Osvaldo Calderón.   13 febrero

Antes de dar los detalles de la comedera, debo recordar algo:

“¿Quién ______ va a una pizzería por ensalada?”, me jactaba al cuestionarlo en mi juventud.

Más aún cuando —en aquellos años— creía que recibiría un trofeo por el ayuno previo y la ingesta de unos 20 ‘slides’ en festivales de gula por un monto relativamente bajo.

Pues, “bienvenido al club” me respondió nuestro amigo, el señor Tiempo.

De vez en cuando le respondo a ese señor que lo que tengamos en nuestras panzas es lo único que nos llevaremos cuando pasemos al otro potrero.

Tenedor a punto de trabajar en una fresca y llenadora ensalada de carnes: ¡muy sabrosa! Foto: Osvaldo Calderón

Aquí en Tibás había suficientes espacios para parquear y metros de pizza por vender. Era temprano, faltaban carros y barrigas, pero estaba este prójimo.

Los aromas abrían apetitos a la vuelta de La Nación, frente al supermercado asiático de calle Central, donde a veces compro base para sopa miso.

Bueno… La cosa es que mataba por comer unos centímetros* de la receta estrella de Pizza Pata.

Otros medios de comunicación ya habían escrito acerca de este sitio y que la cosa es pidiendo *pizza por distancia: ojalá en metros.

Menú para calcular cuánta será la pizza rectangular que se va a comer. Foto: Osvaldo Calderón

Yo me abstuve de hacerlo con el fin de ofrecer una perspectiva diferente. “¡Ah caramba! ¿Qué clase de sacrificio?”, diría mi papá.

Pedí una ensalada de carnes y resultó ser una excelente opción: suficiente lechuga, tomate y otros vegetales que combinaban riquísimo con los trocitos de pollo, jamón y tocineta.

Monstruosa, fresca y deliciosa: una opción para comer liviano en Tibás y a precio bajo (4 mil colones con fresco). Solo le faltaba la remolacha para entonar con el cantón morado.

"Quiero un zoom anatómico", cantaba Gustavo Cerati. Primer plano de la ensalada de carnes. Foto: Osvaldo Calderón

Prácticamente con ella hubiera quedado satisfecho. Sin embargo, el ‘diantres’ que omití en la pregunta del inicio llegó vestido de salonero y dejó dos platillos de espaguetis: solo comí uno.

Espagueti en salsa de tomate. Foto: Osvaldo Calderón
Espagueti en salsa Alfredo. Foto: Osvaldo Calderón

Los de salsa roja sirvieron para el video; los Alfredo, para mí. La pasta estaba cocida al punto de equilibrio donde hacen malabares la flexibilidad con la rigidez.

Se caracterizaban por varios aspectos: su salsa blanca, su pimienta negra, el ahumado del jamón y lo ligeramente secos.

Me gustaron y ahí sí quedé más que satisfecho. El plato de espagueti con té frío o bebida similar cuesta 4 mil colones. Te comercio ofrece un 15% de descuento a los tarjetahabientes del Club La Nación.

Video:

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Fin.

En Instagram acostumbro subir fotos y videos relacionados con comida, árboles, animales, deportes y naturaleza. Algunas de ellas terminan convirtiéndose en publicaciones de este blog.

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