Esteban Ramírez. 14 diciembre, 2018
El cuento del danés, Hans Christian Andersen, al que se refiere esta breve reseña, lo leí por primera vez hace muchísimos años siendo un niño, y lo releí no hace tanto, para mi hijo.
El cuento del danés, Hans Christian Andersen, al que se refiere esta breve reseña, lo leí por primera vez hace muchísimos años siendo un niño, y lo releí no hace tanto, para mi hijo.

Cierta vez, unos impostores hicieron creer al monarca de un reino que eran capaces de coserle un traje nuevo, fabricado con una tela prodigiosa, invisible a los ojos de los necios e incompetentes. El vanidoso emperador, obsesionado con lucir siempre las más maravillosas vestimentas, encargó a los supuestos sastres la confección del atuendo y pagó, por ello, una fortuna.

Tiempo después, los farsantes entregaron, con gran pompa, el “traje invisible”, ante el asombro de toda la corte, que presenciaba cómo su soberano quedaba en pelotas, sin nadie atreverse a desenmascarar el embuste. Por el contrario, en pleno, se dedicaron a ensalzar las hermosas ropas y la destreza de sus creadores.

El emperador, claro está, tampoco denunció el engaño por temor a ser tildado de inepto, y hasta desfiló por las calles del reino, luciendo su desnudez ante la multitud, sin encontrar una voz sincera que hiciera evidente lo evidente. Fue un niño, en su inocencia, quien gritó: ¡El emperador está desnudo! Con ello destapó en el acto la mentira de los sastres y el ridículo colectivo.

El cuento del danés, Hans Christian Andersen, al que se refiere esta breve reseña, lo leí por primera vez hace muchísimos años siendo un niño, y lo releí no hace tanto, para mi hijo.

Quizás por eso lo tenía fresco esta semana cuando revisé el estado de cuenta de mi pensión complementaria donde se reflejó, en noviembre, una pérdida en el saldo ahorrado.

¿Me gustó recibir esta noticia? Por supuesto que no. A nadie le gusta perder dinero. Pero conocer el desempeño real de estas inversiones es necesario para profundizar en las razones detrás de las minusvalías, entender cómo funciona este tipo de productos financieros y pedir las explicaciones del caso.

El resultado negativo ocurrió por dos factores, según se amplió en un artículo que publicamos esta semana: las mayores tasas de interés que está pagando el Gobierno y el comportamiento del tipo de cambio.

La caída en el rendimiento de un mes, respecto al anterior, es un resultado muy parcial en fondos cuyo objetivo de inversión es de largo plazo. Las operadoras advierten que la situación es temporal, que podría repetirse en los siguientes meses, aunque terminará por revertirse.

La valoración a mercado de los portafolios que administran las operadoras permite dejar en evidencia este tipo de resultados, casi de inmediato.

No sé usted, pero yo prefiero tener mecanismos para enterarme en forma temprana, en qué clase de traje se andan paseando los fondos de pensión.