Lucía Astorga. 30 agosto
La organización ambientalista Greenpeace estima que solo 1% de los océanos mundiales está debidamente protegido y que no existe un instrumento legal efectivo que permita la creación en aguas internacionales, de áreas fuera del alcance de actividades humanas dañinas. Foto: AFP
La organización ambientalista Greenpeace estima que solo 1% de los océanos mundiales está debidamente protegido y que no existe un instrumento legal efectivo que permita la creación en aguas internacionales, de áreas fuera del alcance de actividades humanas dañinas. Foto: AFP

El 43% de la superficie de la Tierra se compone de áreas oceánicas que no están reguladas, ni bajo la autoridad de los gobiernos, pero eso no evita que muchos países las exploten, para actividades como la pesca y la emergente industria minera en los fondos marinos.

Este espacio vital se conoce como alta mar y es objeto de una serie de negociaciones en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para generar un tratado global y de carácter vinculante, que permita preservar la biodiversidad de estos océanos para las generaciones venideras.

Desde el 2018 los estados miembros, entre ellos Costa Rica, trabajan desde una conferencia intergubernamental en la formulación del documento. Este viernes finalizó la tercera de cuatro sesiones que se tienen previstas, para alcanzar la meta de consolidar un texto para inicios del 2020.

“El texto (que estuvimos) discutiendo en estas dos semanas es el texto cero, es el primero que realmente tiene ‘cara’ de tratado”, explicó a La Nación Haydeé Rodríguez, viceministra de Agua y Mares del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).

Este borrador fue presentado por la diplomática Rena Lee de Singapur, quien preside las reuniones para generar el instrumento internacional.

“La biodiversidad y el mar en sí mismo no conoce fronteras, entonces, necesitamos trabajar de manera coordinada con todos los países a nivel mundial, para garantizar que también sean mares sanos los que están afuera de nuestras jurisdicciones nacionales”, explicó Rodríguez.

El tratado busca llenar los vacíos en materia de gobernanza, apoyándose en cuatro ejes: la creación de áreas marinas protegidas, el intercambio de estudios de impacto ambiental, el desarrollo de capacidades y la transferencia de tecnologías marinas.

“Hay muchísimos intereses de por medio, pero también hay realidades muy distintas, entonces, por eso es tan importante el tema que se está tratando en este texto de creación de capacidades y transferencia de tecnología”, señaló la funcionaria.

Para Rodríguez, sería de beneficio para Costa Rica, porque le permitiría contar con recursos, capacidades y apoyo de la comunidad internacional para realizar investigación afuera de las 200 millas de Zona Económica Exclusiva.

“Igual con países que se encuentran con recursos más limitados que los nuestros, esto va a permitir que exista un poco más de equilibrio entre todas estas relaciones que existen entre los diferentes estados”, dijo.

Compromiso cuestionado
El tratado busca alinear las acciones de los países con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU y que tienen como plazo el año 2030. Foto: AFP
El tratado busca alinear las acciones de los países con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU y que tienen como plazo el año 2030. Foto: AFP

Las constantes amenazas que enfrentan los océanos han sido recalcadas por el mismo secretario general de la ONU, António Guterres, en el marco de las discusiones.

“En las últimas cuatro décadas, la contaminación por plástico en el mar se ha multiplicado por diez. Un tercio de las poblaciones de peces ahora están sobreexplotadas; las zonas muertas desoxigenadas están creciendo rápidamente en extensión y número; y la acidificación de los océanos, el aumento del nivel del mar y otros impactos del cambio climático están cobrando un precio masivo”, había señalado en junio pasado.

Pero no todos parecen confiar en que los países estén comprometidos con tomar las acciones necesarias para frenar estas presiones. Ese es el caso de la organización ambientalista Greenpeace.

“Es muy decepcionante ver que el ritmo y la ambición presentes en esta reunión no coinciden con el nivel de urgencia necesario para salvar nuestros océanos y proteger nuestro planeta contra la emergencia climática y la pérdida masiva de biodiversidad que afrontamos”, declaró Sandra Schoettner, de la campaña de Océanos de Greenpeace.

“La falta de voluntad política en estas negociaciones es alarmante, ya que algunos países claramente todavía favorecen la explotación de los recursos marinos sobre su protección. Mantener las cosas como están no va a salvar nuestros océanos o, en última instancia, a la humanidad”, acotó.

Por su parte Liz Karan, de la organización Pew, también lamentó ante la agencia de noticias AFP que “el progreso fue lento en algunos momentos”. Sin embargo, dijo que algunos países ofrecieron “propuestas alternativas” que “ayudarán a avanzar las negociaciones” para que, a principios del 2020, haya un “acuerdo que protegerá la vida marina en alta mar en beneficio de las generaciones actuales y futuras”.

La cuarta ronda de negociaciones antes de la firma de un tratado vinculante, está programada para inicios del 2020.

Corriendo contra el tiempo

"Revisaré todas las propuestas que se han presentado”, afirmó la presidenta de la conferencia durante la clausura. También se comprometió a considerar los aportes, sintetizar y revisar el texto. “Siempre que sea posible, simplificaré”, aseguró Rena Lee, reconociendo las llamadas para que el texto se envíe lo antes posible.

La diplomática describió la escala de trabajo por delante como “enorme” y planteó la posibilidad de un retraso significativo en la emisión de un texto traducido. Además, advirtió que es probable que haya más sesiones paralelas, incluidas consultas informales “porque tenemos que acelerar el ritmo de nuestro trabajo”.

Varias delegaciones señalaron que la Conferencia debería completar su trabajo en su cuarta sesión en el 2020, mientras que otras acogieron con beneplácito tomarse el tiempo para alcanzar un acuerdo satisfactorio para todos.

“Para mí el reto principal es el tiempo. Los océanos están contaminándose y degradándose a una velocidad más rápida de la que nosotros podemos dar respuesta, por eso es tan importante que a nivel internacional podamos mantener el compromiso de tener este tratado internacional para el año 2020 y poder con esto mitigar un poco los efectos de la contaminación, el cambio climático y las actividades en alta mar”, expresó por su parte la viceministra tica.

Según explicó la oceanógrafa costarricense Melania Guerra, cada vez comprendemos más el papel de los océanos en medio de la problemática global por el cambio climático.

“En los últimos cinco años por fin se ha cuantificado que un tercio de las emisiones históricas de dióxido de carbono (CO2), o sea 30%, desde la era industrial han sido absorbidos por el océano; más del 90% del calor atmosférico es absorbido por el océano”, indicó.

Pero esa información también trae consigo mayores preocupaciones, ya que cuanto más se conoce, “más asusta saber que la capacidad de los océanos de regular la atmósfera está haciéndose cada vez más lenta”.