Por: Esteban Ramírez.   26 enero

Comencé a clasificar y llevar a reciclar los desechos sólidos de mi hogar hace unos 10 años. Al principio fue un trabajo forzoso, de poca rigurosidad y constancia, influenciado por la insistencia de mi pareja, un chispazo de conciencia medioambiental y, para qué mentir, un poco de la moda de “parecer verde”.

Con el paso de los años, el ejercicio se volvió más constante, más metódico, y pasamos de separar solo papel, aluminio y plástico, a latas, empaques tetra-pack, vidrio, baterías y bombillas.

La cantidad y continuidad de residuos que separamos todos los días, y cada semana, convierte la tarea de clasificación en un trabajo tedioso, y el volumen de materiales acumulados a veces rebasa nuestra capacidad de almacenaje; pero el remordimiento de que todo ese montón de cosas se vaya en el bote de la basura de inmediato reprime cualquier intento de abandonar la misión.

22/6/09. Costa Rica exportó unas 10.127 toneladas de desechos y recortes de plástico en el 2017. Este es uno de los 24 materiales a los cuales China restringió el ingreso. Foto: Eyleen Vargas.

Luego llegaron los hijos, quienes nos exigen dar un ejemplo, enseñarles, y ellos a la vez nos enseñan a ser más considerados con natura. Y también aparecen algunas municipalidades y negocios que se suman al ciclo con la recolección de los desechos, por lo que las barreras de salida para uno comienzan a ser más altas: uno adopta el hábito y trata de hacerlo tan cotidiano como lavarse los dientes.

En casa estamos muy lejos de lograr un buen régimen de disposición de los desechos sólidos (casi nunca separamos los residuos orgánicos, por ejemplo, o a veces el tedio puede más y se va algo al basurero), pero creo que se construyó un camino, un hábito y una conciencia en constante desarrollo.

No más desechos

Toda esta confesión tiene su origen en una reciente decisión de China. El pasado 18 de julio, este país asiático informó a la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre su intención de prohibir el desembarque en su territorio de 24 categorías de residuos sólidos, entre ellos algunos plásticos, papeles y textiles.

La medida entró en vigencia el pasado 1.° de enero, pero desde antes, los países más desarrollados, entre ellos Estados Unidos y varias naciones de Europa, comenzaron a plantearse un gran dilema: ¿hacia dónde enviaremos toda la basura que China ahora se niega a recibir? También yo, me planteo ese dilema.

Se estima que este país asiático importa alrededor de 50 millones de toneladas de desechos al año; según la base de datos de comercio (Comtrade) de la Organización de Naciones Unidas, citadas por El País de España, en el 2016 China importó unos 7,3 millones de desechos de plástico. Estas cifras convierten al gigante en el mayor importador de residuos del mundo.

La reciente política de China podría cambiar radicalmente el flujo de los desechos sólidos para reciclaje. Los países más desarrollados están claros de que esto ameritará ampliar su capacidad de procesamiento de ciertos residuos, y sus esfuerzos de educación para que la población reduzca el uso de materiales contaminantes o de un solo uso, antes de que los gobiernos locales comiencen a atiborrarse de basura.

Costa Rica no queda al margen de este problema. En algún momento ya se había planteado que la reducción en los precios del petróleo restó atractivo económico a la industria del reciclaje en todo el mundo, incluido nuestro país. La restricción china al ingreso de residuos podría afectar la cadena de exportaciones de desechos y desperdicios.

Datos de la Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica, nos muestran que el país exportó, en promedio, 130.000 toneladas anuales de desechos durante los últimos cuatro años, por un valor total de $63 millones. En el 2017, el papel y el plástico (materiales sujetos al veto de las autoridades chinas) fueron el 40% del volumen de residuos exportados. Además, en ese mismo año, China recibía el 12% del peso vendido por Costa Rica (si se suma Hong Kong, el 13%), por lo que es un comprador importante de nuestra basura.

El cierre del mercado de China, por sí solo, plantea un riesgo potencial para el negocio de la venta de materiales para reciclaje en Costa Rica. Cuando países como Japón, Estados Unidos y Reino Unido comiencen a tratar de vender más desechos en Asia, Costa Rica tendrá mayor competencia en una de las regiones que más le compran desechos (entre China, Tailandia, Taiwán, Vietnam y Corea del Sur, y otros, captan más de la mitad de la basura que exportamos).

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Los ciclos de la economía y los del medio ambiente son frágiles. Ahora, un problema que creía resuelto con el simple hecho de separar los residuos sólidos de la casa, toma nuevas dimensiones que demandan soluciones más complejas e integrales ¿Qué pasa si todos separamos nuestra basura pero nadie la recibe? Todo el esfuerzo sería en vano, pues el ciclo se romperá.

Vimos que la opción de diversificar los mercados de destino tiene limitaciones, tanto de oferta como de demanda. Por otra parte, construir capacidad de procesamiento local tiene un alto costo, y el bajo volumen de desechos podría restar viabilidad económica de algunos proyectos.

¿Materiales biodegradables? ¿Racionalizar el consumo? ¿Gravar la cantidad de basura que producimos en empresas y hogares? No tengo respuesta, pero China ya nos pasó la bola.