Lucía Astorga. 15 diciembre, 2019
Si bien los incendios forestales son comunes en Australia, los científicos dicen que la temporada de este año llegó mucho antes y con más intensidad debido a una sequía prolongada y las condiciones climáticas alimentadas por el calentamiento global. Foto: AFP
Si bien los incendios forestales son comunes en Australia, los científicos dicen que la temporada de este año llegó mucho antes y con más intensidad debido a una sequía prolongada y las condiciones climáticas alimentadas por el calentamiento global. Foto: AFP

“Los incendios forestales pueden ser responsables de una contaminación del aire mucho mayor que las emisiones industriales y producir una combinación de partículas -monóxido de carbono y otros contaminantes- que pueden ser peligrosos para la salud de toda la vida en el planeta”.

Así describe el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copérnico (CAMS, por sus siglas en inglés), la gravedad asociada con estos incidentes, a los que da seguimiento, por medio de mediciones diarias de eventos activos globales y estimaciones de emisiones, a través de su Sistema Global de Asimilación de Incendios (GFAS, por sus siglas en inglés).

Copérnico es el programa emblemático de observación de la Tierra de la Unión Europea (UE).

“Ha sido un año extremadamente ocupado para CAMS con respecto al monitoreo de incendios forestales”, expresó Mark Parrington, científico principal de CAMS.

“Durante todo el año hemos estado observando de cerca la intensidad de los incendios y el humo que emiten en todo el mundo y hemos experimentado a veces una actividad de incendios bastante excepcional. Incluso en lugares donde esperaríamos ver incendios en ciertos momentos del año, parte de la actividad ha sido sorprendente.

“Nuestro monitoreo es importante para crear conciencia sobre los impactos a gran escala de los incendios forestales y sus emisiones de humo para que las organizaciones, las empresas y las personas puedan estar informadas y planificar contra los posibles efectos de la contaminación del aire”, indicó el experto, en un comunicado de prensa que da a conocer los resultados del año.

Según las estimaciones de Copernico, entre el 1.° de enero y el 30 de noviembre de 2019, se liberaron aproximadamente 6.375 megatones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, a causa de incendios forestales.

Los puntos de origen son muy variados, pero los expertos de CAMS escogieron un total de cinco, para reflejar el impacto que pueden tener eventos de este tipo. Estos ocurrieron en: Siria, el círculo ártico, Indonesia, Australia y la Amazonía.

Siria: la actividad registrada del 10 de mayo al 5 de junio estuvo muy por encima del promedio de 2003-2018. Las condiciones cálidas y secas debido a una temperatura de la superficie, superior a la media a fines de mayo, facilitaron el inicio y la propagación rápida de los incendios, además de dificultar su supresión.

La quema de grandes áreas de tierras de cultivo, generó preocupación por la inseguridad alimentaria de los habitantes.

Círculo Ártico: en junio iniciaron los incendios sin precedentes en términos de ubicación, escala y duración, lo que resultó en la liberación de 182 megatones de dióxido de carbono a la atmósfera. Los científicos monitorearon más de 100 incendios forestales en la región, principalmente causados ​​por condiciones inusualmente cálidas y secas en la región.

Indonesia: uno de los incidentes más intensos en casi dos décadas. Se estima que los incendios de Indonesia, que comenzaron en agosto, bombearon al menos 708 megatones de CO2 hasta finales de noviembre de 2019. Los incendios fueron causados ​​principalmente por la quema de áreas de tierra ricas en carbono (turberas) y condiciones más secas que el promedio.

La intensidad total diaria del fuego fue mayor que el promedio de los últimos 16 años. Se quemaron miles de acres de tierra ecológicamente significativa, causando una neblina tóxica, amenazando la salud de la población local, así como los bosques naturales y la vida silvestre.

Australia: los incendios que iniciaron en setiembre y crecieron en intensidad a principios de noviembre, en una actividad sin precedentes, en ciertas regiones, en comparación con los 16 años anteriores. Nueva Gales del Sur fue la más afectada, así como Queensland, en donde el día se convirtió en noche en algunas áreas. Posteriormente, el humo fue transportado más allá de Nueva Zelanda y sobre el océano Pacífico, llegando hasta América del Sur.

Amazonía: se liberaron aproximadamente 25 megatones de dióxido de carbono durante los primeros 26 días de agosto. Enormes columnas de humo que cubrían millones de kilómetros cuadrados, podían ser observadas por medio de imágenes satelitales, Además de tener un impacto en la salud humana, los incendios tuvieron un impacto en los tres millones de especies conocidas de plantas y animales en la región.

Una preocupación importante de los incendios de esta escala en la región son los impactos en el ciclo del carbono debido a la pérdida de la selva tropical y un cambio en la vegetación.