Jairo Villegas S..   10 septiembre
Ver más!

Era pleno día cuando el cielo se puso totalmente oscuro, apenas en cuestión de segundos. El viento soplaba con una fuerza descomunal, al punto de que algunos rótulos salieron volando.

Las personas que estaban en la calle solo atinaron a correr, mientras que una nube de polvo se levantaba sin misericordia.

En ese instante, un matrimonio costarricense salía de un supermercado para regresar a su apartamento, cuando debieron enfrentar este hecho repleto de terror.

Frank Artavia Doñas, de 38 años, y Dayana Acosta Soto, de 29, tenían poco de haberse instalado en Daca, la agitada capital de Bangladés.

Los costarricenses Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto en Bangladés.

Para Dayana fue impactante ver aquella escena que nunca había vivido.

“Uso lentes de contacto y se me empezó a meter polvo en los ojos, por lo que no veía nada. Nunca había estado en una situación igual, pues tenía poco de haber llegado. Empezamos a caminar, Frank me tomó del brazo, pero la gente corría en dirección contraria a la que íbamos, por lo que nos devolvimos al supermercado”, cuenta aún con sorpresa Dayana.

Frank vive en Bangladés desde octubre anterior. Relata que cuando llueve, llueve en verdad. Por su parte, Dayana llegó a esa nación en febrero, luego de completar todos los trámites exigidos para obtener la residencia.

Los ticos Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto en Bangladés.

Una buena parte de la ciudad no tiene alcantarillado pluvial, por lo que se transforma en una gran piscina por la que tienen que pasar los vehículos, bicicletas y los peatones, sin importar por dónde les llegue el agua.

El calor también es pavoroso. Este matrimonio sabe lo que es estar a 34 grados Celsius, pero con una sensación térmica de 49. “Se cocina un huevo en la calle”, ejemplificó Frank con total seguridad.

“Los calores son terribles, el apartamento en que vivimos está en un tercer piso y somos los últimos, entonces nos da todo el sol y la casa parece un horno, por eso sobrevivimos gracias al aire acondicionado. Aunque llueva, hace calor. Solo de noviembre a enero es fresco; el año pasado la temperatura bajó a dos grados y hubo personas que murieron en las calles”, afirmó.

Como no hay montañas, sino que es un país muy plano, Bangladés sufre con las condiciones climáticas. Es una nación totalmente propensa a inundaciones.

La tica Dayana Acosta Soto capacita a mujeres de Bangladés en diversos oficios. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Frank es odontólogo y dirige una clínica en Daca, la capital. Dayana trabaja en una compañía para mujeres de escasos recursos, a quienes las preparan en panadería, manualidades y otros oficios para que generen sus propias fuentes de ingreso.

Por esa razón, ella les enseña las recetas que aprendió de su abuelita, para que hagan galletas de avena, pan integral y queques.

Ambos realizan mucha labor social en sus diferentes áreas, por eso, prefieren vivir como las personas del país y no como un extranjero, por lo que se han adaptado con facilidad a las diferentes costumbres.

Por otra parte, Dayana desarrolló una buena pericia para comunicarse por señas, debido a lo complejo que es el idioma bengali.

Lo primero que hizo fue aprenderse los números, pues allá son diferentes; por ejemplo, el 4 es 8 mientras que el 7 es 9.

“Lo único que es igual es el 0, porque los demás números se escriben diferente. En el trabajo me comunico por señas, porque tengo a cargo a 11 personas, pero solo tres hablan inglés. Me sé algunas poquitas palabras (en bengali), pero vieras los enredos que me hago”, indicó.

Los costarricenses Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto con amigas de Bangladés.

La historia que impulsó el amor entre Frank y Dayana es sencillamente asombrosa, al punto de rozar lo inimaginable.

Él es de Paso Ancho y ella de Ciudad Colón.

Cuando Frank aceptó la propuesta laboral en Bangladés, estaba soltero. Fue en febrero del año anterior cuando le contó a Dayana, quien era su amiga desde dos años antes, que se iba a esa nación.

Ella le respondió: “Qué chiva, siempre he querido irme, pero no puedo por mi trabajo”.

Precisamente, esta costarricense tenía plaza como técnica de farmacia en el Área de Salud de Mora. Trabajó para la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) durante una década.

