Irene Rodríguez. 20 agosto
Francesco Tonucci es psicopedagogo y su pasión es el estudio para mejorar las condiciones de vida en la niñez. Él promueve en el mundo la transformación de las ciudades con la participación y perspectiva de los niños. Según él, si una ciudad es buena para ellos, será buena para cualquier persona. Fotografía José Cordero
Francesco Tonucci es psicopedagogo y su pasión es el estudio para mejorar las condiciones de vida en la niñez. Él promueve en el mundo la transformación de las ciudades con la participación y perspectiva de los niños. Según él, si una ciudad es buena para ellos, será buena para cualquier persona. Fotografía José Cordero

Se hace llamar “niñólogo” porque precisamente ha dedicado décadas de su vida a estudiar esta etapa. Francesco Tonucci es psicopedagogo e ilustrador y su trabajo está destinado a promover la creación de ciudades amigables para los niños.

El experto estuvo en Costa Rica hace unos días para participar de la I Conferencia Internacional “La Ciudad de las Niñas y los Niños Costa Rica”.

Durante este evento, el país firmó su ingreso a la red Latinoamericana del proyecto Ciudad de los Niños. Actualmente 200 ciudades de Italia, España y América, son parte de esta iniciativa.

La tesis de Tonucci es que si una ciudad es buena para los niños, lo será para cualquier otra persona. El gran problema, a su juicio, es que pareciera que los adultos encargados de diseñar y construir las ciudades se olvidaron de cuando eran niños y las necesidades y deseos que tuvieron en esa época y, por lo tanto, no toman en cuenta a estas poblaciones.

La Nación conversó con él durante su visita. Este es un extracto de sus reflexiones.

--¿Cómo comenzó a trabajar en el tema de ciudades amigables con la niñez?

Hay una base coherente con mi trabajo anterior en temas educativos (es psicopedagogo). Siempre he estado trabajando de cerca con la niñez.

“Los niños son competentes y merecen ser protagonistas. Ello no deben ser destinatarios del mensaje adulto, si no protagonistas de su desarrollo, que ellos puedan construir su aprendizaje con base en lo que ya saben y a lo que van experimentando”.

--¿Y cómo terminó involucrado en el diseño de ciudades?

Un elemento que me motivó a hacer mi propuesta a la alcaldía de la ciudad donde vivo fue la reflexión de un tema que me preocupa mucho: la soledad de los niños.

"Los niños de la década de 1990, mis hijos, crecían alrededor de niños solos. La soledad en la infancia era grande en esa época tenía varias características.

"Por ejemplo, muchos menores no tenían compañía en su propia casa porque eran hijos únicos.

"Además, no podían salir solos porque ambos padres trabajaban y le tenían miedo al ambiente urbano y a lo que les podía pasar a sus hijos.

"La ciudad se transformó en un bosque moderno. Los niños desaparecieron del vecindario, ya no jugaban en las calles.

“Ocurrió un cambio: el bosque, que antes era visto como un lugar peligroso por los lobos y otros animales salvajes, se transformó en el lugar para conectar con la naturaleza, pero la ciudad se convirtió en ese bosque con lobos de otro tipo”.

--¿Cómo fue esa propuesta?

Había dos posibilidades. Una era que los padres cuidaran y protegieran más a sus hijos. Algo que comenzó a suceder, pero de otra forma, con productos preparados para que los menores se quedaran dentro de casa; la televisión, los videojuegos.

"La otra posibilidad era verlo como un tema político. Los niños son solos porque no pueden salir de casa. Había que generar propuestas para darle la ciudad a los niños y que estos pudieran tenerla como su espacio para su crecimiento y desarrollo.

“Los parques infantiles tienen siempre los mismos toboganes, las mismas hamacas, los mismos sube y baja. Un niño podrá estará feliz un día, pero al día siguiente regresará a repetir lo que ya hizo, eso frena su proceso creativo”

"Lo más importante a estas edades es el juego, hay que diseñar ciudades que motiven al juego. Se construyen conocimientos con el juego.

"¿Pero qué pasa? Los parques infantiles tienen siempre los mismos toboganes, las mismas hamacas, los mismos sube y baja. Un niño podrá estará feliz un día, pero al día siguiente regresará a repetir lo que ya hizo, eso frena su proceso creativo. ¿Por qué? Porque eso no es jugar, jugar es, cabalmente, inventar un juego, ponerse de acuerdo con otros.

"También debemos construir ciudades que escuchen a los niños. Que ellos tengan derecho a expresar su opinión cada vez que se tomen decisiones que los afecten. Y que esa opinión sea tomada en cuenta.

“Se debe promover un cambio profundo, real, urbanístico con los niños como parámetro”.

