Irene Rodríguez. 9 octubre, 2018
Este es uno de los entrenamientos realizado con trabajadores comunitarios de la salud en Etiopitía. Fotografía: Universidad de Liverpool
Este es uno de los entrenamientos realizado con trabajadores comunitarios de la salud en Etiopitía. Fotografía: Universidad de Liverpool

Liverpool, Inglaterra.- En el mundo, muchas personas viven en pobreza extrema, en lugares lejanos y sin la posibilidad de contar con servicios de salud en sus comunidades. Estas barreras, sin duda, les impiden diagnosticar y tratar de manera adecuada sus enfermedades. Sin embargo, hay esperanza para ellos, gracias a una mezcla de tres elementos que ha resultado muy efectiva en algunos países: creatividad, mística y tecnología.

Así es, líderes comunales decididos a mejorar el bienestar de las personas, se valen de las aplicaciones de sus celulares, mensajes de texto y correos electrónicos, para “detectar” y prevenir problemas de salud, con el fin de darles un abordaje oportuno.

Solo para citar un ejemplo, visitas de líderes comunales (entrenados para brindar servicios básicos de salud) emplearon algunas apps para mejorar el diagnóstico de la tuberculosis en Etiopía y lo lograron en un 267%.

Los resultados de esta experiencia fueron presentados por investigadores médicos que trabajan el tema, durante un foro en el Simposio de Investigación en Sistemas de Salud 2018 (HSR 2018, por sus siglas en inglés), que se celebra esta semana en Liverpool, Inglaterra.

El estudio explica cómo el uso de la tecnología sí hace la diferencia en comunidades alejadas y pobres, donde las trabas para acceder a una visita médica y conseguir los medicamentos son cosa de todos los días.

“No son solo personas que vienen a compartir sus historias, todos ellos han evaluado sus resultados y los han medido, hay investigación científica publicada”, destacó Jerry Blum, investigador de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres al presentar el panel.

Todos ellos tenían una consigna en común: “la pobreza no puede apartar a las personas de la salud”.

“Necesitamos romper el ciclo entre la pobreza y una salud pobre”, enfatizó Nasreen Jessani, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos, quien fue la moderadora de esta actividad.

¡Hasta con los teléfonos más viejitos!
El médico e investigador guatemalteco Luis Eduardo Cuevas está a cargo de los estudios en Etiopía. Fotografía: Universidad de Liverpool.

En las comunidades rurales y alejadas de Etiopía, entre el 80% y 90% de las personas cuenta con un teléfono celular, pero casi ninguno tiene un dispositivo inteligente con acceso a Internet. Por ello, los investigadores de la Escuela de Medicina Tropical de la Universidad de Liverpool tuvieron que pensar este proyecto de manera que pudiera adaptarse a esas necesidades.

“La tecnología realmente no es el sentido de esto, no marca mayor diferencia si no forma parte de un sistema bien hecho y con objetivos claros, entonces, la falta de Internet no podía ser una barrera”, aclaró en entrevista con La Nación el guatemalteco Luis Cuevas, quien es especialista en pediatría y epidemiología y es la cabeza de la investigación de la Universidad de Liverpool en Etiopía.

Desde hace años los investigadores habían notado inconvenientes con el abordaje de la tuberculosis. Miles de casos eran atendidos de forma muy tardía por falta de diagnóstico y eso aumentaba la posibilidad de muerte.

La tuberculosis es uno de los principales retos para la ciencia médica. Esta enfermedad es transmitida por la bacteria Mycobacterium tuberculosis y causa tos, flemas con sangre, sudoración excesiva, fatiga, fiebre, pérdida de peso y problemas respiratorios. El problema principal se da con la llamada tuberculosis resistente a fármacos, un tipo de padecimiento más agresivo en el que los tratamientos tradicionales no funcionan y deben buscarse unos más especializados.

Para mejorar el panorama, Cuevas y sus colaboradores ingresaron durante cuatro años a los poblados más pobres y alejados de Etiopía, donde viven unos 3,5 millones de personas repartidas en todo el territorio. Con ayuda de las autoridades de salud de dicho país, se dieron a la tarea de identificar a líderes comunales, los capacitaron y les ofrecieron trabajo como funcionarios comunitarios de la salud, una idea similar a los asistentes técnicos de atención primaria en salud (ATAP) que utiliza el sistema costarricense, solo que con personas de las comunidades.