Frank Artavia Doñas y su esposa Dayana Acosta Soto.

¿Cómo se conocieron? “En una actividad, un amigo me dijo que la invitara a salir y yo le dije que no porque seguro tenía novio. Esa vez la llamé y no me respondió. A los meses nos volvimos a encontrar en otro evento y después de ahí empezamos a hablar y hablar”.

“Tenía todo listo para venirme a Bangladés, el contrato firmado, y empezó la relación. Le dije que había un problema serio, porque si me hacía de novia era para casarme, porque mi contrato en este país es por cinco años”, narró Frank.

Como el tiempo apremiaba, esta pareja apenas “jaló” por dos meses, cuando se casaron civil. Fue sorprendente; Frank la llevó a cenar a un restaurante que ella adora en Costa Rica y le propuso matrimonio. Cuando ella accedió, la llevó a un salón donde estaban sus familiares y amigos, y ahí mismo se casaron.

Dayana todavía externa con asombro: “Duré comprometida solo un minuto”.

El 2 de agosto del 2017 se hicieron novios. En octubre él se marchó a Bangladés mientras ella se quedó en nuestro país haciendo todo el papeleo necesario para irse.

El 31 de enero anterior Frank regresó y el 4 de febrero tuvieron el matrimonio por la iglesia. “Me la traje de luna de miel a Bangladés, aunque primero estuvimos en Tailandia donde recibimos una inducción para el trabajo. No podía venirme soltero, porque de lo contrario no podía tramitar los papeles de ella”, dice entre risas este compatriota.

Dayana Acosta Soto suele cubrirse cuando sale, para respetar la cultura de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Una vez en Bangladés tuvieron que enfrentarse a otro universo cultural, muy distinto al del cálido continente donde nacieron, pero que les permite aprender sobre una nación asombrosa.

Prácticamente toda la población de ese país del sudeste asiático profesa el islam, lo cual no es sencillo de digerir para un tico. Por respeto a las creencias de la población, la ropa occidental de Dayana permanece bien guardada.

De hecho, Frank dice que el código de vestimenta para las mujeres debe ser lo más marcado.

“El alcohol se vende clandestinamente, no hay bares ni discotecas; aunque eso no nos afecta a nosotros en lo absoluto, pero nos llama la atención que acá nunca se ve un borracho en la calle”, asegura Frank, quien al igual que su esposa, es adventista.

La tica Dayana Acosta Soto en Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Dayana cuenta otro hecho que para nosotros pueden ser inusual. “Aquí oran cinco veces al día y tienen unos megáfonos para anunciarlo. También hay mezquitas por todos lados. A las 5 a. m. usted los escucha orando, pero ya luego uno se acostumbra”.

Entre las curiosidades, Bangladés es un país con más hombres (50,6%) que mujeres, además, se da la poligamia, es decir, un hombre con varias esposas.

“Para mí fue un choque que llegaron a la clínica tres mujeres totalmente envueltas, les extendí la mano para saludarlas y me dejaron con la mano extendida; ellas no tocan las hombres, pero uno como latino está acostumbrado a hacerlo. Hay unas que son tan conservadoras que no permiten ser atendidas por un hombre”, consignó Frank.

Una ciudadana de Bangladés corta piña en una calle de la capital, Daca. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Como en Bangladés prácticamente no hay cristianos, no se festeja la Navidad y el Año Nuevo como acá, pues no creen en el nacimiento de Jesús.

Esto lo vivió en diciembre anterior Frank, cuando pasó su primera Nochebuena en ese país, sin su esposa, quien aún estaba en Costa Rica haciendo trámites para marcharse.

“Una amiga mexicana me invitó a pasar ese día con ella. Iba en el Uber y no veía arbolitos encendidos, ni luces, ni chiquillos jugando en las calles; era un día común y corriente. Le pregunté al chofer si harían algo esa noche y me respondió, de forma cortante, que es una fiesta cristiana y él no es cristiano”, recordó Frank.

Por cierto, ambos sonríen al revelar por cuál año van en ese país. “El islam tiene su propio calendario y el 14 de abril es el Año Nuevo,,,, así que feliz 1425”, dijo Frank.