--¿Qué le hace falta a las ciudades para ser amigables con la niñez?

El problema viene desde hace mucho tiempo. Cuando se reconstruyeron las ciudades después de la Segunda Guerra Mundial esas reconstrucciones se hicieron a la medida de un tipo específico de ciudadano: un varón adulto trabajador. Las ciudades se reconstruyeron según esas necesidades. Y las siguientes nuevas ciudades se construyeron según esas necesidades.

“Las personas con discapacidad, los niños y los adultos mayores no fueron tomados en cuenta. Así es difícil que vayan a apropiarse de los espacios urbanos y puedan usarlos para su desarrollo”.

--Usted ya lleva unos días en Costa Rica, específicamente en San José, ¿la considera una ciudad amigable para otras poblaciones?

Sois una ciudad como cualquier otra. Hay un tráfico muy fuerte. Hemos estado muchos minutos en un tráfico muy fuerte tratando de llegar a otro lugar.

“Cuando se reconstruyeron las ciudades después de la Segunda Guerra Mundial esas reconstrucciones se hicieron a la medida de un tipo específico de ciudadano: un varón adulto trabajador”.

"¿Sabes cuál es el problema? Que la ciudad, las ciudades en general en los últimos años, están hechas más a la medida de los carros que a la medida de las personas.

"Ahora los vehículos tienen más derecho que las personas: derecho a contaminar, derecho a hacer ruido. Todo eso es inadmisible para las personas.

“No hay un remedio si no luchamos contra los derechos que las ciudades le han dado a los carros”.

--¿Qué ejemplos han logrado ciudades para volverse más amigables?

Cada ciudad tiene su propia estrategia, su hoja de ruta, pero sí pueden tomarse ejemplos que han sido exitosos.

"Digamos, en Pontevedra (España) se ha cambiado el diseño urbano. Las aceras se hicieron más anchas para permitir el paso de la gente. Se le volvió a dar la prioridad al peatón. Y esto también hizo que más niños salieran.

"Hay quienes dicen que no dejan a los niños salir porque piensan que la calle es peligrosa. Yo digo que es todo lo contrario: la calle se vuelve peligrosa porque no hay niños.

"En Pésaro (Italia) se trabaja sobre la autonomía de los niños. Se les puso a caminar en grupo, sin compañía de adultos hacia la escuela. No todos participaron, había otros a quienes su padres prefirieron seguir llevando o enviándolos en auto.

“¿Era peligroso que caminaran? La policía midió los datos de accidentes en ambos grupos entre 2000 y 2008. En el grupo de quienes caminaban no hubo un solo accidente, en el grupo de quienes iban en auto hubo nueve. Es cierto, nueve en ocho años es una cifra muy baja, pero se demostró que no era inseguro que los niños caminaran a la escuela y de regreso a casa, de hecho, era más seguro que ir en auto”.

--¿Qué más debemos hacer por nuestros niños como sociedad?

Los niños necesitan autonomía para crecer de manera correcta. No podemos encerrarlos. La mayoría de los accidentes en esas edades no ocurren en los espacios urbanos, ocurren dentro de casa o en el carro de uno de sus padres.

"Otra cosa que está mal: los niños ya no tienen tiempo libre. Pasan toda la mañana en la escuela y después tienen tareas. Las tareas deberían hacerse en clase.

"Por otra parte, los padres están evaluando de forma incorrecta las capacidades de sus hijos, no confían en ellos. Hay padres que dicen ‘mi hijo no puede moverse’, ¡como si no fuera capaz!

“Tomemos en cuenta su ritmo. A los niños les interesa el camino, las aventuras que viven para llegar a un lugar, por eso se detienen a recoger piedras, por eso se quedan viendo escaparates de tiendas. Nosotros como adultos estamos en el ajetreo y olvidamos de disfrutar del camino porque nos concentramos en llegar a un lugar, para el niño, al llegar al lugar ya se acabó la diversión”.

“Otra cosa que está mal: los niños ya no tienen tiempo libre. Pasan toda la mañana en la escuela y después tienen tareas. Las tareas deberían hacerse en clase”.

--¿Qué responsabilidad les queda a los adultos que no tienen hijos en estas edades?

¡Muchísima! La ciudad es de todos y los niños son parte de esa ciudad y conviven con nosotros todo el tiempo.

"Los adultos son los referentes de los niños. Cada adulto que se encuentra un niño en la calle, en cualquier espacio público, puede hacer mucho por su bien o más bien todo lo contrario.

“Los adultos olvidamos demasiado la experiencia de ser niños. Parece que para llegar a ser adultos hay que olvidar la niñez, por eso escuchar a los menores es parte de mejorar la experiencia de la ciudad”.