AFP . 5 octubre
Esta foto de archivo tomada a inicios de 2018 muestra los tanques que albergan las aguas radiactivas de la planta nuclear de Fukushima en Japón. Fotografía: AFP
Esta foto de archivo tomada a inicios de 2018 muestra los tanques que albergan las aguas radiactivas de la planta nuclear de Fukushima en Japón. Fotografía: AFP

En el terreno de la devastada planta nuclear de Fukushima Daiichi, los operarios y el gobierno se enfrentan al calvario de no saber qué hacer con los tanques de agua contaminada de sustancias radiactivas desde el tsunami de 2011.

Más de un millón de toneladas de agua están almacenados en el complejo de la planta.

Bombear y filtrar una y otra vez, sin descanso, para eliminar todos los elementos radiactivos posibles de esta agua que baja de las montañas o llega del sistema de refrigeración. Así transcurren los días de los empleados de “ichi-efu” (1F), como se conoce a la central.

Un muro de hielo subterráneo y otras técnicas permitieron reducir a más de la mitad (a 150 toneladas) el volumen de agua contaminada a diario.

El hangar-fábrica donde funciona el sistema de descontaminación ALPS es “zona Y”, sinónimo de peligro: “los filtros de la maquinaria contienen radionucleidos, por eso aquí hay que protegerse mucho, al igual que en los edificios donde están los reactores”, explica Katsutoshi Oyama, a cargo de la gestión del riesgo en la Compañía Eléctrica de Tokio (Tepco).

El agua es una pesadilla: hay un millar de cubas de hasta 1.200 toneladas de capacidad cada una. Se hallan en el sitio que antes ocupaban los cerezos.

"Vamos a construir otras en el lugar hasta finales de 2020 y creemos que todas las cisternas estarán llenas hacia el verano de 2022", afirma Junichi Matsumoto, un alto cargo de Tepco encargado del desmantelamiento.

Bajo control
Un investigador de campo en la Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO) muestra las muestras de agua procesada en un laboratorio en Fukushima. Fotografía: Hitoshi Katanoda/ AFP
Un investigador de campo en la Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO) muestra las muestras de agua procesada en un laboratorio en Fukushima. Fotografía: Hitoshi Katanoda/ AFP

¿Qué se hará con toda esta agua? El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) es partidario de que, una vez filtrada correctamente, se diluya en el mar, pero por el momento no es posible porque, como reconoce Tepco, mucha todavía presenta índices elevados de elementos radiactivos peligrosos para la cadena alimentaria, como por ejemplo el estroncio 90.

"Las primeras generaciones del sistema ALPS no eran suficientemente eficaces", precisa un portavoz de Tepco.

Y aunque al cabo de varios pasos por los filtros de ALPS se eliminen unos sesenta radionucleidos siempre quedará uno, el tritio.

Este último está presente de forma natural en el medio ambiente. Y desde hace décadas de modo artificial porque "la industria nuclear (reactores, fábricas de tratamiento de combustible irradiado) lo expulsa de forma localizada", según el Instituto francés de Radioprotección y de Seguridad Nuclear (IRSN).

Al temor de ausencia de transparencia se añade el problema del volumen de agua tratada.

Durante una visita al lugar un periodista surcoreano recordó a Tepco que se vertió agua radiactiva en el mar justo después del accidente, “sin pedir la opinión de los países vecinos”.

"Exacto: en abril de 2011, en una situación de urgencia, evacuamos agua acumulada en las instalaciones sin informar a Corea del Sur ni a los demás, pero esta vez el Estado tiene la intención de preguntar a las regiones y países afectados", respondió Matsumoto.

La consulta

No se hará a corto plazo debido al elevado riesgo político a menos de un año de los Juegos Olímpicos de Tokio, conseguidos en parte porque el primer ministro Shinzo Abe afirmó que, respecto a la contaminación radiactiva marina, “la situación está bajo control”.

"Queremos estudiar cómo minimizar los daños provocados por la mala reputación de la región y de los productos de Fukushima", precisa un alto cargo del ministerio de Industria.

Los ecologistas se oponen tajantemente al vertido del agua en el océano. "Tepco debe invertir en tecnologías mejores", afirma Shaun Burnie, especialista en energía nuclear de Greenpeace.

Tepco hizo propuestas técnicas para suprimir el tritio pero las abandonó por motivos financieros.

"¿Echarlo al océano? Me opongo categóricamente", sostiene Kyoichi Kamiyama, director del departamento de radiactividad del Centro de Investigación de Pesca y el Entorno Marino de la prefectura de Fukushima.

Para Burnie la solución pasa por un almacenamiento a largo plazo acompañado de un tratamiento de purificación más eficaz.