Este es uno de los platillos típicos de Bangladés; consiste en arroz (se prepara hervido sin sal), papa y huevo, bañado en curry. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Adaptarse a la comida de Bangladés ha sido otro desafío para esta pareja costarricense. Ellos optan por productos que puedan pelarse, desinfectan con cloro y vinagre blanco los vegetales y a los tomates los dejan remojar y luego los lavan lo mejor que puedan.

¿La razón de ello? En Bangladés le ponen formalina a los productos, por eso, unas uvas se ven jugosas aunque lleven una semana al sol.

En la dieta local hay un consumo alto de verduras, frutas y arroz, este último en “cantidades industriales”. La ventaja, es que hay muchas cosas que se pueden conseguir.

“Los ticos no comemos arroz comparados con ellos, porque ellos se sirven un plato entero lleno de arroz, es una montaña, aunque la gente es muy delgada. Lo preparan hervido sin sal y sin nada, pero le agregan dal, que son como unas lentejas exquisitas, conocida como a proteína de los pobres, pues es muy barata”.

“Comen mucho huevo duro, pero lo hierven, lo pelan y lo ponen a freír con cebolla y ajo, y le agregan curry. También consumen mucha papaya verde; no hay chayotes, pero sí papaya verde, muchas papas, berenjenas empanizadas. No sabemos cómo son tan delgados con lo que comen y son superflexibles”, describe Frank.

La ensalada siempre es la misma: pepino, tomate y zanahoria, en ocasiones con chile, pues les encanta el picante.

Dayana agrega que todo es frito y lo único que no lleva chile es el arroz, excepto cuando lo hacen arreglado. Por lo general, lo utilizan para equilibrar los sabores.

Poco a poco, la tica Dayana Acosta Soto deja la cuchara a un lado para comer con la mano, como lo hacen todas las personas de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Como singularidad, los habitantes de ese país comen con los dedos, sin importar su clase social. No es fácil hacerlo, pues existe toda una técnica.

Estos ticos mantienen el gusto por ciertos alimentos que son más caros allá, pero que encuentran sin problemas, como ciruelas, manzanas y cereal. En ocasiones han conseguido natilla, que es importada, pero la cajita vale unos ¢4.000.

Sobre el suministro de agua, por prevención tienen un filtro en la casa.

Una curiosidad es que los servicios sanitarios no son como los de acá, pues no existe una taza. Dayana explica que deben ponerse de cuclillas.

“Muchas casas no usan papel higiénico, sino que tienen una manguera para lavarse. Aquí en Daca, en la mayoría de casas cocinan con gas, que llega por tubería y se paga mensualmente, pero no todas las familias cuentan con permiso para tener un horno.

Frank hace hincapié que ese tipo de servicios sanitarios son más higiénicos y saludables. Además, los extranjeros que lo deseen, tienen posibilidad de disponer de baños como los de occidente.

Uno de los principales medios de transporte en Bangladés, la bicicleta. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Los bangladesís son muy trabajadores, los menores respetan mucho a sus mayores y no evidencian el afecto como nosotros, que estamos acostumbrados a abrazar a familiares y amigos. De hecho, a las personas de más edad se les habla de usted, como sinónimo de respeto.

Esta pareja debió especializarse en el arte del regateo, que es muy normal en esa nación.

El congestionamiento vial en Daca, capital de Bangladés, es terrible. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Si cree que las presas en Costa Rica son desgastantes, debe animarse a andar por Daca. Frank dice que en ocasiones tarda tres horas en avanzar 10 kilómetros, debido al extremo congestionamiento vial.

Por cierto, mientras avanza a una lentitud insoportable, debe escuchar el sonido de las pitoretas, que se clavan en los oídos como un castigo inmisericorde.

Los autobuses tienen unos ventiladores en el techo, debido al calor extremo y a la cantidad exagerada de personas que viajan amontonadas, pues Bangladés es un país superpoblado, con 163 millones de habitantes, siete millones de los cuales viven en la capital, pese a que apenas tiene una extensión territorial de 1.464 kilómetros cuadrados.

Como ejemplo, es tomar a todos los habitantes de Costa Rica, sumarles dos millones de personas y ubicarlos a todos en San Ramón.

Ciudad de Daca, capital de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Ellos se sienten seguros al andar por las calles de Daca, aunque hay algunas zonas prohibidas para los extranjeros, como por ejemplo donde se ubica el Departamento de Inteligencia.

