
Tras una semana de estar hospitalizado y envuelto en el optimismo de informaciones familiares que aseguraban que ya estaba bien, el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante falleció ayer en el hospital Chelsea and Westminster, en Londres.
El deceso del escritor, de 75 años, se produjo como consecuencia de una septicemia, derivada de numerosos problemas de salud que aquejaban en los últimos meses al autor de La Habana para un infante difunto .
Cabrera Infante fue internado en ese centro hospitalario hace una semana, tras quebrarse una cadera al caerse por accidente en su casa en Londres, donde residía desde hace casi 40 años.
El exiliado, quien padecía diabetes, también estaba siendo tratado de una neumonía. Además, había sido sometido a una operación de bypass en agosto.
Tres claras pasiones. Considerado una de las voces más originales de las literatura en español del siglo XX, Cabrera Infante tuvo tres pasiones en su vida: el cine, el erotismo y, por supuesto, La Habana.
Nacido en Gibara, provincia de Holguín, el 22 de abril de 1929, en 1941 se trasladó con su familia a La Habana para estudiar Medicina. Allí empezó a escribir cuando solo contaba 18 años y a dedicarse a diversos oficios.
En 1950 ingresó en la Escuela de Periodismo y desde 1954, y con el seudónimo de G. Caín, comenzó a dedicarse a la crítica de cine en el semanario Carteles , en el que tres años después fue redactor jefe. Fue un cinéfilo empedernido.
En 1951 fundó la Cinemateca de Cuba, organismo que dirigió hasta 1956. Tras el derrocamiento de Batista y la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, Cabrera Infante fue nombrado agregado cultural de Cuba en Bruselas, cargo que ocupó desde 1962 hasta 1965.
Sus discrepancias con el régimen cubano, y con Castro particularmente, crecieron hasta que en 1968 criticó al Gobierno de La Habana en una entrevista con la revista argentina Primera Plana .
Cabrera Infante abandonó su cargo diplomático y pidió asilo político en el Reino Unido, donde se nacionalizó británico y fijó su residencia en Londres.
Escribió medio centenar de libros, entre los que destacan Tres tristes tigres (1964), su libro más célebre y con el que ganó el premio Biblioteca Breve; La Habana para un infante difunto (1979), Holly Smoke (1985) y Mea Cuba (1993). Tenía unos diez años de escribir y de no acabar la novela La ninfa instante .
En su vida no faltaron los doctorados honoris causa y los reconocimientos. El más importante fue el Premio Cervantes, en 1997.