15 abril
La investigación abre una serie de cuestionamientos que deberán ser analizados en nuevos estudios, entre ellos cómo estos microorganismos pueden afectar la infraestructura de la EEI. Fotografía: NASA/ROSCOSMOS
La investigación abre una serie de cuestionamientos que deberán ser analizados en nuevos estudios, entre ellos cómo estos microorganismos pueden afectar la infraestructura de la EEI. Fotografía: NASA/ROSCOSMOS

Los microbios y hongos que habitan en la Estación Espacial Internacional (EEI) no difieren mucho de los que se encuentran en un gimnasio, una oficina y otro ambiente interior en que habiten humanos.

Así lo determinó una investigación de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) cuyo objetivo era elaborar un detallado catálogo de los microorganismos presentes en distintas superficies de la EEI. Un conocimiento útil para desarrollar medidas de seguridad en los viajes espaciales de larga duración y planificar la vida en el espacio.

El estudio, publicado en la revista Microbiome, utilizó técnicas de cultivo tradicional y métodos de secuenciación de genes para analizar muestras recolectadas en ocho lugares de la EEI, incluyendo la ventana de visualización, el baño, la plataforma de ejercicios, el comedor y los dormitorios, durante tres vuelos a lo largo de 14 meses.

Tras aislarlas, las bacterias que más aparecieron en las muestras fueron el estafilococo (26% del total de aislamientos), pantoea (23%) y bacilos (11%). También incluían organismos considerados patógenos oportunistas en la Tierra, como Staphylococcus aureus (10% del total de aislamientos), que se encuentra comúnmente en la piel y la nariz, y el Enterobacter, que se asocia con el tracto gastrointestinal humano.

En la Tierra, los microbios de lugares cerrados afectan a la salud y eso es “incluso más importante” para los astronautas durante los vuelos espaciales, pues su sistema inmunitario está alterado y no tienen acceso a los mismos procedimientos médicos", dijo el doctor Kasthuri Venkateswaran, del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, uno de los autores del estudio.

“Los organismos encontrados son parte de la población microbiana que convive con nosotros. El estudio es importante porque en viajes de larga data estos microbios podrían causar enfermedades oportunistas, al proliferar demasiado si se dan ciertas condiciones, o bien al causar enfermedades producto del debilitamiento del sistema inmune de los astronautas”, dijo el doctor en biología molecular Marco Álvarez, académico de la UNAB, sede Viña del Mar, y especialista en extremófilos.

La investigación abre una serie de cuestionamientos que deberán ser analizados en nuevos estudios, entre ellos cómo estos microorganismos pueden afectar la infraestructura de la EEI.

“Algunos de los microorganismos que identificamos también han sido asociados a la corrosión microbiana en la Tierra. Sin embargo, el papel que desempeñan en la corrosión a bordo de la EEI aún no se ha determinado”, declaró la doctora Camila Urbaniak, también del Jet Propulsion Laboratory y autora del estudio.

Otra conclusión de la investigación es que mientras la comunidades fúngicas eran estables, las microbianas eran similares en los lugares, pero cambiaban con el tiempo, lo que puede atribuirse a los diferentes astronautas que llegan a la Estación.

“Los microorganismos en el espacio viven en condiciones desfavorables, en ambientes sin gravedad, con mayor exposición a rayos cósmicos. Esto podría producir en ellos una presión selectiva que los convierta, por ejemplo, en patógenos resistentes. Este estudio es el primer paso para una serie de investigaciones que nos ayuden a planificar mejor la vida en el espacio”, dijo Álvarez. GDA/El Mercurio/Chile