Toman algunas previsiones, como andar poco dinero y no exhibir cámaras fotográficas u otros aparatos electrónicos, lo normal en cualquier país que se visite, o incluso en el nuestro.

La experiencia de alistar unas cuantas pertenencias y mudarse a Bangladés parece fabulosa, pero es retadora.

“Para nosotros hay tres cosas muy fuertes: recién casados, nuevo país y nuevo trabajo. A eso súmele la barrera del idioma, la incapacidad de comunicarse con cualquier persona. Ahora nos arriesgamos un poquito más, pero antes no podía moverme y si quería comprar algo, no sabía cómo pedirlo”.

“También es muy difícil el tema de la diferencia horaria con Costa Rica, para hablar con nuestra familia, la comida y ese montón de poquitas cosas que a veces tienden a frustrar”, aseveró Frank.

No obstante, ambos dicen estar a gusto en Bangladés.

Una imagen típica de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas

Bangladés es famoso por su industria textil, con precios sumamente bajos. Además, tiene la playa llamada Cox’s Bazar, de unos 120 kilómetros de longitud que la hace meterse entre las más largas del mundo.

Otro atractivo turístico son los jardines de te.

“En diciembre estuve en la parte sur del país donde están los tigres de bengala; no podemos decir que todo es malo, aunque posiblemente el turismo no ha sido tan explotado”, opinó Frank.

Él espera a algunos familiares y amigos en noviembre del próximo año, y como misión se fijaron remodelar una escuela.

Si un tico desea visitar Bangladés, debe tramitar una visa de turismo cuyo precio ronda los $30. No es posible hacerlo a la llegada a esa nación, sino que puede ser enviando los documentos a Washington o haciendo el trámite en un país vecino.

Mapa de Bangladés.

Datos de Bangladés

Capital: Daca

Población: 163 millones (casi 33 veces más que Costa Rica).

Extensión territorial: 147.570 kilómetros cuadrados (tres veces más que Costa Rica).

Idioma: Bengalí.

Moneda: Taka bangladesí (1 taka bangladesí equivale a ¢6,97).

Visa: Es necesaria para los costarricenses, que pueden enviar los documentos al Consulado de Bangladés en Washington o en un país vecino. Cuesta $30.

La zona rural de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas
No hay un día sin presas en Daca, capital de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas
Daca, capital de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas
Los ticos Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto.
Los ticos Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto con una familia de Bangladés.
Dayana Acosta Soto y su esposo Frank Artavia Doñas, con una ciudadana de Bangladés.
La tica Dayana Acosta Soto (al fondo) capacita a mujeres de Bangladés para que aprendan un oficio. Fotografía: Frank Artavia Doñas
Los costarricenses Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto en Bangladés.
Muchas veces la tica Dayana Acosta Soto se cubre por completo, pues así visten las mujeres en Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas
Frank Artavia Doñas y su esposa Dayana Acosta Soto.
La zona rural de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas
Los ticos Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto hacen trabajo social en Bangladés, en sus ratos libres.
Los ticos Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto con amigas de Bangladés.
Frank Artavia Doñas y su esposa Dayana Acosta Soto. Ellos viven en Daca, capital de Bangladés.
Los ticos Frank Artavia Doñas y Dayana Acosta Soto.
La ciudad de Daca, capital de Bangladés. Fotografía: Frank Artavia Doñas
Frank Artavia Doñas dirige una clínica odontológica en Bangladés y su esposa Dayana Acosta Soto trabaja en una organización que ayuda a preparar a mujeres en diversos oficios.
Distribución de países en que están costarricenses.

Los datos anteriores corresponden a los costarricenses que reportaron a la Cancillería vivir en otra nación. No necesariamente todos los que migraron están incluidos, porque el proceso es voluntario y en algunas naciones no existen consulados de Costa Rica. Los datos de Puerto Rico corresponden a antes del paso de los huracanes Irma y María, por lo que ahora la cifra puede ser menor.

Todas mis notas de Ticos lejos del hogar y viajes en este enlace

Esta es la cuadragésima cuarta historia sobre costarricenses que dejaron su país por diferentes circunstancias, se adaptaron a otra tierra, pero guardan el cariño por sus raíces.