Lucía Astorga. 28 marzo
Priscila Torres, coordinadora de los Premios Latinoamérica Verde, invitó a los costarricenses a participar del certamen y compartir sus experiencias para potenciarlas y replicarlas en otras regiones del mundo. Fotografía: Lilliam Arce.
Priscila Torres, coordinadora de los Premios Latinoamérica Verde, invitó a los costarricenses a participar del certamen y compartir sus experiencias para potenciarlas y replicarlas en otras regiones del mundo. Fotografía: Lilliam Arce.

La primera edición internacional de los Premios Latinoamérica Verde se realizó en el 2015 en Ecuador. En esa ocasión Costa Rica lideró la lista de ganadores con el Programa País Carbono Neutralidad, que postuló el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae).

Sin embargo, desde entonces el país ha estado en deuda con los premios, según expresó Priscila Torres, coordinadora general de este certamen.

“Costa Rica me debe (...) Siento que han avanzado mucho, que sienten que es un deber ser y que ya no necesitan demostrar nada”, indicó la vocera.

La representante de los galardones, considera particularmente importante, la participación de proyectos costarricenses que hayan puesto en marcha cambios hacia un modelo sustentable, de tal forma que estas experiencias le puedan demostrar al mundo que “siguen siendo rentables, que siguen siendo eficientes y que además, están cuidando al planeta”.

"Estamos hablando que muchas empresas locales han hecho un cambio a nivel de matriz de energía, de optimización de recursos, de ahorro de agua.

“¿Por qué no están (en los premios), por qué estas fábricas y estas empresas que producen limpiamente, por qué no se lo demuestran a América Latina y por qué no le dicen qué es lo que están haciendo y por qué son reconocidos, y por qué han logrado sus alcances?”, expresó.

Certamen en crecimiento

La primera versión de los galardones se hizo en el 2013, en el marco de la Cumbre Internacional de Medio Ambiente (Cima), celebrada en la ciudad de Guayaquil.

Para ese entonces, el evento se realizó de manera local, con la participación de 19 ciudades del país suramericano y 109 iniciativas. Sin embargo, desde entonces ha ido creciendo; ya para el 2018, la organización recibió 2.733 propuestas, de 713 ciudades y 38 países.

El certamen busca ir más allá de un simple concurso, donde las mejores propuestas únicamente reciben un trofeo y certificado por su participación.

La idea es convertir a este evento en una plataforma para potenciar en los distintos países del continente, aquellas iniciativas que estén alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

“Esta iniciativa surge, a partir de una preocupación latente que tenemos en América Latina, que es el alto porcentaje de proyectos que fracasan en el primer año por falta de insumos, financiamiento, capacidades de desarrollo; y los que sí logran avanzar, al tercer año se ven estancados, porque ya nos les da el capital inicial con el que arrancaron”, dijo Torres.

Gobiernos, organizaciones, empresas, microempresas, comunidades e individuos, pueden postular sus proyectos de manera gratuita por medio del sitio web: www.premioslatinoamericaverde.com. El plazo vence el próximo 1.° de abril.

Más que un premio

Una de las cosas que diferencia a este certamen de otros similares, es que los ganadores no reciben una remuneración económica.

“Lo que ofrecemos es una plataforma con varios componentes que permiten extrapolar los proyectos, lanzarlos a nuevos mercados y ampliar su línea de gestión”, indicó Torres.

Entre todos los proyectos inscritos en cada una de las 10 categorías que integran los Premios Verdes, los jueces seleccionan las propuestas más prometedoras y conforman un rankin con esas mejores iniciativas.

Además de ser un punto de difusión, el certamen ofrece la oportunidad para que los participantes estén frente a frente con organizaciones de financiamiento, gobiernos locales y organismos regionales, a las que pueden presentar sus propuestas.

“Tenemos 110 aliados estratégicos; gremios, ministerios, cámaras de comercio y de industria, organizaciones no gubernamentales, municipalidades, empresas dedicadas a los negocios sostenibles, entre otros”, destacó la vocera.

Entre estos socios destacan el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud), National Geographic y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

Otro elemento que beneficiaría a los participantes, es la retroalimentación que reciben por parte de los expertos que analizan sus proyectos, un insumo que según Torres, en muchos casos solo sería posible si los concursantes pagan una consultoría para definir sus fortalezas y debilidades.

Asimismo, el estar entre unos de los mejores 500 proyectos, también puede servir como una carta de presentación cuando emprendedores buscan nuevas fuentes de financiamiento para hacer crecer sus propuestas.

Categorías y criterios de selección

Los interesados pueden participar en las siguientes categorías: Agua, Bosque y Flora, Ciudades Sostenibles, Desarrollo Humano, Energía, Fauna, Finanzas Sostenibles, Manejo de Residuos Sólidos, Océanos, Producción y Consumo Responsable.

Para escoger los ganadores, los jueces se guían bajo cinco criterios:

Aplicabilidad del caso: capacidad de ejecutar el proyecto en otra región, país o comunidad para resolver problemas similares.

Sostenibilidad ambiental: compatibilidad entre la propuesta y la preservación de la biodiversidad y de los ecosistemas.

Sostenibilidad social: implica la mitigación de impactos sociales negativos causados por el entorno o la actividad que desarrolla el proyecto, así como la promoción de condiciones idóneas laborales, inclusión social, equidad, oportunidades de género, reducción de pobreza.

Sostenibilidad financiera: si la iniciativa busca la sostenibilidad social y ambiental, además de si es financieramente posible y/o rentable.

Propuesta innovadora: cualidad de cambio del proyecto, al introducir en el desarrollo de productos, servicios y/o proyectos.

La premiación se realizará del 21 al 25 de agosto del presente año, en el Puerto Santa Ana, en Guayaquil, Ecuador.