Por: Lucía Astorga.   20 agosto
La granja de cerdos de Porcina American, subsidiaria de Grupo Zamora, en Coris de Cartago, servirá como laboratorio para un plan piloto de gran escala con el objetivo de que la industria de carnes en el país, utilice las microalgas para alimentar a sus animales. Foto: Carlos González / Grupo Zamora

Los costos de producción asociados a la industria de la carne podrían, en el futuro, tener una significativa reducción, gracias a la utilización de las microalgas como suplemento alimenticio para los animales de fincas, aprovechando el alto de contenido en proteínas de estos microorganismos, que además son amigables con el medio ambiente.

Esa es la apuesta que hace el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), tras 12 años de investigación. Para corroborar esta hipótesis, la casa de estudios firmó este lunes un convenio de transferencia tecnológica con la empresa Grupo Zamora, por medio de su subsidiaria Porcina Americana, para desarrollar en conjunto un plan a gran escala en una de las plantas de producción de la compañía, ubicada en Coris de Cartago.

“Ya nosotros desde el TEC (ITCR) hicimos hasta lo que nos alcanzaba, los espacios, los recursos, necesitamos escalar a otra brecha. Lo mejor es aliarnos con una empresa que tenga precisamente todos estos requisitos", indicó Maritza Guerrero, Coordinadora del Grupo de Investigación de Microalgas de la casa de estudios, durante la firma del acuerdo, a cargo del rector de la universidad, Julio Calvo, y el presidente de Grupo Zamora, Mario Garro.

El proyecto busca aprovechar que las microalgas son ricas en proteínas para convertirlas en una fuente de alimento para los animales de fincas de la industria de la carne. En el caso de Porcina Americana, se espera que este recurso pueda llegar a sustituir una parte considerable de la soya que se utiliza para alimentar a los cerdos de la granja donde se efectuará el plan piloto y la cual es importada principalmente de Estados Unidos.

Cultivo de microalgas hecha en el Tecnológico de Costa Rica (ITCR), con agua residual de Porcina Americana. Fotografía: José Cordero

Este sería un paso que permitiría a la empresa, y otras como ella, abaratar sus costos de producción, además de disminuir el impacto ambiental producido por su actividad, al emplear las aguas residuales para el cultivo de las microalgas.

“Producir la materia prima de alimentación en finca, estaría bajando los costos de producción, que por lo menos en cerdos depende de la tecnificación del productor, oscila entre un 70% y un 85%. Además, estaríamos produciendo proteína de altísimo valor nutritivo, para personas con deficiencias cardíacas, con colesterol y atletas de alto rendimiento, aquí estamos quitando ese estigma que la carne de cerdo es mala”, señaló Alexandra Urbina, gerente del Programa Nacional de Cerdos del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

Según los expertos, estos beneficios nutricionales tienen mucho que ver con el importante contenido de aminoácidos presentes en las microalgas, que es uno de los factores más importantes para la elaboración de insumos para alimentación animal.

"Otra característica que tiene es el contenido de ácidos grasos, tipo omega 3. Esto implica que además de dar un carácter nutricional, tiene un efecto benéfico en el animal, lo que podría representar una mejora en el bienestar de los animales y también del consumidor”, explicó Fabián Villalta, del Grupo de Investigación en Microalgas.

Estas algas, que no pueden ser observadas a simple vista, crecen en cuerpos acuáticos, como mares y lagos, y tienen una gran tasa de crecimiento, lo que las hace atractivas para la industria.
Un recurso de gran potencial
Las microalgas pueden tener distintos colores que se refleja en la tonalidad del agua, en la imagen una muestra tomada en el laboratorio de Biotecnología del ITCR. Fotografía: José Cordero

Como su nombre lo indica, las microalgas, son algas microscópicas que no pueden ser observadas a simple vista. Comúnmente se encuentran en cuerpos acuáticos, como los mares, lagos y hasta en los caños. Pueden ser de diferentes colores, lo que también se refleja en la tonalidad del agua.

Además, cuentan con una rápida tasa de crecimiento que las hace especialmente atractivas para el uso industrial, ya que un cultivo puede duplicar su masa en menos de una semana, lo que le da un gran rendimiento, rentabilidad y alta capacidad para fijar dióxido de carbono.

Otra gran ventaja, es su capacidad de para limpiar el agua, ya que toman como nutrientes el nitrógeno, el fósforo y el potasio.

