Jairo Villegas S.. 8 marzo
Marcela Alpízar en un viaje a Holanda.
Marcela Alpízar en un viaje a Holanda.

Para ellas, una de las mayores alegrías en la vida es abordar un avión y descubrir nuevos destinos.

Sus deseos son conocer otras culturas, ver lugares maravillosos y compartir con personas de otros países, para disfrutar de sus comidas y costumbres.

Marcela Alpízar Villalobos, de 35 años y vecina de Santa Teresa de Cóbano, Puntarenas, y Dayana Mora Solórzano, de 39 y de San Rafael de Montes de Oca, no se conocen, pero tienen algo en común: la pasión por explorar cada rincón posible del planeta sin necesidad de compañía.

Dayana Mora en el Sahara Occidental.
Dayana Mora en el Sahara Occidental.

Marcela ha estado en 17 países de América, Europa y Asia: Guatemala, El Salvador, México, Estados Unidos, Panamá, Chile, Bolivia, Brasil, Argentina, Francia, Países Bajos, Bélgica, Taiwán, Hong Kong, China, Camboya y Tailandia.

Entre tanto, Dayana registra 39 naciones visitadas de Europa, América, Asia y África.

En su lista de recuerdos aparecen Bélgica, Eslovaquia, España, Italia, Países Bajos, República Checa, Suiza, Reino Unido, Mónaco, Hungría, Francia, Dinamarca, Ciudad del Vaticano, Austria, Malta y Alemania.

También Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, Cuba, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Venezuela, India, Japón, Taiwán, China, Vietnam, Tailandia, Egipto, Sahara Occidental y Marruecos.

Marcela Alpízar Villalobos en un viaje a Montreal, Canadá.
Marcela Alpízar Villalobos en un viaje a Montreal, Canadá.

Marcela realizó su primer viaje cuando tenía 15 años, mediante un intercambio colegial. Ella pidió eso en vez de una fiesta.

“Al principio yo no pensaba ni en miedo de viajar ni en temor por ser chica. Creo que una no puede vivir pensando con miedo porque no saldría ni a la esquina, es más un tema de precaución, un poco de ser sensata, responsable, lo que implica investigar sobre el destino con antelación para tratar de entender los retos culturales que podrían ponerme en jaque”.

“También ser cautelosa, por ejemplo, evitar calles oscuras y desoladas, vigilar el consumo de alcohol y evitar exponerme de más; a veces pasar desapercibida es la mejor estrategia”, recomienda Marcela.

De hecho, esos consejos aplican para cualquier viajero.

Dayana Mora en los Alpes, en Suiza.
Dayana Mora en los Alpes, en Suiza.

Dayana, por su parte, fue en autobús sola a Nicaragua cuando tenía 9 años; en Managua la esperaba un familiar y su mamá se la encomendaba al conductor. De esta forma, acumula un millaje de experiencia enorme.

El viaje que más la marcó fue la primera vez que se subió a un avión para ir a Europa. No quería ir sola, pero no tuvo otra opción.

“Como no tenía mucho dinero, tenía que ser mochilera. Era el año 2003, tenía 24 años y mi sueño era conocer Europa. Le pregunté a mucha gente si quería ir conmigo; los que querían no tenían dinero y los que tenían dinero, no querían ir; por lo que decidí irme sola”.

Su idea inicial era ir dos meses para conocer todas las ciudades posibles, pero al final Dayana lo extendió a tres meses. En total recorrió 11 países.

“Aunque viajé sola todo el tiempo, nunca me sentí sola, porque conocí muchas personas viajando solas o en grupo. Las conocí en los hostales, en trenes y hasta en autobuses. Fue una de las mejores experiencias de mi vida y me enseñó a conocerme más a mí misma y a celebrar la vida. Desde entonces, no he parado de viajar sola”, contó.

Marcela Alpízar Villalobos en Seattle, Estados Unidos.
Marcela Alpízar Villalobos en Seattle, Estados Unidos.

Dayana agrega que al principio la embargaba un poco la pereza cuando iba a viajar sola, pues se preguntaba con quién iba a hablar o a quién le pediría que le tomara una fotografía.

No obstante, ella descubrió que muchos otros turistas andan igual y cualquiera le ayuda a hacerse un retrato en ese rincón maravilloso que descubre en otras tierras.

“No hay pereza cuando andamos de viaje, porque todo es nuevo, emocionante. Uno va a su propio ritmo, hace sus propios itinerarios según sus gustos y preferencias, sin esperar que haya un consenso con otra persona. También es darse tiempo para una misma y conocerse mejor fuera de una zona de confort”, opina Dayana.

La tica Dayana Mora en Cuba.
La tica Dayana Mora en Cuba.

Marcela dice que es habitual rechazar lo desconocido, por lo que nunca espera comentarios de respaldo o colaboración de una persona que no sea aficionada a los viajes.

“La idea de una mujer viajando sola es, para la mayoría, sinónimo de pobrecita, solita y abandonada, o incluso algunas personas lo asocian con un estilo de vida libertino, pero nada más lejos de la realidad. Estando en Mardi Grass, en Nuevo Orleans, en Ámsterdam o en el carnaval de Río de Janeiro, es cuando más he estado alerta y observadora. Experiencias negativas, cero; Marce feliz y a salvo, 1.000”, aseveró.

Dayana lamenta que posiblemente hay mujeres y hombres que se privan de explorar el mundo porque no tienen con quién hacerlo.

Ella insiste en que es una “experiencia maravillosa”.

“Viajar sola no es sinónimo de estar sola, a menos que eso prefiera; al contrario, es la oportunidad para conocer viajeros y también a la gente local, ya que siempre se van acercar por curiosidad para hablar con uno. Además, uno se siente como libre de hacer lo que quiere, elegir dónde ir, decidir cuánto tiempo quedarse en algún lado, acercarse a personas o estar sola, caminar o simplemente descansar y ver gente pasar... Ahora muchas mujeres en

(Video) La fascinante experiencia de viajar por primera vez en avión

Latinoamérica se animan a viajar solas y creo que las ticas no deben perderse la experiencia por miedo”.

Todas mis notas de viajes en este link.