Irene Rodríguez. 17 noviembre, 2009
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Una nueva cirugía corrige deformidades en el pie como juanetes, dedos en garra, uñas encarnadas y problemas en el metatarso en 45 minutos, con heridas mínimas y sin necesidad de utilizar pines o platinas como sucede en la técnica tradicional.

Estos problemas ocurren, generalmente, por el uso continuo de tacones altos, zapatos puntiagudos o muy pequeños.

El ángulo de inclinación del pie que producen los tacones hace que se formen callos y abultamientos a la hora de sostener el peso del cuerpo. Si los zapatos son muy estrechos, los huesos de los dedos se desviarán por la presión a la que se exponen.

Los padecimientos de las personas con estas deformidades varían según la lesión.

Los juanetes son abultamientos (por lo general, en el dedo pulgar) que provocan callosidades y causan que el dedo se incline. Esto provoca dolores en la parte lateral del pie.

El dedo en garra se produce cuando la persona solo apoya el extremo final del dedo al caminar. Los dedos se encogen y adquieren forma de garra.

Una uña encarnada se da cuando un fragmento de uña penetra en la piel. Esto causa inflamaciones y dolores constantes.

Estos problemas afectan primero el cartílago del pie y posteriormente dañan el hueso. Si son muy graves, pueden destruir el cartílago.

“Las personas con estas deformidades sufren mucho. Tienen dolores muy fuertes con solo dar un paso. Esta nueva técnica busca corregir eso en poco tiempo y con una recuperación satisfactoria”, dijo Daniel Alcázar, ortopedista que aplica este procedimiento.

El procedimiento. La intervención comienza con la aplicación de anestesia local. Seguidamente se hacen tres incisiones de cinco milímetros. Con ayuda de una lima y un taladro, llamado broca o fresa, se liman los abultamientos o callos.

Luego, se utiliza otra broca para fracturar el hueso y crear “cuñas” que corrigen la desviación del dedo. La evolución de la intervención se sigue a través de rayos X.

La cirugía dura 45 minutos. Después de la intervención, el paciente puede caminar, pero debe utilizar zapatos especiales de suela dura, que le dan mayor soporte al pie.

Con la técnica convencional, en cambio, las heridas son del tamaño de la deformidad. También se aplican pines y platinas para corregir el problema. Después de una intervención convencional, el paciente no puede apoyar el pie y debe usar muletas durante unas semanas.

No es para todos. Sin embargo, este procedimiento no se puede aplicar a todas las personas. Para los pacientes alérgicos a la anestesia local, o con daños muy grandes que ya destruyeron el cartílago, es mejor la técnica convencional.

“Todo depende del tipo de pie de la persona. Estas cirugías podrán ser muy buenas en personas jóvenes, pero no pueden aplicarse en gente que tiene el pie reumático, o que tiene deformidades muy grandes que provocan lesiones mayores en el hueso o el cartílago. Hay que ver primero el pie del paciente. A veces es mejor una herida más grande y una recuperación más lenta, pero más segura”, comentó Julio Montero, jefe de Ortopedia del Hospital México.

La nueva técnica se aplica desde hace un mes en el Hospital Cima, en San José. Su precio varía según la cantidad de lesiones y su magnitud, pero ronda los $1.500 (unos ¢865.000).