Irene Rodríguez.   27 marzo
Así se ve en un microscopio el nuevo coronavirus, causante del covid-19. Este virus de la imagen fue aislado de un paciente estadounidense. Fotografía: NIAID-RML

Es un virus que le cambió el rumbo a cómo el mundo iba. El nuevo coronavirus SARS-2-CoV, causante de la enfermedad covid-19, vino a trastocar la salud pública del planeta.

Una de las razones por las cuales este virus es causante de la pandemia es por la facilidad con la que se transmite, y porque una vez dentro de nuestro cuerpo, tiene toda una forma de colonizar las células para que estas trabajen para él, en el camino, se encuentra con nuestro sistema inmunitario, al cual también encuentra la forma para debilitarlo.

¿Cómo ingresa el virus a nuestro cuerpo? ¿Por qué ataca principalmente los pulmones? ¿Por qué hay personas con síntomas gastrointestinales y con pérdida de olfato? ¿Por qué hay personas que lo viven como un catarro más y otras terminan en cuidados intensivos aunque son jóvenes y sanas?

Las respuestas están dentro de nuestro cuerpo y tienen que ver con nuestro ADN, con proteínas, con nuestros factores de riesgo y con nuestras defensas. Hasta la genética juega su rol.

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Tras leer y analizar estudios científicos y documentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y con la ayuda del ingeniero en biotecnología y especialista en genética humana Osvaldo Vega, trataremos de desmenuzar como actúa este diminuto virus en un Homo sapiens, y cómo su sistema inmunitario libra la batalla.

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Aunque esto no tiene que ver con la acción del virus en el cuerpo, sí es importante entender dos cosas: la primera es que estamos ante un virus completamente nuevo y desconocido, y nosotros los humanos éramos una población completamente virgen, por lo que le resulta más fácil doblegarnos.

La otra cosa necesaria de entender es cómo se transmite el coronavirus causante del covid-19, pues esta es la primera parte de su entrada a nuestro cuerpo.

En resumen: una persona con el virus tose o estornuda y el virus viaja a través de pequeñas gotas que pueden transportarse hasta metro y medio y caer en los ojos, nariz o piel de una persona sana e infectarla.

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Puerta de entrada

Una vez que ingresa a través de las mucosas que tenemos en boca, nariz u ojos ¿cómo hace el virus para entrar a las células y colonizarlas?

El primer paso es ingresar y “sujetarse” de las células de nariz y garganta para luego ir hacia los pulmones, ¿pero cómo lo logra?

A un virus tan contagioso como este le es muy fácil, pero el proceso es mucho más complejo de lo que parece. La forma del virus, sus proteínas, y las proteínas de cierta parte células de nuestro cuerpo son el mapa de ingreso de este “inquilino”.

“Si vemos una imagen de este nuevo coronavirus, veremos que tienen ‘picos’ (los que le dan el nombre de coronavirus), esos son como una llave, pero esta llave necesita encontrar cuál candado (es decir, proteína celular) en nuestro cuerpo tiene una boca de cerradura que le permita abrir el candado e ingresar”, expresó Vega.

Ese candado ya está identificado, y es el mismo candado que tuvo el virus del SARS, un coronavirus “hermano” de este, que causó una epidemia de males respiratorios en Asia en 2002 y 2003. Se trata de un receptor (proteína) llamado ACE2.

Esta proteína está presente en varias células del organismo: como el colon, vejiga, músculo cardíaco, pulmones, bronquios, nariz y sistema nervioso central.

En este gráfico se resume cómo ingresa el virus al cuerpo.

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Pulmones: órganos clave

La pregunta salta casi por sí sola: ¿por qué si hay receptor ACE2 en varias células del cuerpo, por qué se ensaña con los pulmones?

Para Vega, la respuesta radica en que el ACE2 es la puerta de entrada a la membrana celular, pero con esto no es suficiente: solo pasaría el 10% de los virus.

