Irene Rodríguez. 12 octubre
Esta es la imagen del virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad covid-19. Ilustración: Universidad de Huddersfield
Esta es la imagen del virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad covid-19. Ilustración: Universidad de Huddersfield

“Nunca en la historia de la salud pública la inmunidad rebaño ha sido utilizada como estrategia para responder a una brote, aún menos a una pandemia. Es problemático desde el punto de vista científico y ético”.

Así, Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) arremetió contra las ideas de algunas personas de “dejar al virus circular y que la gente enferme” para así proteger a la mayor cantidad de la población.

El jerarca recordó que la forma de alcanzarla debe ser a través de la vacunación, y que, la llamada “inmunidad rebaño natural” puede ser perjudicial.

“Dejar a la covid-19 circular libremente significa permitir infecciones, sufrimiento y muertes innecesarias. Aunque las personas personas con factores de riesgo tienen más posibilidades de complicaciones y muertes, no son los únicos en riesgo. Ha fallecido gente de todas las edades y condiciones de salud”, puntualizó el Adhanom Ghebreyesus.

Esta fue una de las estrategias a las que Suecia le apuntó en un inicio, pero con sus variantes: en este país se buscó proteger y dejar en cuarentena a las personas de riesgo y permitir la libre circulación de personas sin factores de riesgo para que pudieran infectarse, recuperarse y generar inmunidad.

Entender la inmunidad

¿Cómo “trabaja” la inmunidad rebaño? En pocas palabras, gran cantidad de personas (el rebaño) están inmnunizadas contra un virus y estas protegen a quienes no están inmunizadas.

Hay dos formas de adquirirla: vacunas y la llamada inmunidad natural. Como aún no tenemos una vacuna, hay quienes se centran en la inmunidad natural.

Funciona así: cuando un virus completamente nuevo llega a una población (en este caso, el SARS-CoV-2, causante de la covid-19), ninguna persona tendrá defensas contra dicho patógeno. Conforme las personas comienzan a enfermar y entrar en contacto con este, van generando anticuerpos contra el virus, de manera que, si vuelven a entrar en contacto con él, el sistema inmunitario lo reconoce y no enferma (o lo hace de forma mucho más leve). Estas personas tampoco podrían enfermar a alguien.

En determinado momento, tantas personas estarán con anticuerpos contra el virus que la circulación de este sería menos activa, por lo que esto protegería a la población que no ha estado expuesta.

Pero esto no es tan fácil. Para lograrlo se requiere que una gran proporción de gente haya estado expuesta al virus. Algunos estudios hablan de 60%, otros de 70%, otros de 80%.

“Lo que sabemos a hoy, con los primeros datos de los primeros estudios, es que este puede variar, pero, en general, la inmunidad se ve en cerca del 10% de las poblaciones generales, algunas que han estado expuestas más al virus, como trabajadores de salud en primera línea de atención puede subir al 20% o 25%”, destacó Maria Van Kerkhove, jefa técnica de covid-19 para la OMS.

Mike Ryan, jefe de Atención de Emergencias de la OMS, complementa: “lo que podemos decir es que en este momento como planeta, como población global, no tenemos el nivel de inmunidad necesario para detener la enfermedad. Necesitamos enfocarnos en lo que sí podemos hacer para controlar la transmisión, casi no sabemos nada de la enfermedad, pero no podemos verla como tabla de salvación, en este momento no es una solución y no es la opción que deberíamos buscar”.

Para Adhanom Ghebreyesus no puede comenzarse a discutir la inmunidad rebaño sin una vacuna que le llegue a la mayoría de la población: “la inmunidad rebaño para el sarampión requiere que el 95% de una población se vacuna. El restante 5% se protege por el hecho de que el sarampión no se esparce gracias a quienes están vacunados”.

Sistema inmunitario clave

Muchas de las claves para saber si en algún momento se alcanzará la tan ansiada inmunidad rebaño, las tenemos dentro de nuestro sistema de defensas.

Cada vez que nos enfermamos y nos exponemos a un virus, bacteria, hongo o parásito, nuestro cuerpo genera una forma de reconocerlo posteriormente. A esto se le llama memoria inmunitaria o inmunidad natural.

Mientras el organismo combatió la infección, generó células de defensa y sustancias llamadas anticuerpos que no mueren con la enfermedad. En algunas padecimientos (como por ejemplo, el sarampión) esta inmunidad natural se mantiene de por vida.

En otras enfermedades no es así, y los anticuerpos y células de defensa se mantienen durante cierto periodo y por eso es que sí volvemos a enfermar (o que necesitamos un refuerzo de vacunación cada cierto tiempo, como sucede con la vacuna contra el tétanos).

“Lo que estamos aprendiendo en este momento sobre covid-19 es cuán fuerte es esa respuesta o cuánto durará, no tenemos un cuadro completo aún”, señaló Van Kerkhove.

Las tres razones para no apostar por ‘el rebaño’

La OMS da tres razones para no considerar que la inmunidad rebaño natural es un camino válido.

1- Vacíos en conocimiento de la inmunidad. Se desconoce aún la respuesta inmunitaria de las personas, no solo en cuanto fuerza o a duración. Una de las mayores preocupaciones es que aún no se sabe si hay diferencias entre las personas y si hay perfiles de personas que desarrollan más o menos inmunidad.

Los 22 casos de reinfección documentada hasta el momento son parte de las claves para entender esta dinámica.

2- Cantidad de susceptibles. Aun si la respuesta inmunitaria fuera fuerte y los anticuerpos se mantuvieran, y solo se dieran casos muy raros de reinfección en años, esto no se obtiene tan fácil. Con tan poca cantidad de población contagiada hasta el momento se necesitarían varios años para llegar a una protección mayor.

3- Efectos a largo plazo. Apenas se están comenzando a conocer los primeros casos de personas que, meses después de decirse recuperados, siguen con síntomas o daños neurológicos, en el corazón o en el sistema respiratorio. Esto se conoce como long covid (o “covid largo”) o long haulers, y se ve entre el 5% y el 10% de las personas, especialmente en quienes han pasado por un hospital.

“Dejar correr libre a un virus que no entendemos del todo es simplemente antiético. No es una opción”, concluyó Adhanom Ghebreyesus.