Irene Rodríguez.   31 octubre
Las mascarillas son una de las medidas para minimizar el riesgo de contagio. Estas deben ir combinadas con otras acciones, como el lavado de manos y mantener la distancia de 1,8 metros con personas que no son de nuestro núcleo familiar. Fotografía: Rafael Pacheco

A finales de junio, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reveló las proyecciones del Instituto de Métricas y Evaluación para la Salud (IHME, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Washington sobre el comportamiento de la covid-19 para los países de la región.

Estas proyecciones indicaban que Costa Rica sería de los últimos países en llegar a la cima de la ola pandémica; lo haría en octubre y después de eso comenzaría a bajar.

Hoy, al finalizar el mes surgen las preguntas: ¿Se cumplió? ¿Cómo? ¿Qué sucederá ahora? ¿Por qué sentimos que llevamos meses de estar en un pico?

La Nación conversó con tres especialistas en Epidemiología y Salud Pública para trazar la dinámica de la enfermedad en el pais: Juan José Romero, coordinador de la Maestría en Epidemiología de la Universidad Nacional (UNA), Luis Rosero, demógrafo, salubrista público e investigador del Centro Centroamericano de Población de la Universidad de Costa Rica (CCP-UCR) y Ronald Evans, médico, epidemiólogo e investigador de la Universidad Hispanoamericana.

Los tres coinciden en algo: ya llegamos a la cresta de la ola, pero esta, a diferencia de una punta picuda, tiene características de meseta, y la bajada, lejos de parecer la de un tobogán o una montaña rusa, tiene un descenso muy lento, apenas perceptible. Y, si se descuidan las medidas para evitar o minimizar la transmisión, esto podría revertirse.

Este pico, dicen, se alcanzó antes de octubre.

“Llegamos a ese pico el 15 de setiembre, más o menos”, puntualizó Rosero.

“Ocurrió a un nivel en el que muchos otros países vecinos comenzaron a experimentar ese pico, cuando estaban cerca de los 250 casos por millón de habitantes. Lo que sucede en Costa Rica es que nos hemos quedado estancados. Podemos decir que se está dando una reducción de la tasa de contagio pero es muy, muy lenta, en la que a veces experimentamos subidas ligeras”, agregó.

“La baja es muy, muy, pobre. Yo diría que, en términos generales, estamos estancados. Estamos ‘aplanados’ desde hace mes y medio, en promedio, tenemos números muy similares de casos. Estamos en la parte más alta de la ola, un surfista sería feliz ahí tiene cresta para seguirle tirando”, ejemplificó Romero.

Evans es de la misma opinión: “estamos experimentando picos y llanuras, pero de una forma muy leve. Puede decirse, sin embargo, no con certeza, pero con cierto nivel de seguridad, que ya tocamos techo. Como se esperaba, fuimos de los últimos países de la región en llegar a él, pero llegamos y comenzamos un descenso muy paulatino”.

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Aparente estabilidad

Si se comparan los datos de casos reportados durante el mes de setiembre con los primeros 30 días de octubre se verá una reducción de casos de un 3,97%.

Esta baja se hace más evidente a partir del 11 de octubre, cuando se comienza a bajar un poco más, y, una semana después, la reducción fue del 6,2%. Con los datos que se tienen hasta hoy se prevé que esta semana cierre con un 8,4% de reducción en comparación con la anterior.

Sin embargo, para Romero esta es una aparente estabilidad, dado que no se hacen búsquedas activas de casos.

“Estamos viendo lo que está llegando a los servicios de salud. Muchas personas podrían no estar llegando”, recalcó.

“La situación social y económica influye. Si una persona estuvo cinco, seis meses sin trabajo y consigue una forma de ingresos y comienza a sentirse mal, es posible que, por miedo a perder el trabajo, o a no tener una incapacidad larga que le recorte sus ingresos. Esa persona podría empastillarse para bajarse la temperatura, y cuidarse al máximo para no contagiar, pero eventualmente sí podrían contagiar”, agregó.

Evans coincide: “en Costa Rica ya deberíamos andar por unos de 300.000 a 500.000 casos, nosotros solo vemos los que se reportan, pero en realidad hay muchísimos más”.

Los tres entrevistados coinciden en que el país debería realizar más pruebas y salir en la búsqueda de casos en lugar de atender los que llegan. Sin embargo, reconocen las limitaciones del sistema de salud.

El estar en un escenario de transmisión comunitaria activa también dificulta el rastreo de contactos.

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¿Segunda ola o la segunda fase de una primera ola?

El pasado 8 de junio, el ministro de Salud, Daniel Salas, expuso que estábamos ante una segunda ola de la pandemia.

Para los tres entrevistados esto no es así. Más bien se tuvo una primera fase en donde estuvimos muy pegados “al piso” y a mediados de año comenzó la verdadera ola, de la cual en este momento estamos en la cima.

“Creo en efecto, que no se trata de una segunda ola, sino más bien del punto culminante de la primera”, dijo Evans.

