Por: Juan Fernando Lara.   28 mayo
El viaje de mascotas en aviones puede ser en la cabina de pasajeros o en el depósito de equipaje pero siempre en un trasportín o jaula de tela. (Imagen con fines ilustrativos)

Los trámites pueden consumir meses, el gasto rondar los $1.000 y, según el país de destino, el viaje dependerá del resultado de una análisis de sangre que se manda a hacer al extranjero.

A pesar de todos estas complicaciones, miles de pasajeros vuelan desde Costa Rica con sus mascotas para ir de vacaciones o se los llevan con ellos a vivir a otro país por razones de trabajo o estudio.

Así lo confirma el área de Cuarentena del Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) que en el 2017 extendió 3.000 autorizaciones de salida; 20% más respecto a las 2.500 del 2016. En el 2015 se otorgaron 2.350.

A mayo de este 2018, ya son 1.200 las autorizaciones emitidas.

Entre el 85% y 90% son permisos para sacar perros y el resto para gatos; detalló Silvia Niño, encargada de esa oficina.

El llamado “Certificado sanitario de exportación” es exclusivo para canes y felinos que cumplan requisitos fitosanitarios nacionales (que define Senasa) y otros exigidos en el país de destino. Por lo tanto, estos últimos requerimientos varían y pueden alterar fechas de viaje, según la complejidad.

Solo el certificado cuesta cerca de ¢10.000.

No obstante, montar una mascota en un avión involucra veterinarios privados y de Senasa e incluso al Ministerio de Relaciones Exteriores cuando se requiere apostillado (método simplificado para legalizar documentos con el fin de verificar autenticidad) de estas certificaciones sanitarias. Son estas etapas las que elevan el gasto.

Lo que podría percibirse como una extravagancia, para algunas personas es una consideración de primer orden por lazos afectivos o pura conveniencia logística.

“Las mascotas se han vuelto familia para algunos viajeros que no desean dejarlos en hoteles o con familiares. Además, profesionales en salud prescriben mascotas a personas con ciertas condiciones, como un apoyo emocional. En otros casos, si toda la familia viaja, y no hay con quién dejar los perros, la decisión es que todos van”, comentó Niño.

Sin embargo, el desconocimiento de trámites y reglas abunda.

La Unión Europea (UE), por ejemplo, tiene requisitos que suponen tal nivel de complejidad y tiempo invertido que, una vez descubiertos, suelen obligar a ajustes de fondo en las fechas de viaje o de plano a excluir al compañero de cuatro patas y cola de la excursión.

Complejidad

La UE prohíbe el paso de animales sin un microchip que se implanta bajo la piel donde consten datos de identificación y salud; un dispositivo que además debe ajustarse a especificaciones técnicas de esa comunidad de naciones.

El animal, además, debe estar vacunado contra el virus de la rabi, pero, para verificarlo, un veterinario debe tomar una muestra de sangre del animal pasados 30 días desde su aplicación.

El perro o gato ingresa a la UE si su sangre tiene cierto nivel de anticuerpos contra la rabia, pero ese análisis y certificación solo se admiten si vienen de laboratorios autorizados por la UE. El más cercano a Costa Rica está en Estados Unidos.

Solo este paso consume en promedio un mes de trámite en el extranjero aun y cuando las muestras viajan por aire en servicio de correspondencia especial por tratarse de material orgánico.

Si todo sale bien con esa prueba, el animal podrá caminar suelo europeo una vez transcurridos tres meses desde la fecha de extracción de la muestra de sangre. Antes no.

Si la salida es a Finlandia, Reino Unido, Irlanda, Malta, o Noruega, aparte de todo lo anterior, el animal también debe recibir un tratamiento contra el parásito Echinococcus multilocularis durante un periodo no mayor a cinco días, pero tampoco inferior a las 24 horas antes de su hora prevista de aterrizaje.

Cumplido todo esto, es cuando Senasa finalmente entrega el Certificado sanitario de exportación el cual, además, debe acompañarse de una declaración por escrito del propietario o responsable del animal.

Cualquier incumplimiento antes de cruzar el océano Atlántico podría ocasionar que el animal se quede en cuarentena en el puerto de ingreso o incluso exponerlo a sacrificio.

