Por: Doriam Díaz.   21 junio, 2007

Tras hurgar en los viejos caminos que transitó su pintura en el pasado, el renombrado artista Rafa Fernández creó una nueva obra en que resume sus más de 50 años de carrera artística.

Por ello, las pinturas que se exhiben ahora en la galería Kandinsky (Centro Comercial de la Calle Real, en San Pedro) muestran no solo gran colorido y mucha textura, sino también todos los temas que lo obsesionan: las mujeres, las corridas de toros, las bicicletas, el mar, el encuentro.

Esta exposición se titula precisamente Por los viejos caminos y reúne 23 piezas pintadas durante el 2006 y el 2007. En la muestra confluyen todos las líneas desarrolladas dentro de su trayectoria, según dice este artista de 72 años y premio Magón del 2002.

Esta es su segunda exposición individual tras los derrames cerebrales que sufrió en el 2002. Aunque aún padece las secuelas de esa situación que lo tuvo al borde de la muerte, Fernández sigue pintando con pasión, conocimiento técnico y experiencia.

Sin duda, su obra cambió a partir del 2002; sin embargo, sus pinturas continúan capturando la mirada del espectador con su magia, sus personajes fantásticos, sus sugerencias algo abstractas y su enorme colorido.

“Es una obra madura, llena de honestidad, magia, sugerencia y riqueza en el color. Se pueden ver elementos de la pintura de Rafa Fernández en los años 60, 70, 80 y 90... Aquí él es más Rafa Fernández que nunca”, comenta su hija y galerista Alma Fernández.

Transitando sus caminos. En Por los viejos caminos , el espectador podrá encontrar Lugar de encuentro , una pieza en pequeño formato que se roba la atención con un personaje rojo que espera la llegada de un barco sugerido a lo lejos.

También se observa Banderillera ; es decir, aquella mujer con mirada segura que clava las banderillas en el lomo del toro. Esta pieza une dos de los temas recurrentes en el trabajo de Fernández: la mujer y las corridas de toros.

Por supuesto, un trabajo como La primavera muestra la pintura más conocida de Rafa Fernández: las mujeres pintadas de perfil llenas de magia, las cuales popularizó en los años 90. Sin embargo, esta creación muestra un personaje inusual: una mujer formada por líneas mostrando actitud retadora.

Esta exhibición oscila entre una figuración detallada y una síntesis extrema en el dibujo que entra el territorio de la abstracción, lo cual recuerda obras de los años 60 y 70. Un ejemplo de ello es La merienda .

La muestra también asume un nuevo camino: el del formato muy horizontal. Incluso, el artista une varias piezas para crear una sola obra muy larga. Esta piezas son más narrativas.

El gran colorido acompaña al espectador en los viejos y en los nuevos caminos del artista.