La Nacion, Argentina/ GDA. 8 julio
Entre las actividades más afectadas estarían la agricultura y la construcción porque se realizan al aire libre. Foto con fines ilustrativos: Rafael Pacheco
Entre las actividades más afectadas estarían la agricultura y la construcción porque se realizan al aire libre. Foto con fines ilustrativos: Rafael Pacheco

Menos horas de trabajo, caída de la productividad laboral, reducción de la actividad económica. Las tendencias a la baja de esos factores son, o en todo caso serán, una contraparte de un proceso que incluye una subida: la de la temperatura promedio del planeta, un fenómeno que se intenta moderar en diferentes latitudes con prácticas para el cuidado del medio ambiente.

El cambio climático, según advierte un informe global recientemente difundido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), provocará, por la elevación de temperaturas en el ambiente, un incremento de los casos de estrés térmico entre los trabajadores.

Esa expresión se refiere a lo que ocurre cuando el cuerpo de una persona se encuentra afectado por un calor mayor al que es tolerable sin que haya consecuencias en el funcionamiento fisiológico.

La proyección general de la OIT indica que para 2030 el calentamiento llevará a que se reduzca un 2,2% el número total de horas trabajadas y a una pérdida en la producción mundial equivalente a unos $2,4 billones.

Además de los días no trabajados por cuestiones de salud, otros factores incidirán para que se produzcan perjuicios económicos: entre ellos, un menor ritmo en la realización de tareas, una mayor propensión a cometer errores y un aumento del riesgo de sufrir accidentes.

Las estimaciones hechas, dice el informe del organismo, son conservadoras. Están basadas en el análisis de tendencias de la fuerza del trabajo y en el supuesto de que el ascenso de la temperatura del planeta llegará a 1,5°C a fines de siglo.

Una cuestión que se aclara es que para proyectar efectos se partió del supuesto de que las actividades más afectadas (la construcción y la agricultura, porque están basadas en tareas al aire libre) se desarrollarán a la sombra, algo que no necesariamente será así (la suposición se hizo por la cantidad de horas de cielo nublado que hay en los países tropicales y por la posibilidad de trasladar horarios de trabajo).

Si no se hubiera considerado esa hipótesis, la caída global de horas llegaría a 3,8%.

Informalidad

Una advertencia que hace la OIT es que, más allá de la ubicación geográfica de cada país, un aspecto que tendrá su incidencia es el nivel de informalidad, ya que se trata de una condición de trabajo asociada a la vulnerabilidad y a un no adecuado cuidado de la salud frente a los riesgos.

En este punto, América Latina es un región que se mira con especial atención. El documento indica que incluso los países con ingresos que son relativamente altos dentro de la región, “como Chile, Brasil y la Argentina”, tienen elevados niveles de informalidad, superiores al 40%.

“La informalidad laboral, las condiciones de pobreza y la agricultura de subsistencia generan naturalmente una exposición mayor a las condiciones climáticas", analizó Darío Judzik, director de Formación Ejecutiva e investigador asociado al CEPE, de la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella

Según él, "os sectores con elevado nivel de estrés por calor son los que tienen alta incidencia de condiciones laborales precarias e informales”.

A la par de los perjuicios estimados del cambio climático en el empleo y la producción, existe otra realidad: “Hay un gran potencial de desarrollo de empleos verdes”, afirmó Christoph Ernst, especialista en Empleo y Desarrollo Productivo de la OIT en la Argentina.

Agregó que el proceso de transición hacia una economía más cuidadosa con el medio ambiente (en la que cuenta el avance de la producción de energías a partir de fuentes renovables) conlleva la posibilidad de que se generen puestos vinculados a perfiles mejor calificados.

Eso, de por sí, impactaría positivamente en la calidad de las ocupaciones y ayudaría a mitigar los efectos negativos de diferentes factores de riesgo.

El informe global de la OIT, de hecho, señala -entre otros puntos- que debería acelerarse la transformación estructural de la producción rural, para que las tareas humanas se realicen en mejores condiciones y con menor necesidad de esfuerzos físicos.

Los avances serían dispares según la región del mundo, y un aspecto que el análisis no deja de lado es que las consecuencias negativas del cambio climático tenderán a profundizar las desigualdades sociales.

Para Judzik, el auge de las energías renovables trae “una nueva dinámica en el mercado laboral, que podría colaborar para revertir significativamente las tendencias negativas del factor climático en el empleo”.

Y agregó: “Es una industria pujante, ubicada en la frontera de la innovación tecnológica y con posibilidad de demanda laboral amplia, que tiene potencialmente la capacidad de revertir la tendencia del calentamiento global”. GDA/La Nación/Argentina