Solo este año, ya se ha impedido la salida de cinco perros cuyos dueños pretendían llevárselos sin la autorización de Senasa; informó Aeris; gestor interesado del aeropuerto Juan Santamaría.

Trámites y costos para llevar perros y gatos de viaje
Costos

Si se consideran los gastos por cumplir requisitos y el pago por el transporte aéreo, llevar una mascota a Europa implica un gasto de entre $900 y $1.200, y puede requerir al menos cuatro meses de preparativos.

Todo depende de cuál aerolínea dé el servicio y a cuál clínica veterinaria se acuda para ocuparse de toda la tramitología, advirtió Senasa.

El veterinario Marcial Arrieta Quesada explicó que su clínica ofrece un servicio estilo “todo incluido” que va de $750 a $850 cuando el traslado del animal es a la UE.

Incluye tomar las muestras de sangre y enviarlas por courier al extranjero para análisis, pero siempre y cuando el animal esté saludable. Además, contempla todo el papeleo y otras gestiones ante Senasa hasta obtener el visto bueno oficial.

En cambio, si el viaje es a Norteamérica y otras naciones del continente, el servicio por los trámites y el servicio de la aerolínea deja todo el gasto entre $300 y $500.

Arrieta Quesada, por ejemplo, cobra $160 si la excursión prevista es a Norteamérica.

“Hemos atendido a muchos extranjeros que vienen de paseo y luego se llevan de Costa Rica perros o gatos a sus países de origen, porque les resulta más barato y sencillo adoptar uno aquí”, explicó a su vez el veterinario Freddy Bruno.

Su clínica factura en $600 toda la gestión del permiso para la UE y $150 a Estados Unidos. De requerirse apostillado (viajes a Panamá por ejemplo), son $50 adicionales.

El pago a la aerolínea varía si la mascota va en la cabina de pasajeros o en el área de carga y equipaje. En ambos casos, el animalito debe ir en un trasportín o jaula que incluso algunas líneas aéreas venden.

El cargo para un desplazamiento de Costa Rica a Madrid en la aerolínea Iberia es de 300 en bodega y $175 en cabina, pero solo si el peso combinado del animal y el transportín o bolsa de transporte no supera los 8 kilogramos.

La aerolínea Air France cobra por un servicio semejante (y en las mismas condiciones) $233 si viaja en bodega y $146 si es en la cabina, en el caso de vuelos entre Costa Rica y París.

Para traslados hacia y desde Norteamérica (y hacia y desde Europa), la empresa Avianca pide por ir en cabina $125 y $150 en la bodega.

La diseñadora costarricense Matilde Rosero Bermúdez llevó a sus gatos Otto y Satsuki en el 2013 a España mientras cursaba una maestría en la Escuela de Diseño e Ingeniería de Barcelona. Estas son sus mascotas en el aeropuerto de Madrid.
‘Si valió la pena’

Matilde Rosero, diseñadora especializada en diseño para Internet viajó en el 2013 a España para cursar una maestría en la Escuela de Diseño e Ingeniería de Barcelona (ELISAVA). La acompañaron sus gatos Otto y Satsuki.

Los preparativos para cumplir todos los requisitos consumieron varios meses. al punto de que Rosero incluso debió ajustar las fechas de su viaje y llegó a matricular sus cursos universitarios apenas en el límite.

Para ella, toda la experiencia fue demandante de tiempo, dinero y esfuerzo pero también necesaria porque fueron su principal apoyo mientras se adaptaba al cambio.

“Sí valió la pena porque cuando adopto un gatito, asumo una responsabilidad y me ocupo de él. Si entonces decido hacer algo con mi vida como irme a estudiar al extranjero, no es cuestión de dejarlos con otra persona y me desentiendo”, explicó.

La diseñadora recuerda haber pagado 150 euros por cada gato llevándolos en la cabina del avión porque, aseguró, le inquietaba el tema de su seguridad al ser un viaje prolongado.

“Mi mamá viajó conmigo en aquella ocasión y eso me ayudó mucho porque cada una llevaba un gato. Cuando terminé mis estudios, ella acudió a mi graduación y se trajo de vuelta uno, y yo otro. Eso me ayudó a que no fuera tan estresante”, recordó.