Jairo Villegas S..   15 diciembre, 2018
A la izquierda, Samuel y su mamá, Kathleen Gaitán, y a la derecha, Loic y su mamá Kimberly Quesada.

Kimberly Quesada, de 34 años, vivía en Tibás antes de migrar a Canadá. Primero llegó a esa nación en el 2001, y permaneció durante un año estudiando francés.

Ese país norteamericano la enganchó, por lo que en el 2008 volvió para residir definitivamente y, de paso, cursó allá la carrera de Criminología. Trabaja en su profesión en la Dirección de Protección de la Juventud del gobierno de Quebec, en la división de servicios de salud y sociales.

Vive en la isla de Montreal, en Quebec, y tiene un nuevo miembro en su familia, su hijo Loic Lépine, quien nació el 26 de agosto anterior.

El nombre del pequeño tiene una particularidad que ella explica: “En realidad su nombre legal aquí es Loic Quesada Lepine. Quesada lo pusimos como segundo nombre, lo cual es posible, pero en sus documentos solo sale Loic Lepine. Él podrá decidir más grande si desea utilizar mi apellido. Decidimos hacerlo así porque aquí solo se utiliza un apellido y es más fácil para los trámites en general”.

A miles de kilómetros de distancia vive otra costarricense. Kathleen Gaitán Carmona, de 33 años y oriunda de Alajuela; su nueva casa está en Nairobi, la capital de Kenia, desde hace seis meses.

Su esposo trabaja para Coca Cola, compañía donde se conocieron, y lo trasladaron a esa región.

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El 4 de octubre anterior, este matrimonio tuvo una gran felicidad, con la llegada de Samuel.

“Los cambios en nuestra familia, este año, han sido muchísimos; quedamos embarazados, mi esposo asumió un nuevo reto laboral, yo hice una pausa en mi trabajo (también en Coca Cola), nos mudamos de país y el más importante, tuvimos nuestro primer hijo”.

“Nuestros días han cambiado completamente, no solo por lo que implica la llegada de un bebé, sino por toda la experiencia de vivir en una cultura tan diferente, adaptarnos a todos los cambios, desde conseguir casa nueva hasta elegir doctor y hospital para el seguimiento de nuestro embarazo y la llegada del bebé”, destacó Kathleen desde Nairobi.

La tica Kathleen Gaitán, su esposo Miguel Ángel Acuña, de nacionalidad colombiana, y el hijo de ambos, Samuel. Ellos viven en Nairobi, Kenia.

Para Kimberly también ha sido un gran cambio.

Ella tuvo la fortuna de que su mamá la acompañó en Canadá para ayudarla, aunque admite que la dinámica en su casa varió por completo con la llegada de Loic.

Asegura que los tres primeros meses son los más difíciles, porque es un proceso de adaptación, ya que deben estar totalmente pendientes del bebé.

“Creo que el secreto está en tratar de no olvidarse como mujer y seguir tomando tiempo para uno. Desde que Loic tenía 15 días, nosotros salimos con él, nos adaptamos a las salidas y no nos quedamos encerrados en la casa”, expresa Kimberly.

Uno de los beneficios laborales en Canadá es el tiempo que reciben los padres para cuidar al bebé.

Kimberly detalla que ella disfruta de 12 meses de maternidad, mientras que su novio, el canadiense Benjamín Lépine, disfrutó de dos meses.

“Los servicios disponibles para los padres son amplios y variados, para todos los gustos. De esta manera, no debes hacerle la cruz a las actividades. Por ejemplo, voy a conciertos para bebés, yoga postparto, natación, cinema y otros. Es un estilo de vida diferente y gracias a él puedo descubrir muchas cosas nuevas e incluso conocer nuevas personas que viven situaciones similares”, dijo.

La tica Kimberly Quesada; su mamá, Ruth Rodríguez, quien la acompañó cuando nació Loic.

Para Kathleen los cambios fueron de repente. Un viernes se enteró de que estaba embarazada y el lunes siguiente contactaron a su esposo, Miguel Ángel Acuña, para ofrecerle la nueva posición laboral.

Admite que siempre visualizaron la posibilidad de residir en un país diferente al de Costa Rica, pero nunca se imaginaron en dar a luz tan lejos de su tierra.

“Uno de mis principales temores era cambiar de médico en medio de mi embarazo, así como pensar en la idea de tener un parto en un hospital completamente desconocido para mí y lidiar con las diferencias culturales y de idioma. A pesar de que hablamos inglés, los términos médicos muchas veces son un poco ajenos y la conexión con el especialista es diferente”, subrayó.

Kathleen también tuvo la bendición de poder llevar a sus papás a Kenia para que la acompañaran, aunque extrañó a su hermana, sobrinos y su abuelita.

