Osvaldo Calderón.   2 junio

Como si se tratara de una película futurista donde Nueva York está totalmente vacía y son pocos los seres humanos que aprovechan la extraña calma: así se sentía aquella capital.

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Esas máquinas metálicas desaparecieron y dieron paso al silencio, al aire limpio y a la fluidez que generaba caminar sin peligro de un atropello; fluidez como la sangre por las venas de un atleta con poca grasa.

Y ahora: ¿cómo le hacemos para desplazarnos bajo este panorama? Al parecer, no funciona ningún vehículo con motor que queme combustibles fósiles.

Caminar ha sido la forma de avanzar más amigable con el ambiente y antigua de la humanidad; la segunda después de gatear. No obstante, es lenta, ya que lo hacemos a un promedio de 6 km/h.

El ingenio nos llevó a la rueda y, con la aplicación de ella, muchos vehículos y aparatos como triciclos, patines, patinetas y bicicletas (por mencionar los menos modernos).

Todos los anteriores sirven ahora que se ausentan aquellos generadores de comodidad, confort, simplicidad y caos vial. Este último, debido a un lento avance en infraestructura con respecto a ese crecimiento vehicular. Prueba de ello es Circunvalación norte, en proceso, décadas después.

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¿Tienen bicicletas guardadas pero llueve demasiado? ¡Sáquenlas!

Ya no hay peligro de ser atropellado. Las calles josefinas se convirtieron en las ciclovías más anchas del mundo, más aún que las de Ámsterdam.

¡Surge un ‘pero’! La capital de Países Bajos es plana y la nuestra tiene columpios y cuestas al salir del casco central. Pedalear será más difícil para quienes no acostumbran ejercitarse, pero sí posible.

¿Qué hacer?

Tengo varias ideas: (1) consumamos bicicletas eléctricas costarricenses, (2) motivemos la innovación en jóvenes universitarios para que logren crear más y mejores estilos de ellas; (3) pidámosle al gobierno la exoneración de impuestos de las importadas para que haya más variedad; y (4) hagamos el propio por mejorar nuestra salud al desplazarnos.

Bajo este nuevo y ficticio escenario, resultaría que quienes —aún así— no puedan o no quieran pedalear tendrían otras tres opciones de una movilidad urbana asistida, las cuales enumero de mayor a menor necesidad: (1) usando el tan necesitado tren eléctrico que promete el gobierno de Carlos Alvarado; (2) ocupando buses como el Nyuti del exastronauta Franklin Chang Díaz. Por último, (3) conduciendo carros eléctricos.

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Claramente —y bajo esa utopía—, muchas personas seguirán, entonces, utilizando vehículo eléctrico propio porque (me incluyo) es una muy buena opción aunque agotadora. Sin embargo, esa alternativa podría resultar menor en relación con la cantidad de autos convencionales existentes en el San José colapsado.

¡Sí se puede!

El traspaso de poderes del pasado 8 de mayo permitió ver este panorama de calles vacías. No se necesitan ciclovías de este tamaño para convivir en cuanto a desplazamientos citadinos.

Lo ideal es empezar con pequeños carriles que les permitan a quienes pedaleen sentirse seguros de que no invadirán su espacio para ser atropellados.

Conforme aumente el sentimiento de seguridad, su uso será progresivo. O sea, conforme haya más ciclovías, más gente se inclinará por utilizarlas al sentirse seguros.

Algo así como en Nimega, ciudad del sureste holandés y limítrofe con Alemania, donde se realizó en 2017 un desfile masivo con bicicletas para festejar este cambio cultural que lleva décadas.

Era 1960 cuando sus obstinados habitantes solían ver las calles colapsadas de automóviles. Luego de un referendo, las políticas públicas se inclinaron en favor de los ciclistas quienes representaban el 51% de los votantes.

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Esta ciudad, junto a Arnhem, empezaron sus esfuerzos de una movilidad en bicicleta a inicios del siglo XX. Actualmente, son los dos mejores sitios de Holanda para practicar ciclismo, el cual lo ven como algo utilitario y apto para el ocio y el deporte.

La urbe del video se enorgullece de haber ganado el premio “Capital verde de Europa 2018” por sus iniciativas sostenibles. Eso sí, con la política del ciclismo en su corazón.

Costa Rica tiene las condiciones para favorecer a los usuarios de este medio de transporte, solamente debe creérsela. Algo así como cuando la llamaban ‘Cenicienta’ o ”Costa Pobre” antes del Mundial de fútbol Brasil 2014.

¿Cuándo queremos llegar a ser campeones en esta materia?

... ¡de movilidad urbana!

Este artículo fue escrito en diferentes buses cuando realizaba desplazamientos entre Cartago y San José
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