AFP . 21 enero
Algunas personas se sientan socialmente distanciadas después de recibir la primera dosis de una vacuna contra la covid-19, en la catedral de Salisbury, Inglaterra, el 20 de enero del 2021. Foto: AFP
Algunas personas se sientan socialmente distanciadas después de recibir la primera dosis de una vacuna contra la covid-19, en la catedral de Salisbury, Inglaterra, el 20 de enero del 2021. Foto: AFP

Londres. Los altos muros medievales de la catedral inglesa de Salisbury, erigidos para celebrar la fe, albergan ahora la esperanza nacida de los últimos descubrimientos científicos, convirtiéndose en un centro de vacunación, al son de música celestial.

El edificio de los siglos XIII-XIV es una de las tres catedrales británicas que participan en el mayor programa de vacunación de la historia del país.

En una pequeña capilla dedicada normalmente a la oración, una enfermera saca un frasco de la vacuna Pfizer y BioNTech.

Después de la inyección, William Perry, de 98 años, espera bajo la nave durante un cuarto de hora por si hubiera efectos secundarios, sentado a distancia de un agricultor y de una expolicía. Es la primera vez que sale de casa desde el pasado mes de marzo y, aunque el tiempo “está un poco húmedo”, no se arrepiente.

“Es agradable pensar que están haciendo algo para que yo pueda estar todavía aquí unas semanas o unos años más, ¡hasta los 100!”, afirma este exingeniero de la Royal Air Force, que se encargó del mantenimiento de los legendarios aviones de combate Spitfire durante la batalla de Inglaterra, en la Segunda Guerra Mundial.

“Creo que cumplí con mi parte por el país”, afirma William Perry, quien después de la guerra trabajó como ingeniero de mantenimiento en Correos.

El edificio de los siglos XIII-XIV es una de las tres catedrales británicas que participan en el mayor programa de vacunación de la historia del país. Foto: AFP
El edificio de los siglos XIII-XIV es una de las tres catedrales británicas que participan en el mayor programa de vacunación de la historia del país. Foto: AFP
‘Vida y esperanza’

Como las catedrales de Blackburn y Lichfield, la de Salisbury abrió este fin de semana sus puertas al programa masivo del gobierno, que tiene previsto vacunar a los mayores de 70 años y los más vulnerables, es decir 15 millones de personas, antes de mediados de febrero.

Se prevé que 3.000 personas se vacunen esta semana en la catedral de Salisbury.

El mundo ha cambiado mucho desde marzo del 2018, cuando Salisbury saltó a las portadas por el intento de asesinato del exagente doble ruso Serguéi Skripal.

La Policía británica apuntó a dos rusos como los principales sospechosos del ataque, que cuatro meses más tarde se cobró la vida de una mujer sin techo que había tocado el frasco de perfume que contenía el agente nervioso Novichok.

En la televisión rusa, los dos dijeron que eran turistas apasionados por la arquitectura y describieron con precisión la aguja del edificio, la más alta de Inglaterra con sus 123 metros.

“Los artesanos de la Edad Media la construyeron así hace 700 años porque querían apuntar de forma provocativa y espectacular hacia la vida y la esperanza, apuntar hacia el reino de Dios”, afirma el reverendo de la catedral, Nick Papadopoulos.

“Es exactamente lo mismo con la vacunación”, añade. “Ofrece vida y esperanza a los habitantes de la ciudad, de la región y, en última instancia, del mundo”.

Las personas reciben una dosis de la vacuna contra la covid-19 en la catedral de Salisbury, que se ha convertido en un centro de vacunación temporal, en el suroeste de Inglaterra, el 20 de enero del 2021. Foto: AFP
Las personas reciben una dosis de la vacuna contra la covid-19 en la catedral de Salisbury, que se ha convertido en un centro de vacunación temporal, en el suroeste de Inglaterra, el 20 de enero del 2021. Foto: AFP
Al son del órgano

“Estoy muy feliz de que sigamos la senda de nuestros antepasados medievales mostrando el camino hacia un futuro más feliz”, añade el reverendo.

En la catedral, los pinchazos se realizan al son del órgano, renovado recientemente por un coste de aproximadamente un millón de libras esterlinas (1,1 millones de euros, $1,3 millones).

Dos organistas se turnan a lo largo del día para interpretar obras de Bach, Dvorak o Ralph Vaughan Williams.

“Esperamos crear una atmósfera de serenidad y tranquilidad, solo queremos aportar algo para que la gente piense en otra cosa durante el pinchazo y ayudar a los equipos” para que no se les haga muy largo el día, dijo el reverendo.

Entre los ayudantes figura Jeannie Grant, de 62 años, hija de William Perry.

Venir a un lugar que ha sido testigo de “tanta historia”, al servicio de “un objetivo tan maravilloso para la población”, “es muy especial”, afirma. Ella tiene esperanza: “Será maravilloso cuando terminemos con todo esto y la vida pueda volver a la normalidad”.