Se requiere de otra proteína clave que le “corte” la corona al virus para que este pueda ingresar a la célula libremente. Esta proteína se llama TMPRSS2. En otras palabras, se necesita de dos factores: ACE2 y TMPRSS2.

¿Qué células tienen estas dos proteínas? Nariz, bronquios, pulmones y colon.

Esto explica no solo por qué es un virus respiratorio, si no por qué en algunas personas tienen síntomas como falta de olfato o males gástricos como diarrea.

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Una vez dentro de las células, el virus, literalmente las usa: las pone a trabajar para él. Este virus se disfraza de ARN mensajero, sustancia que transporta las proteínas clave, entonces, pone a la célula a crear las proteínas que este necesita para hacer más copias de sí mismo. Cada virus puede crear hasta 10.000 o 100.000 copias.

Así se vuelve contagioso también “hacia afuera”, es decir, al tener ya un Homo sapiens colonizado, los síntomas le sirven para llegar a otros y expandirse.

Soldados del cuerpo al rescate

La pelea comienza cuando nuestras defensas se percatan de que alguien o algo desconocido invadió al cuerpo. La analogía de ser un “ejército lleno de soldados” que atacan a cuanto microorganismo quiera “invadirnos” es muy cercana a la realidad.

Este ejército funciona muy bien para identificar al invasor, saber cuán agresivo es y ver las mejores formas de desarmarlo y luego atacarlo para que deje al cuerpo libre.

El problema con este nuevo coronavirus es que su ingreso es sumamente silencioso y, para cuando el sistema inmune se percata, ya lleva días en él. Este es el período de incubación, que demora hasta 14 días.

Cuando el sistema inmunitario se percata reacciona, y con esta reacción sobrevienen algunos síntomas: fiebre, tos, dolor de cuerpo, cansancio.

El problema en esta enfermedad en particular es que ya el virus ha hecho su trecho y ha creado varias copias que también engañan a las células de las defensas; e inhiben su respuesta.

“No las quita del todo porque no nos inmunosuprime, no nos deja sin defensas, pero sí inhibe la respuesta”, evidenció Vega.

No obstante, dependiendo del estado de salud anterior de la persona y de si el tratamiento fue pronto, el virus será derrotado.

¿Por qué no todos enferman con igual gravedad?

Esa es una de las preguntas que siguen intrigando a la ciencia. Hay quienes nunca presentan síntomas, otras personas lo sienten como un catarro común, otras sienten una gripe, mientras hay quienes más bien terminan hospitalizados e incluso en cuidados intensivos con una neumonía bilateral (en ambos pulmones).

En este último grupo se han documentado a nivel internacional personas jóvenes y completamente saludables.

¿A qué se debe esto? En quienes tienen factores de riesgo como una edad mayor a 60 años, enfermedades respiratorias crónicas, diabetes, hipertensión, o un sistema inmunitario debilitado son quienes más riesgo tienen de enfermar gravemente, dado que o sus órganos respiratorios ya están parcialmente comprometidos (caso de quienes tienen EPOC), o tienen otros órganos mayores que requieren de más trabajo, o su sistema inmunitario ya está mal. La respuesta del cuerpo no será igual.

¿Qué sucede con los jóvenes y saludables? Una posible respuesta es que sus defensas más bien respondan más de la cuenta.

Volvamos a la analogía del ejército de defensas. El secreto es atacar en cierta medida y, una vez vencido el enemigo, mandar a los soldados a dormir, ¿pero qué pasa cuando los soldados atacan más de la cuenta o los soldados no se van a dormir? ¿los “civiles” no se verían perjudicados acaso?

En otras palabras, el cuerpo se ataca a sí mismo y los síntomas graves no son culpa del virus sino de la respuesta exagerada del sistema de defensas. Es decir, las defensas buscan atacar al virus que está en los pulmones y terminan dañando e inflamando también al tejido pulmonar.

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“Hay personas en las que se da una mayor respuesta a la enfermedad por diferentes razones. Entonces lo que vemos puede ser consecuencia de la respuesta del cuerpo y no del virus”, especificó el infectólogo Jorge Chaverri.