Luego, les hicieron una entrevista y les preguntaron si tenían teléfono. De inmediato se les enviaba un mensaje para comprobar si el número telefónico era correcto, ver que sí llegaban los mensajes y que la persona era capaz de leerlos y entenderlos.

Posteriormente se les pedía que tomaran muestras de esputo (saliva) y, en algunos casos, sangre, a sus vecinos y estas se enviaban directamente al centro de salud.

Una vez que el resultado estaba listo, tanto el trabajador comunitario de la salud como el paciente recibían un mensaje. Si el resultado era negativo se le daban indicaciones a la persona sobre cómo prevenir la enfermedad y cuándo buscar a su trabajador comunitario si sintiera algún síntoma.

Ahora bien, si el resultado era positivo, el mensaje indicaba que la persona sería visitada nuevamente por el trabajador para repetir el examen. Si se confirmaba el resultado, el centro de salud enviaría una vez por semana los medicamentos necesarios al trabajador de salud para que este los lleve a la casa del paciente.

En quienes sí tenían un teléfono inteligente, el programa fue más allá, pues se desarrolló una aplicación en donde la persona podía llevar el control de la enfermedad y tener mayor información.

Con este sistema, se detectaron 28.000 casos de tuberculosis, los diagnósticos tempranos subieron un 267% y la adherencia al tratamiento (el que las personas lo tomaran fielmente) llegaron al 95% de los pacientes. Estos resultados fueron publicados en noviembre del 2017 en la revista BMJ Global Health.

“Es encontrar la manera de llegarle a la gente que no visita el hospital porque tienen muchas barreras, de esta forma nos estamos garantizando un tratamiento que de otra forma no se daría”, apuntó Cuevas en entrevista con La Nación al finalizar su ponencia.

Otros casos de éxito

Stefano Michele Bertozzi, investigador del Instituto Nacional de Salud Pública de Canadá estudió de cerca el problema de la malaria en las zonas más pobres de Gana y Nigeria.

Allí, encontró como aliados a los correos electrónicos. Gracias a ellos, las personas recibían información sobre la malaria, cómo prevenirla y cuándo acudir a un centro de salud. Esta última parte fue vital, pues los casos de detección temprana aumentaron al doble en dos años y se les pudo dar tratamiento más oportuno.

“Hay recursos que ya están en la comunidad, no hay que ponerse a inventar la rueda cuando la rueda ya existe. Nosotros llegamos y encontramos que el correo electrónico era la forma en como se comunicaban las personas y las autoridades locales de salud ya tenían algunas experiencias positivas en esto. Entonces ideamos una forma de enviar mensajes cortos, directos y atractivos para este fin. ¡Y nos funcionó!", apuntó Bertozzi durante su exposición.

La investigadora Denisse Naburete, quien motivó al ministerio de salud de Liberia a implementar estrategias parecidas con tecnología para detectar malaria, tuberculosis y hasta VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana) en su país, destacó que el rol que tienen las comunidades es vital, y los líderes comunales deben ser tomados en cuenta para ello.

“Nuestra investigación muestra que la gente quiere sentirse representada y tomada en cuenta, quiere trabajar por la salud de ellos y de sus vecinos. Comprobamos que los pacientes reaccionan mejor cuando es alguien conocido y de confianza quien les habla. Formar trabajadores comunitarios de la salud es ideal. Pero en esta formación también es necesario hacerles ver sus limitaciones. Un trabajador comunitario puede ver la diarrea en un niño y tomar medidas para contenerla, darle suero y algunos medicamentos. Sin embargo, no puede atender complicaciones, ahí es cuando debe llamar al centro de salud para que ellos atiendan el caso", enfatizó la especialista.

Costa Rica también hace su esfuerzo

Aunque Costa Rica forma parte del Simposio de Investigación en Sistemas de Salud 2018, no participó de este foro específicamente. Sin embargo, el país sí cuenta con experiencias de cómo el uso de tecnología celular logra llevar bienestar a lugares distantes.

En las zonas indígenas, por ejemplo, las áreas de salud aprovechan no solo para enviar mensajes de texto recordando citas, si no para poner en contacto a los profesionales de salud con las personas que practican la medicina tradicional indígena y así coordinar cuando alguien debe ir al hospital.

También funciona para comunicar cuando llegan más personas por las temporadas de recolecta de café y se requiere de atención en los cafetales o de charlas para prevenir enfermedades.