “soltar” microplásticos al líquido que está dentro de estos recipientes.

Dentro de las investigaciones analizadas, se encontraron entre 0 y 1.000 partículas por litro en los cuerpos de agua como lagos, mares y ríos. En los nueve estudios que analizaron aguas de tubería y aguas embotelladas (las más consumidas por el ser humano), se encontraron de cero a 10.000 partículas por litro. Las partículas en los cuerpos de agua fueron más grandes que las vistas en agua embotellada y de tubo.

Los investigadores analizaron tres tipos de posibles formas de riesgo que podrían significar los microplásticos en la salud de una población:

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“Buscamos responder varias preguntas al estudiar estos tipos de riesgos, por ejemplo, ¿las partículas de microplásticos en sí mismas, pueden diseminarse por el cuerpo humano y sus órganos?, ¿los químicos aditivos podrían significar algún tipo de afectación?, ¿en qué niveles deben estar para causar efectos?, ¿las bacterias o parásitos que se adhieren, realmente son dañinos para la salud humana?”, puntualizó Gordon.

El especialista explicó que hay dos componentes de un riesgo: la partícula en sí misma, cuán tóxica es, y, por otro lado, la dosis, es decir, la concentración de partículas de microplástico que pueda haber, por ejemplo, en un vaso con agua. En este momento ninguna de las dos situaciones representa un peligro.

Para Jennifer de France, oficial técnica de Agua, Saneamiento e Higiene del Departamento de Salud Pública Ambiente y Determinantes Sociales de la OMS y una de las investigadoras, las autoridades locales y nacionales de salud deben fijarse en otro tipo de cosas para asegurarse que el agua que consumen sus habitantes se realmente potable.

“No les estamos pidiendo a las personas que dan este servicio público que prioricen la remoción de microplásticos, hay otras medidas más importantes. Por ejemplo, los procesos para asegurar que las aguas estén libres de materia fecal, virus o bacterias o parásitos contaminantes que ya han sido probados como dañinos para la salud. Dada la evidencia hasta el momento, no recomendamos que se monitoreen los microplásticos”, subrayó de France.

¿Por qué no hay afectación?

Los investigadores son enfáticos en que este análisis se centró específicamente en la salud humana y no exploró posibles afectaciones en la salud de otros seres vivos.

El tamaño de las partículas, la baja concentración de estas, los tratamientos de potabilización y hasta el que muchas bacterias mueran en contacto con el agua son algunas de las posibilidades.

En resumen:

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“El solo hecho de que la potabilización de agua para consumo humano ya filtre el 90% de los microplásticos y el que podamos excretar en heces mucho de lo restante, baja muchísimo el riesgo”, enfatizó de France.

Además, la afectación vista en animales no necesariamente aplica para seres humanos. Por ejemplo, para que se afectara el hígado humano al punto de lo que se notaba en los estudios en ratas y ratones, tendría que haber unas diez veces la concentración de microplásticos.

A pesar de todo esto, el biólogo costarricense Álvaro Morales, investigador del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar) de la Universidad de Costa Rica (UCR) sí cree que se debe analizar el impacto acumulativo que podrían tener estas partículas a largo plazo.

“Debe estudiarse qué pasará dentro de varios años. A corto plazo es posible que esto no afecte, ¿pero qué pasa si en el cuerpo se acumulan durante años los microplásticos? O puede que no haya. Debe estudiarse también, buscar formas de medirlo a largo plazo”, comentó Morales.

Los científicos son claros en que, independientemente de los riesgos para la salud, debemos mantenernos vigilantes con el consumo del plástico.

“La contaminación por plástico es un riesgo real para el ambiente. De todas formas debemos limitar al máximo los plásticos de un solo uso, reutilizar todo lo posible los implementos de plástico que ya tenemos y reciclar. Los daños que causa el plástico al medio ambiente son reales”, destacó de France.

¿Cuán confiables son los estudios analizados?

Este es un tema nuevo de estudio, el grueso de estas investigaciones datan del 2017 y el 2018.

Las autoridades reconocen que son muy pocos los estudios que hablan acerca de agua para consumo humano y que se requiere investigar mucho más a fondo. Por ejemplo, de los 52 estudios solo nueve hablaban directamente de agua de tubo o agua embotellada, las más consumidas por las personas.

Los restantes reportes se enfocaban a estudiar cuerpos como mares, lagos, ríos y otras fuentes de agua fresca.

Además, no existen de momento estudios sobre ingesta de microplástico en humanos.

Como si fuera poco, el documento cita: “el comisionado de la OMS concluyó que la mayoría de estos estudios no pueden respaldarse porque su metodología carece de suficiente control de calidad, por ende deben interpretarse con cautela”.

Por esta misma razón, las autoridades urgieron por mayor investigación con rigurosidad.

“Basados en la información que tenemos hasta el momento, los microplásticos no parecen tener algún riesgo para la salud de las personas, pero necesitamos urgentemente más investigaciones sobre el impacto de estos en nuestra salud, porque están por todos lados”, indicó en conferencia de prensa María Neira, directora del Departamento de Salud Pública, Ambiente y Determinantes Sociales de la Salud de la OMS.

La OMS anuncia que continuará investigando el tema. Un reporte futuro caracterizará la exposición total de microplásticos en el ambiente, incluidos los del aire y sus posibles afectaciones humanas.

Estudios en Costa Rica

En nuestro país no hay publicaciones de estudios en microplásticos de agua de consumo humano, pero sí existen esfuerzos para medir estas partículas en fuentes de agua.

En el 2015, un estudio de la organización Conservación Internacional evidenció que en 12 playas nacionales hay microplásticos que se confunden con granos de arena.

En febrero pasado, una investigación de la UCR señaló que existen microplásticos en peces que los costarricenses consumen, como la sardina gallera.

Morales comentó que en este momento se está en fase de monitoreo y análisis de resultados de una investigación desarrollada en playas del Atlántico y Pacífico. El objetivo es analizar la presencia, distribución y caracterización de los microplásticos.

Esta es parte de una investigación mayor que se realiza en 14 países latinoamericanos, con financiamiento de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) y fondos nacionales de la Vicerrectoría de Investigación de la UCR.