Por: Irene Rodríguez.   2 septiembre
El bombero Jim Terrero (R) y Corey Joy, del Departamento de Bomberos de Manchester, evalúan la condición de un hombre de 35 años que tomó una sobredosis de heroína el 28 de marzo de 2018 en Manchester, New Hampshire. El hombre fue revivido con dos dosis de Narcan. / AFP PHOTO / Don EMMERT

Un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina Wake Forest, en Estados Unidos, trabajan en conseguir un medicamento para el dolor que no genere adicción y de esta forma ayudar a combatir la crisis de sobredosis de medicamentos opiáceos u opiodes –derivados del opio, como la morfina o la codeína y que generan adicción y dependencia–.

Datos del Centro de Control de Enfermedades de EE. UU. (CDC, por sus siglas en inglés), señalan que esta crisis ha cobrado la vida de más de 72.000 personas en el 2017, un 10% más de las muertes causadas en el 2016. A esto se le deben sumar las estimaciones que indican que unos 2,1 millones de personas son adictas a este tipo de fármacos, solo en este país norteamericano.

Los científicos advierten, sin embargo, que este fármaco experimental solo ha sido probado en animales –específicamente en macacos Rhesus, también conocidos como monos Rhesus– y que aún faltan pruebas para poder comenzar los primeros ensayos clínicos con seres humanos.

No obstante, el compuesto, conocido como AT-121, ya da esperanzas. Este compuesto químico tiene un efecto terapéutico dual que suprime los efectos adversos que tienen los opiodes, pero que igual tiene un efecto analgésico similar a la morfina.

Los resultados del estudio, que cuenta con el apoyo del Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA, por sus siglas en inglés) fueron publicados este jueves en la revista Science Translational Medicine.

“En nuestro estudio encontramos que AT-121 es segura, no adictiva, y es eficaz para calmar el dolor. Además, ayuda a bloquear la adicción que algunas personas puedan haber desarrollado a opiáceos de prescripción, entonces esperamos que no solo ayude como analgésico sino para tratar el abuso de opiáceos", destacó en un comunicado de prensa Mei-Chan Ko, investigador principal, quien también es profesor de fisiología y farmacología en Wake Forest.

Paso a paso

Para entender cómo funciona este compuesto experimental, debemos comprender primero por qué los opioides son tan eficaces para reducir el dolor más intenso –como el que muchas veces experimentan enfermos con cáncer u otras enfermedades–, pero también, por qué tienen esa capacidad para desarrollar adicciones al punto de llevar a las víctimas al punto de sobredosis y muertes por esta causa.

Los opiáceos se "enlazan a una proteína clave en la membrana celular de las neuronas cerebrales y de la médula espinal, que se conoce como el receptor µ-opiode (mu). Una vez que el mu se activa, le apunta a otra proteína y esta inicia una cascada molecular que lleva al alivio de dolor. No obstante, algunos opiodes tradicionales también activan otra proteína intracelular llamada beta-arrestina2 que produce respiración deprimida e interrumpida. Sin embargo, también la acción sobre estas proteínas causa una sensación de euforia o de relajación. Y, por otra parte, progresivamente se van necesitando dosis mayores para obtener la misma respuesta hacia el dolor.

Esto lleva, por un lado a la adicción, y por otro, causa problemas respiratorios.

Con esto en mente, el principal objetivo de Ko y su equipo era conseguir una solución para el dolor más fuerte y que a la vez no causara adicción.

Para ello buscaron un compuesto que pudiera trabajar tanto en el receptor mu, pero también en receptor nociceptino, que “bloquea” el abuso o efectos secundarios de muchos opiodes.

“Desarrollamos el AT-121 para combinar ambas actividades en una sola molécula, porque pensamos que es una mejor estrategia que darle a la gente a tomar dos medicamentos individuales al mismo tiempo”, expuso Ko.

Los científicos tomaron 15 macacos adultos –tanto machos como hembras– y se les dio AT-121, los investigadores determinaron que con la centésima dosis de la morfina se obtienen los mismos resultados analgésicos.

El equipo también determinó que no causa adicción, pues cuando se les dio la oportunidad a los macacos de autoadministrase el compuesto con solo apretar un botón, no lo hicieron. ¿A qué se debe? Según el estudio, al menos a corto plazo, esta molécula no produce esa sensación de recompensa que los opiáceos sí dan.

Los investigadores tampoco observaron problemas respiratorios en los sujetos de estudio.

Un punto importante es que al utilizar primates y no ratas o ratones, se tienen resultados más cercanos al ser humano.

¿Qué sigue?

Aún faltan muchos estudios para comenzar a probar el AT-121 en seres humanos. Primero se debe confirmar la seguridad y la posible toxicidad del compuesto y la posible dosificación. Ko no se atreve a dar una fecha para el primer ensayo clínico.

No obstante, estos primeros resultados ya dan una esperanza.

“Queremos aportar a acabar con la crisis de opioides. Sabemos que hay personas que realmente viven con dolores muy fuertes y necesitan calmarlos, necesitamos una solución que evite las adicciones”, concluyó Ko.