Irene Rodríguez. 17 mayo
Las diez personas fallecidas por covid-19 en Costa Rica lo hicieron en un hospital de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Imagen con fines ilustrativos. Fotografía: Albert Marín
Las diez personas fallecidas por covid-19 en Costa Rica lo hicieron en un hospital de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Imagen con fines ilustrativos. Fotografía: Albert Marín

Hace una semana Costa Rica contabilizaba seis muertes por covid-19. Este sábado el total de fallecimientos ya suma 10. ¿Esto quiere decir algo en particular sobre el comportamiento de la enfermedad en nuestro país?

Para el epidemiólogo costarricense Ronald Evans, es normal que las personas sientan zozobra a la hora de ver más muertos de los que hemos visto en un período corto de tiempo. Sin embargo, el proceso de enfermedad que en algunas ocasiones desencadena en la muerte es mucho más complejo como para nada más contar casos y muertes.

“Yo en lo personal todavía no me preocupo. La tasa que teníamos era demasiado baja. Me duele como ser humano, pero desde el punto de vista sanitario, era de esperar que aumentara el número de muertes. A más casos, hay más posibilidad de más muertes. Si vemos más hospitalizados también, es posible que algunos de ellos terminen falleciendo”, destacó Evans.

Una enfermedad es algo dinámico y los porcentajes de muertes no son estáticos, esto puede variar según la dinámica de la enfermedad, especialmente cuando se trata de un virus completamente nuevo con una población totamente susceptible a su acción.

No es una simple operación matemática

Para la epidemióloga colombiana Zulma Cucunubá, quien brinda cursos de epidemiología para periodistas y otras profesiones desde que comenzó la pandemia, uno de los problemas al hablar de mortalidad o letalidad es que esta no debe tratarse como si fuera una simple operación matemática.

“El error recurrente es asumir, por ejemplo, que si en el reporte diario hay 10 casos de muertes por covid-19 y 100 infectados, entonces la letalidad es del 10%, y eso no es así”, aseveró la especialista en un seminario ofrecido por la Fundación Gabo.

“El principal motivo de este error es que hay un rezago entre el momento en el que se da la infección, la aparición de los síntomas, la prueba diagnóstica y su resultado, y la muerte. Esto tiene que ver con la naturaleza de las infecciones: las personas no se mueren apenas se contagian. Esto hace que la epidemia de las muertes vaya retrasada siempre con respecto a la evidencia de los casos”, añadió.

Evans coincide: “la enfermedad tiene una duración muy larga, la hospitalización también. Las personas que mueren, salvo ciertas excepciones, usualmente pasan por un proceso de 15 o 20 días o más antes de morir”.

Dado este retraso, si se divide el acumulado de casos de covid-19 entre el acumulado de muertes, el valor no corresponde en ningún momento a la realidad y se incurre en un sesgo al estimar la letalidad.

¿Entonces cómo calcular el impacto de las muertes? Primero debemos distinguir entre letalidad y mortalidad. La letalidad es la cantidad de muertes en relación con las personas enfermas, la mortalidad, por su parte, es la cantidad de muertes en relación con la población general de determinado lugar o país.

Si fuera así, nuestra tasa cruda de letalidad, con 853 casos y 10 muertes está este sábado en 1,17%. En otras palabras, de todos los enfermos ha muerto el 1,17%.

Por su parte, nuestra tasa cruda de mortalidad está en 2 por cada millón de habitantes. Es decir, por cada millón de ticos han muerto dos personas.

Para Cucunubá, la única forma de conocer la letalidad realmente es cuando la pandemia llega a su fin. Mientras tanto, se utilizan modelos matemáticos que buscan proyectar las situaciones.

Capacidad diagnóstica también pesa

Otra de las variables que debe tomarse en consideración para averiguar el impacto de la pandemia en las muertes es la capacidad diagnóstica de cada país, razón por la cual los datos al comparar porcentajes de muertes entre países no lleva a resultados certeros.

“En realidad, no sabemos cuántas personas han sido infectadas, porque no todos los países son diligentes con las pruebas. Tampoco sabemos cuántas personas se han recuperado. Debido a esas brechas de datos, no podemos calcular cuál es el riesgo real de muerte: la llamada tasa de letalidad”, destacó el epidemiólogo colombiano Julián Fernández Niño, en una conferencia sobre el tema.

Agregó: “si no sabes cuál es el recuento de casos, debido a fallas en las pruebas, no puedes saber cuál es el recuento de muertes, por la misma razón. Y es importante reconocer esos recuentos imprecisos. Llevar a números finales imperfectos”.

Ante esta situación, algunos países europeos están apostando por estudiar la sobremortalidad. Es decir, ver cuántas muertes de más se producen en una determinada fracción de tiempo, sin importar su causa, para así calcular el impacto del covid-19 y su letalidad.

Por ejemplo, según un cable de la agencia AFP, en Italia murieron oficialmente por la pandemia 12.428 personas entre el 20 de febrero y el 31 de marzo. Pero en esa época se contabilizaron 25.354 muertes más que en el promedio de los últimos cinco años para esa misma época.

¿Son esos 12.900 fallecidos de más realmente víctimas del virus pandémico? Es lo que se busca calcular.

Para Evans, es muy pronto para hacer eso en Costa Rica: “eso no va a hacer posible ahora, en algunos países sí lo es, pero en Costa Rica todavía llevamos muy poco tiempo con el virus y hay pocos casos y muertes, tal vez para finales de año pueda tenerse una estimación”.

En este momento, los especialistas coinciden en que el comportamiento del virus y la forma de atacar al cuerpo humano sigue siendo una sorpresa, por eso mismo, debe seguirse de cerca su acción.