Al final, sus temores desaparecieron porque el personal médico fue extraordinario. “Estaremos siempre agradecidos con ellos y también con muchas otras personas, como kenianos, otros extranjeros ubicados aquí, nuestra embajadora y otra familia tica que vive acá, que nos han hecho sentir en casa, recordándonos que ahora este es nuestro hogar, especialmente porque siempre será el país de nacimiento de nuestro hijo”.

El tema de las nacionalidades también es peculiar. Por ejemplo, Kimberly dice que su bebé, Loic, por ahora solo tiene la nacionalidad canadiense, mientras que la costarricense la tramitarán una vez que sea mayor de edad (antes de los 24 años, pues de lo contrario, solo podría optar por naturalizarse).

¿Por qué? “De lo contrario, cada vez que vayamos a Costa Rica con él, será bastante complicado los papeleos para sacarlo del país al ser menor de edad.

La situación de Samuel es un poco diferente. Los papás desean que tenga dos nacionalidades: costarricense por la mamá y colombiana por el papá. De hecho, ya están empezando los trámites respectivos.

Samuel nació en Nairobi, Kenia. Su madre es la costarricense Kathleen Gaitán.

Curiosamente, este año Costa Rica abrió su primera embajada en todo África, y se ubica en Nairobi, donde vive Kathleen con su bebé y esposo.

Por ello, la embajadora Marta Eugenia Suárez la ha guiado en el proceso, aunque hay una traba: aún no se ha establecido la sección consular, que es la encargada de estos trámites, entre otros.

Mientras abre, que podría ser el otro año, esta familia tiene varias opciones para inscribir a Samuel en el Registro Civil. Una es venir a nuestro país y realizar el trámite, otra es acudir a la sede consular tica de un tercer país, como por ejemplo Inglaterra.

Esto último les implica ir al Ministerio de Relaciones Exteriores de Kenia para autenticar el certificado de nacimiento del bebé y, luego, presentarse ante la embajada de esa nación africana en ese tercer país escogido.

Una vez hecho eso, acudir a la misión diplomática de Costa Rica y enviar el documento a la Cancillería, en San José.

Por otra parte, sobre la ventaja de que su hijo crezca en Canadá y no en Costa Rica, Kimberly señala, sin dudarlo, la posibilidad de que hable tres idiomas (español, inglés y francés), la seguridad que ofrece el país, las ventajas sociales y la diversidad de esa nación en cuanto a personas, clima, costumbres y gastronomía.

Lamenta que no todo es ganancia, pues Loic se perderá de algunas cosas por no crecer en Costa Rica, como la suerte de ir a la playa cuando lo desee, así como el calor humano del tico.

“La gente de Costa Rica es muy diferente y acogedora. Es mi deber enseñarle de dónde viene su mamá y nuestras costumbres, pero es difícil poder transmitirle tanto amor por mi país. Sé que cuando esté más grande comprenderá mejor mis sentimientos hacia mi patria. Su papá es canadiense, así que él tiene el corazón dividido en dos desde ya”, comenta esta compatriota.

Para Kathleen, es positivo que Samuel disfrute de la diversidad cultural, racial y religiosa existente en Kenia, así como la riqueza natural.

“Creo que tomamos la decisión correcta al tener a nuestro hijo en un país tan diferente, pues ampliará su percepción de vida y enriquecerá su conocimiento. El aprendizaje de un nuevo idioma desde pequeño es una de las ventajas. También esperamos que esta oportunidad le brinde a nuestro hijo una visión más amplia del mundo y podamos enseñarle, a través de esta experiencia, un poco más sobre tolerancia, diversidad, respeto por diferentes culturas, razas y religiones, así como la importancia de la convivencia”, enfatizó.

De paso, esta compatriota asegura que están muy emocionados porque le inculcarán a Samuel el amor y respeto por los animales, pues al igual que Costa Rica, en Kenia hay una gran diversidad de fauna.

No obstante, al crecer su hijo tan lejos del terruño, Kathleen sabe que se perderá de muchas ocasiones especiales, como cada celebración que haga la familia, la visita de los domingos a la casa de los abuelos y los cumpleaños de sus primos, así como muchos sabores deliciosos, entre ellos, las empanadas de chiverre en Semana Santa.

“Aunque es inevitable que todo eso duela, mi fe es que nuestro hijo pueda disfrutar al máximo Costa Rica en cada visita y sentirse orgulloso de ser tico. Donde quiera que estemos, nos encargaremos de que Samuel sea siempre un buen embajador de nuestro país”, concluyó.

Con tantos cambios y tantísimo que hacer hemos aprendido que lo esencial e importante es disfrutar cada momento y etapa juntos donde quiera que estemos y que ese sentimiento será siempre nuestro hogar.

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Esta es la cuadragésima octava historia sobre costarricenses que dejaron su país por diferentes circunstancias, se adaptaron a otra tierra, pero guardan el cariño por sus raíces.