El Mercurio/GDA.   18 febrero
El síndrome de desgaste de las estrellas de mar fue descubierto en 1972. Archivo LN

Todo comienza con la aparición de unos puntos blancos en la superficie de las estrellas de mar. Luego empiezan a ponerse más blandas hasta que los brazos se separan del disco central. Posteriormente el animal se “derrite”, dejando solo restos calcificados. Y todo esto puede ocurrir en apenas un par de semanas.

Así de aterradora y fulminante es la acción del llamado síndrome de desgaste de las estrellas de mar, que desde su identificación en 1972 ha sido registrado en veinte especies, pero en ninguna ha sido tan agresivo como en el sol de mar o girasol de mar ( Pycnopodia helianthoides ), la más grande de las estrellas de mar, según reveló un estudio coliderado por el chileno Diego Montecino, investigador de la Universidad de California Davis.

El estudio, que fue recientemente publicado en Science Advances, revela que en solo tres años prácticamente ha desaparecido de la costa del Pacífico de Norteamérica, desde Alaska hasta California, por el aumento de temperatura de los océanos y la presencia de esta enfermedad.

La merma en las poblaciones va de 60% a 100% según el área analizada.

En términos generales, la sensibilidad de cada especie de estrella de mar a la enfermedad es distinta, dijo Montecino. “Hay unas que la toleran más que otras”.

Transporte global

El principal sospechoso es un virus, llamado densovirus.

“Se han hecho ensayos experimentales con algunas especies y hasta ahora no todas desarrollaban la enfermedad. Pero en el caso del sol de mar, todos los individuos expuestos al material viral desarrollaron el padecimiento”, agregó el biólogo de la Universidad de California Davis.

Sin embargo, todavía no hay un consenso entre los especialistas sobre el causante de la enfermedad. Eventualmente podría llegar a las aguas de Chile, donde hay abundante presencia de estrellas de mar, reconoce el investigador.

“Estamos en una época donde el movimiento de humanos y sus respectivos transportes ha aumentado la aparición de enfermedades infecciosas en fauna silvestre en lugares donde antes no existían”, agregó.

Como ejemplo, mencionó que los humanos trajeron el zika a América del Sur desde África, así como también el hongo que causa el síndrome de la nariz blanca en los murciélagos norteamericanos, y a otro hongo que está llevando a la extinción a muchos anfibios alrededor del mundo.

“Con la cantidad de barcos dándose vuelta por el globo y moviéndose particularmente a través del Pacífico, entre América del Norte y América del Sur, no es una locura imaginar que el agente de la enfermedad podría propagarse”, dijo. El Mercurio/ GDA