Irene Rodríguez.   10 septiembre
Muchos suicidios o intentos de autoeliminación se ven en personas con depresión o en quienes ya han perdido la esperanza por vivir. Imagen de archivo con fines ilustrativos.

Es un problema real. Cada año, 800.000 seres humanos se quitan la vida en el mundo; una persona cada 40 segundos. A esto se le deben sumar que por cada suicidio consumado hay al menos cuatro intentos de autoeliminación.

Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con motivo del Día Mundial de Prevención del Suicidio, que se celebra este 10 de setiembre son preocupantes. Por esta razón, la autoridad mundial sacó este lunes la Guía de Prevención del Suicidio para las Comunidades.

De acuerdo con este documento intervenciones oportunas y de bajo costo en las comunidades pueden tener un impacto en la reducción de las tasas de suicidio.

“Factores sociales, psicológicos, culturales y otro tipo pueden interactuar para llevar a una persona a presentar comportamiento suicida. El estigma que tiene el suicidio hace que muchos no busquen ayuda”, destacó –al presentar el informe– Shekhar Saxena, director del departamento de salud mental y abuso de sustancias de la OMS.

“Las comunidades pueden jugar un rol crítico en la prevención de estos casos. Pueden dar apoyo social a los individuos vulnerables y darles cuidados y seguimiento, combatir el estigma y dar soporte a esas personas que han pasado por ideas suicidas, intentos o cuyos familiares o allegados han muerto por esta causa. También pueden darle a sus habitantes esa sensación de pertenencia y de estar ‘conectados’ a un grupo de individuos. Además, las comunidades pueden implementar estrategias de prevención del suicidio específicas para su caso”, agregó.

Paso a paso

El documento es claro en que se requiere el apoyo de todos los vecinos, no solo de un grupo o de alguna institución. Si las comunidades se organizan será más fácil pensar en estrategias de prevención y acompañamiento a nivel nacional.

De acuerdo con la guía, el primer paso consiste en realizar un diagnóstico. Debe hacerse una preparación en la que primero se conozca la comunidad, se sepa su composición, se vean cuáles son los principales problemas. Que la gente sienta que hay lugares donde pueda llegar a hablar, pero también a tomar clases y cursos de diferentes cosas o simplemente a pasar el tiempo y colaborar con los vecinos.

Las personas del gobierno local o asociación comunal que quieran realizar esta política comunitaria de prevención del suicidio también deben identificar a esos líderes que hay en cada barrio o localidad, a esas personas que mueven ideas y que son respetadas por el pueblo. Ellos pueden ser claves en el desarrollo de un plan local.

También es bueno detectar si hay psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales u otros profesionales de ciencias de la salud o sociales que puedan apoyar con sus conocimientos.

Después de eso, se debe crear una estrategia para que las personas asistan a una primera reunión y organizarla. Ese encuentro es clave para detectar quiénes están interesados.

Asimismo, en esa reunión se debe poner manos a la obra y comenzar la creación del plan comunal. Mapear las acciones, hacer calendario de eventos, comprometer a la gente con el trabajo, son estrategias fundamentales.

Después, se debe identificar si hay medios de comunicación locales, hablar con ellos, explicarles cuáles son las mejores formas de cubrir eventos relacionados con la salud mental y pedirles que formen parte de la estrategia de prevención del suicidio.

Los planes deben ser constantemente monitoreados y evaluados en el proceso para medir el impacto y hacer los cambios y ajustes necesarios.

“No hay un plan específico para todos. Esto no es una receta de cocina, cada comunidad es diferente, por eso hay que conocerla, ver de qué adolece, saber cuáles son los puntos débiles, cuál es la población más vulnerable y trabajar sobre ello”, dijo a la prensa Louise Bradley, presidenta de la Comisión para la Salud Mental en Canadá, país pionero en el trabajo de prevención del suicidio desde las comunidades.

En Costa Rica

Datos de la OMS señalan que en Costa Rica la mortalidad por suicidio es de 7,9 fallecimientos por cada 100.000 habitantes. Está por debajo del promedio de las Américas, que se ubica en 9,8 muertes por 100.000 habitantes, y también por debajo del promedio mundial de 10,6 decesos por 100.000 habitantes. Sin embargo, se trata de más de 300 muertes evitables cada año y, según los expertos, hay que trabajar para disminuir los números.

Esta situación se da principalmente en hombres pues el 85,8% de quienes se quitan la vida son del sexo masculino. Sin embargo, son las mujeres quienes más lo intentan con un 59,2%.

“El suicidio es algo multifactorial. No es solo depresión o enfermedad mental, porque de ser así todos los depresivos o con trastornos mentales se quitarían la vida. No es búsqueda de venganza, es un problema social y debe abordarse del enfoque psicosocial”, señaló en una entrevista anterior la psicóloga Helga Arroyo, quien trabaja en la prevención del suicidio con jóvenes en Talamanca, Limón y la zona sur.

“El suicidio es un grito, no para acabar con mi vida si no para acabar con mi sufrimiento”, agregó.

¿Qué hacer desde nuestro metro cuadrado?

¿Qué podemos hacer nosotros si vemos que en nuestras comunidades no están organizadas en la prevención del suicidio? La OMS motiva a ir a hablar con los gobiernos locales y comunicar la inquietud, pero también ofrece varias recomendaciones que podemos tomar en cuenta si tenemos personas allegadas o si nosotros mismos tenemos ideaciones suicidas.

La OMS pide estar atento a estas señales en las personas que están a nuestro alrededor. Entre ellas: hablar de querer morir o de quitarse la vida, se despide de sus seres queridos, regala o vende sus posesiones y hace un testamento, dice frases en las que evidencia que podría tener un plan ‘si yo me matara, lo haría de esta forma’, o si usted observa lesiones en la piel de la persona. También debe estarse atento a cambios repentinos de conducta.

Si usted ve algo así en un familiar o amigo, la OMS recomienda preguntarle al individuo cómo se siente, dejarlo hablar, escucharlo y no juzgar. Anímelo a buscar ayuda profesional con un psicólogo o psiquiatra, ofrézcase a acompañarlo a una cita. No deje a esa persona sola y esté pendiente de ella.

También es bueno asegurarse de que la persona que acaba de tener un intento o ideación suicida no tenga acceso a medios de autolesión, como armas, objetos punzocortantes o medicamentos.

Si, en cambio, es usted quien ha perdido la esperanza por vivir y siente que tal vez quitarse la vida sea un alivio, recuerde que usted no está solo, que lo que experimenta lo puede sentir cualquier otra persona. Acérquese a gente de confianza para hablar de lo que siente. Busque ayuda profesional en psicología o psiquiatría, si piensa que no puede ir solo, pídale a un familiar o amigo que lo acompañe, al menos a su primera cita.

Busque ayuda: Si usted o alguna persona conocida ha considerado el suicidio, llame para asistencia al 9-1-1. Para niños, niñas y adolescentes está también disponible la línea 1147 y las adolescentes madres y sus familiares pueden recurrir al 800-2262626.