Romero añade: “hubo una primera fase en donde los casos fueron muy pocos y ahora es cuando realmente estamos en una ola. A diferencia de otros países, estamos manteniendo olas superlargas”.

Rosero es todavía más contundente: “en marzo y abril no hubo ola del todo. Fue un brote, no ola. Ola la estamos viviendo ahora. Es como cuando vamos al mar, las olas no se sienten en la orilla, pegados en la arena, se sienten más adentro, cuando las vemos subir”.

Eso sí, los tres entrevistados indican que, a como es normal en una pandemia, tendremos una segunda ola después de esta primera. Lo que no se puede determinar es su fuerza o agresividad.

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Cambios por regiones

Los especialistas consultados señalan que el virus también ha cambiado su dinámica y hay lugares en donde la transmisión más bien bajó por una especie de inmunidad rebaño que no sabemos por cuánto tiempo se mantenga.

En algunas regiones de algunos distritos muchas personas ya enfermaron y se recuperaron. Ya no pueden contagiar más y, por los próximos meses, tampoco se contagiaría, lo que baja la transmisión en la zona.

“Esto se está viendo en zonas como La Uruca o Pavas, donde el virus estuvo fuerte en meses pasados, aunque el contagio nunca se da de manera homogénea en todo el distrito, las interacciones humanas no son homogéneas”, dijo Rosero.

Romero precisa: “¿Qué ha pasado en 18 distritos de la Gran Área Metropolitana (GAM)? La cantidad de casos se redujo, en parte porque hay algo de inmunidad. Tal vez sea solo el 30% de la población del distrito expuesta a infección, pero es que también hay ‘bolsas de contactos’, las personas no andan por todo el distrito, usualmente conviven siempre con las mismas personas. Habrá zonas de Pavas donde ya hay una suerte de inmunidad de hato y otras zonas donde si acaso se han visto uno que otro caso en lo que va de la pandemia”.

Por otra parte, zonas donde antes no se había visto tanta proliferación del virus, como Puntarenas, Limón, o algunas partes de Guanacaste se muestran en mayor crecimiento, porque anteriormente no habían estado expuestas.

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Las buenas noticias: las hospitalizaciones

Dentro de lo bueno que señalan los entrevistados es que aun cuando ahora hay más libertades, las personas se han vuelto más laxas y se dan más permisos que antes no se daban, la cantidad de hospitalizaciones más bien registra una baja.

Este jueves, por ejemplo, se dieron los números de internamientos más bajos desde el 1. º de setiembre y las menores cifras de personas en cuidados intensivos desde el 3 de setiembre.

“Es una gran noticia. La morbi-mortalidad hospitalaria se ha vuelto mucho menor. Estamos viendo bajas tanto en sala como en UCI, esto puede responder al tipo de personas que se están enfermando y que resisten mejor el virus, pero también a que, luego de meses de enfrentarlo, los profesionales de la salud ya saben cómo enfrentar mejor los casos para que no se compliquen”, manifestó Evans.

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Preocupaciones: Navidad y fin de año

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A los especialistas consultados les preocupa, sin embargo, que esta tendencia a la baja se vea afectada por las próximas celebraciones de Navidad y fin de año. Especialmente porque son épocas en las que las personas están acostumbradas a reunirse varias veces al mes, con diferentes grupos de personas para compartir.

Esto comienza desde antes, cuando las personas salen a sitios públicos por la compra de regalos o decoraciones navideñas.

“La gente ya está harta de la dinámica en la que el virus la tiene”, señaló Romero.

Rosero agrega: “muy probablemente despuesito de Navidad se venga un rebrote, a menos que seamos muy cuidadosos, pero en esto debemos trabajar todos”.

Para los especialistas esto también se debe a que no percibimos la enfermedad como un riesgo, no somos conscientes de nuestras posibilidades de contagio y hasta se nos ha hecho normal escuchar de 15 a 20 muertes diarias.

“Hace un tiempo cada muerte implicaba ese dolor e impacto, ahora son de 15 a 20 y ya nos acostumbramos, y fueron muertes que podían evitarse”, señaló Romero.

Evans enfatiza en que de nuestra actitud depende cómo se vea el rebrote posterior a diciembre.

“No hay perspectivas de que esto vaya a cambiar a dos meses que faltan para Navidad. Vamos a seguir sin vacuna, sin cura definitiva y sin tratamiento específico. Tendremos las mismas armas que tenemos ahora: lavado de manos, distanciamiento, mascarillas”, destacó el epidemiólogo.

“No podemos pretender pasar una Navidad como la de hace unos años, al menos no en el nivel de grandes fiestas. Esto nos puede salir muy caro. No puede ni debe ser una opción”, añadió.

Rosero opina igual: “la clave es evitar las reuniones familiares. Una reunión de 10, 15 o 20 personas puede ser un foco de contagio. Debemos tener cuidado y mantener nuestras reuniones lo más pequeñas posibles”.

“Esto va para largo, es de tener paciencia. Las mascarillas nos acompañarán en el 2021, pero entre más se cumpla ahora más pronto podremos volver a las grandes reuniones, de momento, debemos mantenernos en pequeños grupos”, concluyó.

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