Por: Esteban Ramírez.   4 mayo
Blog Crónica de los mercados. Periodista Esteban Ramírez. Foto: Albert Marín.

Hace como 15 años participé en un proyecto dentro de una empresa del sector financiero. Tenían ahí una asociación solidarista pequeña e incipiente, con un menú de negocios que se limitaba al otorgamiento de créditos entre los empleados y la venta de helados de paleta, que guardaban en una neverita instalada en el sótano del edificio.

Como en este caso, las asociaciones solidaristas pueden ser estructuras muy simples – solo son necesarios 12 empleados para fundar una – y muy básica en su operación y negocios. Pero también las hay enormes, con muchos miembros y cuantiosos ingresos que les permite entrar en negocios de toda índole como el descuento de facturas, el crédito empresarial, el transporte y el desarrollo inmobiliario.

En esta última situación está la Asociación Solidarista de Empleados del Banco Nacional (Asebanacio), organización de 5.500 afiliados, cuyos activos totales se acercan a los ¢150.000 millones, que se comparan en volumen a los de un banco local de tamaño pequeño.

Este músculo financiero no está exento de dolores de cabeza. Asebanacio ha padecido por decisiones de negocio, que van desde la construcción de un edificio para alquilar, que pasó varios años con baja ocupación, hasta figurar en las listas de acreedores afectados por empresas en problemas de pago como Casa Blanca, JCB Constructora y Alquiler, Sinocem, Toro Bonito y Comando de Seguridad Delta *.

El Ministerio Público en estos momentos investiga los préstamos otorgados a dichas compañías por parte de Asebanacio, y sus asociados ya sintieron en el bolsillo el ácido de inversiones pasadas: los excedentes distribuidos cayeron 40% en el 2017, debido a las mayores provisiones para cubrir créditos incobrables suscritos, no con afiliados, sino con terceros.

Las solidaristas son organizaciones sociales de derecho privado, con personería jurídica independiente al empleador.

Sin embargo, el caso Asebanacio amerita el estudio pausado del solidarismo y las organizaciones patronales. Su experiencia plantea los dilemas de riesgo y rendimiento en el manejo de las inversiones; sobre cómo resolver el conflicto de interés entre la asociación y el patrono (y los negocios del patrono), y acerca de la idoneidad de los directivos de este tipo de organizaciones sociales.

(*) Rectificación. La operación crediticia en cuestión es con la empresa Comando de Seguridad Delta y no con Securitas, según consta en un informe de gestión de la junta directiva de dicha asociación. La compañía Securitas no aparece vinculada a Asebanacio, de acuerdo con este informe.