Irene Rodríguez. 29 agosto
El dispositivo se llama InterStim y ya fue colocado con muy buenos resultados en seis pacientes del Hospital del Trauma del INS.
El dispositivo se llama InterStim y ya fue colocado con muy buenos resultados en seis pacientes del Hospital del Trauma del INS.

Un Sábado Santo, en la noche, durante la popular “quema de Judas”, el policía Emmanuel Rojas utilizó su fuerza para ayudar a sus compañeros a detener a una persona que encabezaba los disturbios y ponía resistencia.

En su trabajo, estaba acostumbrado a realizar ese tipo de maniobras. Sin embargo, en ese momento, sucedió algo fuera del guion, pues sintió “un jalón” en la espalda como nunca antes lo había experimentado.

“A las pocas horas estaba en el San Juan de Dios pegando gritos del dolor. Ya el lunes me trasladaron al INS (al Hospital del Trauma del Instituto Nacional de Seguros, donde se atienden los accidentes de tránsito y laborales)”, enfatizó este hombre, quien sufrió todo esto en abril del 2012.

Aquella lesión no era cualquiera. Le dejó secuelas, pues tocó su médula espinal. Desde entonces, ir al baño se convirtió en una tortura para este hombre, que en aquel entonces tenía 33 años de edad.

“Ir al baño era lo peor. No podía orinar de pie, tenía que sentarme. Había que hacer mucho esfuerzo, debía pujar hasta ponerme rojo y la orina no salía. Sentía que ya no podía expulsar más, pero seguía con ganas de orinar. A veces me tenían que cateterizar en el hospital (poner una especie de sonda) para que saliera la orina”, recordó Rojas, quien ahora es estudiante de derecho.

Hoy, eso ya no le atormenta porque en el Hospital del Trauma le colocaron una especie de marcapasos que ayuda a las personas con lesiones en el cerebro o en vértebras a hacer sus necesidades y les evita daños futuros en los riñones.

El dispositivo se llama InterStim y ya fue colocado con muy buenos resultados en seis pacientes, incluyendo Rojas. Otros cuatro están siendo evaluados.

¿Cómo funciona y por qué es importante?

Antes de ahondar en la tecnología, es vital comprender qué tiene que ver una lesión en la médula espinal con problemas tan graves a la hora de ir al baño. En ese sentido, el urólogo Luis Fernando Esquivel explicó que esta zona es crucial para la comunicación entre el cerebro y la vejiga.

No obstante, al estar lesionada, la vejiga no sabe cómo actuar, por lo que es fácil que se acumule orina o más bien el individuo presente incontinencia (se pierde el control de esfínteres y el líquido sale).

“La micción (proceso de la orina) es uno de los procesos fisiológicos más importantes. Si esto no se facilita hay riesgo de que los riñones se dañen. El asunto es que el problema está en que no hay comunicación entre el cerebro y la vejiga y por esto la orina se acumula o cuesta muchísimo que salga. Hay pacientes que tienen que pujar, golpear la zona de la vejiga, y hombres que deben sentarse para orinar. Pero mientras tanto, los riñones funcionan sin problema y siguen produciendo orina. Si esto se mantiene por mucho tiempo estos órganos pueden sufrir tanto que se podría requerir un trasplante”, explicó el especialista.

Este tipo de trastornos no solo se da en casos como el de Rojas, también puede verse después de accidentes de tránsito u otro tipo de golpes violentos. Asimismo, algunas enfermedades provocan trastornos relacionados con la micción.

Según Esquivel, cerca del 60% de los pacientes que él atiende en el Hospital del Trauma son por trastornos de este tipo, dentro de los que se incluyen la incontinencia urinaria, dificultades para orinar y contracciones involuntarias de la vejiga.

Encontrar cómo ayudar a este tipo de pacientes es una de las tareas más importantes para los médicos que los atienden. No solo por el daño que esta situación le causa a la salud, sino porque la calidad de vida se ve disminuida.

En los casos más leves las personas pueden solucionar su problema con solo modificar estilos de vida, como tener horarios fijos para ir al baño, realizar ejercicios del piso pélvico o tomar algunas pastillas. Sin embargo, el Hospital del Trauma fue más allá y optaron por el InterStim.

“Funciona como un marcapasos que envía impulsos eléctricos a las raíces de los nervios. Los impulsos son continuos y entonces reestablece ese proceso de micción que estaba interrumpido”, explicó el especialista.

Proceso

Para emplear el dispositivo, primero el paciente es sometido a un período de prueba. Se trata de una primera cirugía para colocar unos electrodos en las raíces nerviosas y ver cómo funciona su comunicación con el cerebro. La persona recibe una especie de control remoto del tamaño de un celular que le permite regular la intensidad de la energía liberada por los electrodos.

Si al cabo de dos o tres semanas se ven mejorías, entonces se coloca el “marcapasos” definitivo en una nueva cirugía.

“Desde el primer día fue un cambio. Ya no siento ese dolor, ya no tengo que pujar, ya puedo orinar de pie. Uno hasta recobra la confianza”, destacó Rojas, quien desde el accidente tomó la decisión de estudiar Derecho para prepararse mejor y obtener en unos años un trabajo en el que deba usar menos su fuerza física.

No todas las personas son candidatas para este tipo de dispositivo. Por ejemplo, alguien que no tiene capacidad para orinar del todo o que no cuenta con reflejos para ejercer control, deberá buscar otras opciones.

Para saber si alguien califica, primero se le somete a un estudio de urodinamia, donde se ve cómo funciona la vejiga y su comunicación con el cerebro y cómo el paciente logra orinar, si consigue evacuar toda la orina o si se queda algo de líquido.

Posteriromente, se pasa a una evaluación de fisiatría (especialidad en rehabilitación) y a otra evaluación psicológica.

En la evaluación de fisiatría se clasifica la lesión, se localiza, se mide y se ve si el afectado tiene los reflejos necesarios para orinar. En la evaluación psicológica, por su parte, se ve primero si el paciente no está en una fase depresiva –pues la parte emocional debe manejarse primero– y luego comprobar que no tenga problemas de adicción.

Una vez que se les coloca el dispositivo, las personas logran hacer vida completamente normal durante aproximadamente cinco años, período en el que puede acabar la vida útil de la batería y, por lo tanto, esta deberá cambiarse.

“El cambio de mi vida fue completo. Qué dicha que más personas van a seguirse beneficiando con esto y sin tener que pagar por él si no por solo por el seguro de riesgos del trabajo", concluyó Rojas.