Política

Cuatro puntos sobre un eventual gobierno ‘del cambio’ en Israel

El jefe de la oposición israelí, Yair Lapid, tiene la intención de formar un gobierno que reemplace al de Benjamin Netanyahu, el primer ministro, que lleva en el cargo más de una década

Jerusalén. El jefe de la oposición israelí, Yair Lapid, podría formar un nuevo gobierno con otros partidos que, como él, desean dejar atrás la era Netanyahu, pese a que sus ideologías difieran en todo o casi todo.

¿Qué formaciones podrían componer esta coalición? ¿Podrán superar sus diferencias ideológicas y gobernar de forma estable? ¿Qué impacto tendría este nuevo Ejecutivo en la relación con los palestinos?

1. ¿Está preparada la coalición ‘del cambio’?

Yair Lapid tiene de plazo hasta el miércoles a las 11:59 p.m. (hora de Israel) para conseguir el apoyo de 61 diputados, los necesarios para poder formar un gobierno que reemplace al de Benjamin Netanyahu, el primer ministro, que lleva en el cargo más de una década.

De momento, ha conseguido el respaldo de 57 diputados. Además de sus aliados tradicionales de la izquierda y del centro (que suman 51 votos), cuenta desde este domingo con el apoyo del partido de derecha radical Yamina, de Naftali Bennett.

Este obtuvo siete escaños en las legislativas de marzo, sin embargo, uno de sus diputados ya ha avisado que no apoyaría al campo anti-Netanyahu.

Para forjar la que los rivales del primer ministro saliente han denominado la “coalición del cambio”, Lapid todavía tiene que conseguir cuatro apoyos más, probablemente entre los partidos árabes israelíes, que de momento no se han posicionado.

Este lunes, reconoció que todavía quedaban “muchos obstáculos” por superar.

2. ¿Con qué partidos?

Lapid cuenta con el apoyo de su partido y de las formaciones de izquierda Avoda y Meretz, así como de la formación de centro Azul-Blanco del exgeneral Benny Gantz, en la que Lapid militó durante un tiempo.

También consiguió apoyos en la derecha: el partido nacionalista laico de Avigdor Lieberman, Israel Beiteinu, la formación Nueva Esperanza de Gideon Saar -un exmilitante del Likud, el partido de Netanyahu- y la formación Yamina de Naftali Bennet.

3. ¿Sería sólida?

En las cuestiones fundamentales, como el lugar que debe ocupar la religión dentro del Estado o si se debe o no crear un Estado palestino, los partidos que han decidido secundar a Yair Lapid difieren en todos los puntos.

Sin embargo, todos están “sinceramente convencidos” de que Benjamin Netanyahu, inculpado de corrupción en varios casos, “es un peligro para el país” que “no puede servir como primer ministro porque antepone sus intereses personales a los de” Israel, explicó Jonathan Rynhold, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Bar-Ilan.

Para aportar solidez a su Ejecutivo, podrían optar, al menos en un primer momento, “por un programa de consenso” basado en la recuperación social y económica después de la pandemia de covid-19 y que responda a las deficiencias de los sistemas sanitario, educativo y de transportes, temas en los que coinciden, según Rynhold.

“Los desafíos vendrán cuando algún acontecimiento moleste a la base” electoral de cada partido, consideró el profesor, señalando hacia la colonización israelí en los Territorios Palestinos.

La izquierda israelí defiende la creación de un Estado palestino, mientras que la derecha amenaza con llevar a cabo una anexión parcial de Cisjordania ocupada.

Lo único que les uniría sería su deseo en impedir que Netanyahu “vuelva si es jefe de la oposición”, afirmó Denis Charbit, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad abierta de Tel Aviv.

4. ¿Y qué hay del proceso de paz con los palestinos?

Las negociaciones con los palestinos están estancadas desde el 2014.

Para Jonathan Rynhold, la “coalición del cambio” no debería comprometerse a reimpulsar el proceso de paz, habida cuenta de las diferencias de criterio de los partidos respecto a este asunto.

“Acordarán respetar el statu quo”, consideró el analista.

Y si se produjera una nueva explosión de la violencia, podrán apoyarse en el “consenso israelí” que ha prevalecido durante todas las guerras desde el 2000, según Rynhold.

“Enfrentarán dificultades pero lograrán superar sus diferencias”, apuntó el profesor.