AFP. 8 abril

En el campamento de refugiados de Jalazún en Cisjordania, Mohamad Zaid "agradece a Estados Unidos" la reanudación de la ayuda a los palestinos anunciada por el gobierno Biden, pero para Sabah Sukkar, una joven que vive en Gaza, el gesto es "tardío".

Después de que el expresidente Donald Trump suprimiera las contribuciones estadounidenses a la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en 2018, Mohamad Zaid visitó la clínica de Jalazún, cerca de Ramalá, y no encontró ningún medicamento.

Pero luego de que el presidente Joe Biden restableciera esas ayudas financieras, el palestino, de 49 años, volvió a sonreír.

"Damos las gracias a Estados Unidos por haber restablecido su apoyo. Las condiciones de vida en el campamento son difíciles y el UNRWA necesita ayuda", dijo a la AFP.

El comisario general de la UNRWA, Philippe Lazzarini, expresó en un comunicado este jueves su "agradecimiento por la renovación de las relaciones" entre su agencia y Estados Unidos "que se produce en un momento crítico".

"UNRWA no puede estar más feliz, porque una vez más vamos a asociarnos a Estados Unidos para dar una asistencia esencial a algunos de los refugiados más vulnerables de Oriente Medio y cumplir así nuestra misión, que consiste en educar y prestar atención sanitaria a millones de refugiados cada día", afirmó.

La agencia ayuda a unos cinco millones de personas en los territorios palestinos, pero también en Jordania, Siria y Líbano, en particular a través de escuelas y centros de salud.

La ayuda anual de Estados Unidos ascendía a 300 millones de dólares antes de que Trump la interrumpiera considerando que la UNRWA ya no era útil, más de 70 años después de su creación.

El miércoles, Washington anunció una ayuda de 150 millones de dólares a la agencia, de un total de 235 millones de dólares destinados a los palestinos de Cisjordania y la Franja de Gaza.

"Esperamos que el apoyo (estadounidense) vaya aún más lejos", afirma Zaid, uno de los 9.450 habitantes de Jalazún, un campamento de aproximadamente 25 hectáreas, creado en 1949 y donde, como en otros lugares, las primeras tiendas de campaña fueron reemplazadas por bajos edificios de hormigón, pegados unos a otros.

También en Gaza, enclave con dos millones de habitantes, más de la mitad de los cuales tienen el estatuto de refugiados, Sabah Sukkar celebra "una decisión que esperábamos desde hace tiempo".

Para esta joven que vive en el campamento de Al Shati, esta decisión de Washington es "positiva, aunque tardía".

"Mejorará la situación económica pero de manera modesta", estima esta empleada de un salón de belleza, en un territorio donde el desempleo, que alcanza un índice del 50%, es aún más elevado entre los jóvenes.

Para Shadi Al Astal, un maestro de Khan Yunis (sur de Gaza), "la decisión de Joe Biden constituye una derrota para su predecesor Trump y una victoria para el presidente" palestino Mahmud Abas.

Mientras que la "decepción" y el "desacuerdo" han predominado en Israel, la autoridad palestina del presidente Abas acogió con satisfacción una decisión estadounidense alentadora pero insuficiente.

Más allá del apoyo financiero, el primer ministro Mohamed Shtayyeh pidió el retorno de las "relaciones políticas" con Estados Unidos.

Los palestinos boicotearon la administración Trump después de que rompiera con décadas de consenso internacional al reconocer a Jerusalén como la capital de Israel en diciembre de 2017.

Durante su mandato, Donald Trump también cerró la oficina de la representación palestina en Washington y cerró su Consulado General en Jerusalén, que actuaba como una embajada de facto con los palestinos, al tiempo que multiplicaba los gestos de apoyo al Estado hebreo.

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