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Jacobs, un italiano que vino de Texas es el nuevo rey de la velocidad

Gana los 100 mteros planos en Tokio 2020 y ocupa el apetecido trono vacante desde Usain Bolt

Un nacimiento en Texas, un padre ausente y un cuerpo todo musculoso cubierto de tatuajes: el italiano Lamont Marcell Jacobs, sorpresivo campeón olímpico de los 100 metros, explotó ante el planeta, rompió todos los pronósticos y se convirtió en el sucesor de Usain Bolt, este domingo en Tokio.

Antes de los Juegos de Tokio, el italiano de 26 años jamás había participado en una final mundial o europea al aire libre en toda su carrera. Su único antecedente de presentación era el título europeo de sala en los 60 metros logrado en este invierno boreal en Torun, Polonia, que anunciaba sin mucho ruido su aceleración a la cumbre.

En el Mundial de Doha 2019 lo habían frenado en semifinales, al igual que en el Europeo de Berlín-2018.

Pero esta temporada alcanzó su más alto nivel. Tras su consagración en sala, Jacobs mejoró el récord de Italia con un crono de 9.95 en mayo pasado, antes de explotar en Tokio.

Jacobs nació el 26 de septiembre de 1994 en El Paso, Texas, suelo de su padre, un militar basado en Vicenza, cerca de Venecia, en el norte de Italia.

Su mamá italiana se lo lleva del país cuando no tenía ni siquiera dos años. El pequeño Marcell crecía en Desenzano del Garda, entre Verona y Brescia, al borde del lago Garda (norte de Italia). De hecho, el velocista admite tener problemas para hablar inglés, la lengua de su padre.

Jacobs es entrenado por el italiano Paolo Camossi (47 años), quien se dedicaba al triple salto con un título de campeón del mundo de sala en 2001, aunque en Juegos nunca había destacado: terminó octavo en Sídney-2000.

Durante el confinamiento de la primavera boreal de 2020, Camossi siguió a distancia los entrenamientos de su pupilo, que pudo seguir en movimiento en una pequeña pista privada cerca de su casa. ¿Cómo hacían? Camossi veía en vivo por internet las filmaciones que hacía el hermano del velocista.

Había conocido a Jacobs en el seno de un club deportivo de la policía nacional ("Fiamme Oro").

El sprinter trabaja también desde septiembre de ese año con una psicóloga, Nicoletta Romanazzi. "Con ella convenimos para que ataque realmente mis miedos y mis fantasmas. No fue sencillo, hay cosas intimas que uno no quiere ni siquiera revelar a uno mismo", se confesaba Jacobs en la prensa italiana.

Una buena parte de su macizo tren superior está cubierto de tatuajes.

Algunos dibujos hacen referencia a su padre, ausente durante su niñez y con quien tuvo una relación difícil pero que ha mejorado en la actualidad.

"Lo odié por su ausencia, pero he cambiado mi perspectiva: me dio la vida, músculos fuertes, velocidad. Lo juzgué, sin saber nada de él", explicaba.

Sus tatuajes también hablan de sus tres hijos.

“Con Jeremy, que nació cuando yo tenía apenas 19 años, no ha sido el mejor padre: era inmaduro, los conflictos con su madre (luego tuvo dos pequeños más con otra mujer) me lo alejaron, pero intento recuperar el tiempo perdido “, confiesa el campeón olímpico de la recta.