De acuerdo con estimaciones del grupo de investigación del ITCR, una hectárea de cultivo de estos microorganismos puede fijar hasta 155 toneladas de dióxido de carbono en un año, una cifra 30 veces superior a lo que se puede obtener por medio de una plantación equivalente con las especies de árboles típicos del trópico.

Luego de 12 años de investigación, el ITCR desarrolló distintos protocolos para la utilización de gran variedad de microalgas para distintas aplicaciones, pero siempre de forma amigable con el medio ambiente. Fotografía José Cordero

Las condiciones de clima propias de Costa Rica, también son un punto a favor para el desarrollo de esta actividad, ya que en países tropicales como el nuestro, la temperatura se mantiene constante a lo largo del año, aun cuando se atraviese por la temporada seca o lluviosa, lo que permite a las microalgas mantener un crecimiento continuo.

“En otros climas templados, se tiene que calentar a las microalgas, colocarles luz, además de componentes químicos, que es un 70% del costo, nosotros quitamos esto, por lo que los costos para países tropicales son menores, siendo más rentable”, aseguró Guerrero.

Inicialmente, se tiene previsto que la planta piloto produzca en total 30 toneladas de biomasa microalgal, que es el polvo que se genera luego de que los microorganismos son retirados del agua, por medio de un proceso físico de filtración y secado, convirtiéndose en la materia prima para producir alimento animal, biofertilizantes, cremas, alimento humano y otro tipo de elaboraciones.

La microalga se convierte en un polvo que es utilizado como materia prima para la creación de alimentos, cosméticos y otros productos. Fotografía: José Cordero

En el caso del plan piloto que será puesto en práctica en unos meses, cuando se cuente con el equipo instalado, se utilizará la especie Arthrospira maxima, la cual cuenta con todo un protocolo desarrollado por el ITCR, para su producción de manera orgánica.

Para identificar los beneficios de los distintos tipos de microalgas, los investigadores del proyecto, realizaron un análisis exhaustivo por todo el país y bajo distintas condiciones, para cultivarlas en el laboratorio de Biotecnología del campus universitario en Cartago, simulando las condiciones de su entorno natural. Por lo que, cuentan con una importante base de datos que puede servir para otros sectores interesados en crear alianzas para generar innovaciones como la ya anunciada.

Creando sinergias
El ITCR y la empresa costarricense Grupo Zamora, firmaron un convenio para llevar a la industria un método de cultivo de microalgas ricas en proteína que aprovecha los residuos de la granja. En la fotografía Paola Vega viceministra del MICITT, Mario Garro presidente de Grupo Zamora y Julio Cesar Calvo Rector del ITCR. Fotografía José Cordero

Esta es la primer transferencia tecnológica que el ITCR realiza hacia una empresa privada, sin embargo, esperan que este proyecto permita abrir otras puertas para crear sinergias entre la academia, el Gobierno y el sector productivo.

“Es llevar la ciencia, que usualmente se ve muy lejana, a una realidad nacional, y yo creo que esa es una oportunidad enorme desde el punto de vista de empleo, de salud, de alimentación, medicinal, etcétera. Es un nuevo producto que ni siquiera está matriculado en el país (...) puede ser un producto muy viable para Costa Rica y la agroindustria en general”, indicó Guerrero.

La alimentación de animales para la industria de carnes no es la única aplicación para las microalgas, ya que pueden ser explotadas en la generación de biofertilizantes, pigmentos rojos para aves, los omegas para alimento humano, para recuperación de pacientes y atención de poblaciones desnutridas, entre otras más. Actualmente, los investigadores del ITCR incluso trabajan en la creación de vacunas utilizando este microorganismo.

Para Mario Garro, este proyecto es de gran importancia debido a las aplicaciones reales que se pueden obtener, luego de un riguroso proceso de investigación de 12 años, para atender una problemática nacional, que puede terminar ampliándose, aprovechando los recursos del país como agua, luz, temperatura y capital humano.

“Creemos que tiene potencial, lo vamos a lograr y eso nos va a ayudar no solo en la línea de proteger el medio ambiente y ser innovadores, sino también a mejorar nuestra competitividad. Tiene muchas bondades y beneficios, pero el principal, como país, es esta unión entre la academia y la empresa privada para proponer soluciones posibles", manifestó.

Para garantizar la protección de este arduo trabajo, el ITCR ya se encuentra formulando patentes y un secreto industrial que la institución ya tiene custodiado.