Irene Rodríguez. 6 noviembre, 2020
El uso de mascarillas en sitios públicos y la toma de temperatura antes de ingresar a lugares cerrados son parte de las medidas que se toman para evitar la transmisión de la covid-19. Imagen con fines ilustrativos. Fotografía: Daniel Leal-Olivas /APF
El uso de mascarillas en sitios públicos y la toma de temperatura antes de ingresar a lugares cerrados son parte de las medidas que se toman para evitar la transmisión de la covid-19. Imagen con fines ilustrativos. Fotografía: Daniel Leal-Olivas /APF

“En América Latina todavía estamos en una primera ola muy prolongada, más prolongada que la vista en Europa y Estados Unidos. Es lenta. Pero debemos aprender de lo vivido en estos países para evitar que sus embates sean mayores”.

Las palabras de Jabas Barbosa, subdirector de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), apuntan a un comportamiento distinto del ritmo de la covid-19 entre América Latina y el resto de países del mundo, pero también reconoce que habrá (al menos) una segunda ola, pero que esta no necesariamente será como la que están viviendo en este momento en el viejo continente.

En nuestro caso, a diferencia de países europeos que subieron a su pico en cuestión de un mes o dos y luego bajaron y volvieron a subir, es distinto en América Latina, donde, salvo algunas excepciones, se tomó de dos a cuatro meses para llegar al pico y el descenso apenas está comenzando.

“Todavía estamos en la parte más alta de esta primera ola de la que vamos saliendo de una forma muy lenta, más lento en unos países que en otros”, manifestó Marcos Espinal, director de enfermedades transmisibles de la OPS.

Sin embargo, sí puede tomarse la información de lo que Europa vive para no cometer algunos errores.

“La segunda ola que algunos países como Francia, Italia, España están experimentando no es más grave, no es más severa que la primera ola”, recalcó el jerarca.

Por eso mismo se debe tener cautela al hacer comparaciones, tanto en tiempo entre una ola y otra como en los sitios geográficos.

“En la comparación hay que tener cuidado porque, la capacidad de diagnóstico en la primera ola era muy limitada, prácticamente solo se confirmaban los casos graves. Hoy, con mejor diagnóstico, el número de casos es mayor, pero, también, se está viendo que el número de muertes es menor, y es porque ahora sabemos atender mejor”, destacó el especialista.

Para el jerarca esto ha permitido también identificar brotes, rastrear contactos y contener posibles nuevas infecciones.

“Mientras el virus esté circulando, siempre se pueden tener más casos, debemos controlar para que se den la menor cantidad posible”, señaló Barbosa.

Aprender de lo vivido en otras latitudes

Marcos Espinal señaló que evitar una segunda ola en la región es muy difícil, pero sí puede evitarse que esta tenga un pico muy alto o muy prolongado.

“No podemos hablar de picos insostenibles, por que cada país es diferente, y hay países que han aplanado esa curva y la han sostenido. No hay que bajar la guardia para no ver un segundo pico. No es que vamos a tener cero casos, porque la enfermedad no va a borrarse de forma abrupta, pero sí podemos mantenerla estable, para que los sistemas hospitalarios puedan tratar sus casos graves sin colapsar”, enfatizó.

El jerarca indica que sí es posible mantener esto, pero cada nación debe conocer bien su situación para, con base en ella, dictar medidas de control sin paralizar el país y que se pueda continuar con la actividad económica, aunque sea en una menor medida.

“Si los países mantienen ese balance, esas medidas, pueden mantener esa curva aplanada, pero necesitan la acción y la responsabilidad de los ciudadanos”, subrayó el especialista en enfermedades transmisibles.

“Ser paciente con las medidas, mantener el distanciamiento, uso de mascarilla, el lavado de manos constante y a conciencia, evitar fiestas grandes de grupo y el evitar espacios cerrados o reuniones de mucha duración. Puede ser cansado, pero esto hará que una segunda ola no sea tan violenta”, añadió.

En Costa Rica

Lo dicho por la OPS coincide con lo visto en Costa Rica. El pasado 31 de octubre, La Nación incluyó la opinión de tres especialistas en epidemiología, salud pública y demografía. Los tres coinciden en que alcanzamos el pico de la ola, pero que este tiene forma de meseta y se está bajando de forma muy lenta.

“La baja es muy, muy, pobre. Yo diría que, en términos generales, estamos estancados. Estamos ‘aplanados’ desde hace mes y medio, en promedio, tenemos números muy similares de casos. Estamos en la parte más alta de la ola, un surfista sería feliz ahí tiene cresta para seguirle tirando”, ejemplificó en dicha entrevista Juan José Romero, coordinación de la maestría en Epidemiología de la Universidad Nacional (UNA).

Ronald Evans, epidemiológo e investigador de la Universidad Hispanoamericana es de la misma opinión: “Estamos experimentando picos y llanuras, pero de una forma muy leve. Puede decirse; sin embargo, no con certeza, pero con cierto nivel de seguridad, que ya tocamos techo. Como se esperaba, fuimos de los últimos países de la región en llegar a él, pero llegamos y comenzamos un descenso muy paulatino”.

A los especialistas nacionales les preocupa que el agotamiento de las personas y la llegada de la época festiva en diciembre vaya a afectar esta baja.

Para el demógrafo Luis Rosero, la clave es evitar las reuniones familiares.

“Una reunión de 10, 15 o 20 personas puede ser un foco de contagio. Debemos tener cuidado y mantener nuestras reuniones lo más pequeñas posibles”, sostuvo.

“Esto va para largo, es de tener paciencia. Las mascarillas nos acompañarán en el 2021, pero entre más se cumpla ahora más pronto podremos volver a las grandes reuniones, de momento, debemos mantenernos en pequeños grupos”, concluyó.