Por: Michelle Soto.   11 junio, 2016

El Parque Metropolitano La Sabana se ha convertido en un aula al aire libre donde estudiantes y curiosos pueden aprender sobre biodiversidad y ecología.

Eso gracias a las 197 especies de árboles nativos que el proyecto de rearborización ha sembrado allí en los últimos seis años.

“Aquí vienen estudiantes del Instituto Tecnológico de Costa Rica, la Universidad Nacional y la Universidad del Turismo, porque en este lugar encuentran gran cantidad de especies. De lo contrario, tendrían que viajar fuera de San José para visitar un bosque primario”, comentó Armando Soto, botánico y coordinador técnico de esta iniciativa.

De hecho, un área cercana a las canchas de béisbol –donde 80 voluntarios plantaron 90 árboles más este viernes– está concebida como un “museo vivo”, ya que alberga variedades arbóreas en peligro de extinción. Mediante rótulos informativos, la gente podrá conocer más sobre ellas.

Ver más!

Proyecto. La iniciativa es impulsada por el Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación (Icoder) y el Scotiabank, con apoyo del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac), el Ministerio de Justicia y Paz, la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) y Preserve Planet.

El objetivo es sustituir las plantas exóticas por nativas y así devolverle funciones ecológicas a este parque urbano.

La Sabana consta de 64 hectáreas donde, en el 2011, había 6.498 árboles. El 97% eran eucaliptos, pinos y cipreses, que no son propios de Costa Rica.

Esa es la razón por la que este parque es pobre en términos de biodiversidad, ya que los animales no saben cómo utilizar estos árboles pues les son ajenos.

Para recuperar sus funciones ecológicas, La Sabana requiere tener 213 especies nativas, como cortés negro, güitite, higuerón, uruca o corteza amarilla.

Gracias a las 197 especies arbóreas nativas plantadas a la fecha, ya se ven 72 tipos de pájaros, en vez de los 13 reportados en el 2010. Al final del proyecto, previsto para el 2018, se espera que sean 130 variedades de aves e insectos.

Esto brinda una oportunidad educativa a las personas para disfrutar de la avifauna que reside o que migra al Valle Central.

Para Luis Diego Marín, coordinador regional de Preserve Planet, el involucrarse en el proceso de siembra representa en sí mismo una oportunidad de educación ambiental.

Ignacio Guerrero, vecino de Alajuelita y voluntario, coincidió con Marín: “El conocimiento no solo se obtiene de un libro, también por medio de la experiencia. Estar acá y aprender cómo se siembra, nos ayuda a dimensionar la importancia de la naturaleza en nuestra vida”.

Este viernes, los voluntarios sembraron 90 árboles en los alrededores de las canchas de béisbol, ubicadas en el costado sur del parque metropolitano La Sabana. | ALBERT MARÍN

Otras enseñanzas. A falta de variedad de especies arbóreas en el mercado, el proyecto hizo sus propios viveros gracias al apoyo del Centro Penitenciario La Reforma y la Universidad para la Paz.

“Al ver esta experiencia, creo que otros viveros decidieron dar más variedad a su oferta, sobre todo en especies nativas”, comentó Rocío Zamora, gerenta de Responsabilidad Social Empresarial del Scotiabank.

Es más, y según Zamora, la iniciativa de rearborización permitió promover una cultura en pro de las especies nativas.

“El proyecto está generando identidad por lo nuestro. Creo que ese es otro aporte. La gente está aprendiendo más sobre cuáles son nuestros árboles y sus funciones”, agregó Lisseth Villalobos, encargada de Gestión de Proyectos del Icoder.

También, Soto considera que el plan motivó a la ciudadanía a entender la relevancia del mantenimiento de los parques urbanos y por qué, en ocasiones, es necesario sustituir un árbol: porque está enfermo, porque pone en peligro la seguridad de los transeúntes o no cumple con sus funciones ecológicas.

“Funcionarios de la Municipalidad de San José me comentaban que antes la gente no los dejaba quitar un eucalipto y ahora, después de entender lo que se hace en La Sabana, más bien llaman para que los cambien por especies nativas”, dijo Soto.

En lo técnico, una de las mayores enseñanzas se desprende del bajo porcentaje de mortalidad (de lo sembrado) que ha logrado este ejercicio pues se estimaba que sería del 40%, a raíz de la experiencia con otros proyectos de reforestación. Sin embargo, en La Sabana la mortalidad es apenas del 1%.

Para Villalobos, la clave está en que este tipo de plantas llegan al parque metropolitano con un tamaño mínimo de 2,3 metros. Si fueran más pequeñas, necesitarían mayores cuidados para sobrevivir en un entorno urbano.

“Nos consultan mucho sobre este tema. Por ejemplo, en el parque La Libertad estaban teniendo muchos problemas y se les estaban muriendo los árboles. Vinieron acá para ver cómo estábamos haciendo nosotros y se llevaron la experiencia. Muchas municipalidades también nos consultan”, manifestó Soto.

“Aparte de lo técnico, mucho del éxito ha sido gracias a las personas que visitan el parque y cuidan los árboles”, agregó Villalobos.

La forma de siembra y mantenimiento posterior también influyen en la alta sobrevivencia.

Joshua Gamboa había participado antes en otros voluntariados, pero la jornada vivida este viernes le dejó una buena impresión y conocimiento adquirido que luego podrá poner en práctica.

Gamboa comentó que, previo al voluntariado, recibió un instructivo y el día propiamente de la siembra, los técnicos del proyecto dedicaron tiempo a capacitarlo en cómo debía manejar el árbol, cuánto y cómo abonarlo, entre otros aspectos.

Exportar la experiencia. Varias municipalidades ven en La Sabana un modelo a aplicar en otros parques urbanos, y así constituir corredores biológicos por donde la fauna puede desplazarse dentro de la ciudad, a la vez que la urbe se interconecta con áreas silvestres del Valle Central.

Según Soto, los municipios no son los únicos que han puesto los ojos en este parque metropolitano. El Sinac tiene interés en sacarle provecho a la experiencia derivada de este proyecto.

“A partir de esto, las autoridades del Sinac están pensando en hacer reglamentos de rearborización para zonas urbanas. Es decir, el proyecto sirvió de punta de lanza para cambiar los paradigmas de rearborización urbana y arboricultura, temas en los que el país estaba un poco rezagado”, señaló Soto.

Es más, y según Villalobos, Icoder será el primero en poner en práctica lo aprendido en los siete parques recreativos que administra.

“Nos interesa intervenir el parque de La Paz siguiendo el modelo de La Sabana. Ahorita estamos a la espera de la construcción del Pabellón Deportivo y finalizado este proceso, entraríamos a ejecutar un proyecto de rearborización”, dijo Villalobos.