Corrillos Políticos

En Corrillos Políticos: A Dios rogando y con el marchamo dando

A cuatro meses y medio de las elecciones nacionales, la mayoría de candidatos y diputados cerraron la puerta a las reformas de impuestos planteadas en el acuerdo con el FMI.

El efecto de la campaña electoral es cada vez más fuerte en la Asamblea Legislativa; no solo porque los legisladores le retiran el apoyo a los ajustes de impuestos, sino porque se esfuerzan por apurar una popular rebaja del marchamo que le costará miles de millones de colones al fisco. El jueves pasado, las fracciones acordaron discutir este plan de reducción el lunes 27 de setiembre, en el plenario.

A su vez, los diputados dejaron que la “guillotina legislativa” cayera sobre los proyectos de impuesto a lotería, eliminación de exoneraciones fiscales y eliminación de plazas vacantes; y todo indica que harán lo mismo con los demás en las próximas semanas.

La guillotina legislativa se aplica cuando expira el plazo máximo de 180 días para discutir un proyecto en una comisión legislativa. Al vencer el plazo, una vez que el plan sea puesto de nuevo en agenda, los diputados deberán votar las mociones pendientes sin discutirlas y dictaminar de inmediato el texto, con recomendación positiva o negativa para el plenario. Sin una previa discusión ni acuerdo político en comisión, el pronóstico es malo para estos proyectos.

El martes, además, el candidato del PLN, José María Figueresse opuso explícitamente a eliminar la exoneración fiscal que libra a los funcionarios públicos de pagar impuesto de renta sobre el salario escolar, otra de las propuestas de la agenda del FMI. Aunque la mayoría de los asalariados paga impuestos sobre el 92% de sus ingresos, los servidores públicos lo hacen sobre el 86%. Para Figueres, esa es una “conquista liberacionista” en la que no se puede ceder.

En cambio, la eliminación del beneficio fiscal del salario escolar es, hasta ahora, la única propuesta del acuerdo del FMI que avala el PUSC.

La situación fiscal que afrontará el próximo gobierno no es un secreto para los líderes políticos; no obstante, muchos parecen cerrar los ojos en medio de la carrera electoral. A Dios rogando y con el marchamo dando.

El problema es que, una vez sentados en la silla presidencial, las cosas cambiarán inevitablemente. ¿A Dios rogando y con los impuestos dando?, o ¿a Dios rogando y con los recortes dando?

En el periodo 2022-2026, el Gobierno afrontará un crecimiento inédito en el pago de la deuda pública; deberá devolver a los acreedores ¢9,6 billones (millones de millones) prestados años atrás para financiar los deficitarios gastos del Estado. Esta cantidad de dinero equivale a cuatro veces el presupuesto del sector educación para el año 2022.

Así lo reveló un análisis de la firma Consejeros Económicos y Financieros S. A. (CEFSA), cuyos expertos precisaron dos problemas. El primero es que, si bien es posible recurrir a canjes de deuda con los acreedores, en esta ocasión hay pagos que no se pueden canjear, como $1.000 millones en eurobonos colocados durante la administración de Laura Chinchilla, que vencen en el 2023.

La segunda complicación, según el presidente de CEFSA y exministro de Hacienda, Fernando Naranjo, es que será muy complicado canjear los bonos de deuda interna: “El Gobierno va a querer canjear los bonos en el mercado local, pero con las tasas de interés actuales es muy difícil que vaya a lograrlo. Creo que irremediablemente no le va a quedar alternativa que hacer un ajuste en las tasas de interés y buscar canjes de deuda, por lo menos en el mercado local”.

No por nada los diputados están preparando una versión más modesta del proyecto para reducir el marchamo.

Urge que cada candidato exponga sus fórmulas para pagar la deuda con lujo de detalle, a fin de que el electorado elija sepa a qué atenerse. Si bien también existe la posibilidad de un aumento de ingresos fiscales por una mejor actividad económica, esta es incierta y tampoco corrige los problemas estructurales en el gasto estatal que nos llevaron a este punto.

Esteban Oviedo

Esteban Oviedo

Editor de Política. Es bachiller en Periodismo por la Universidad Federada. Recibió el premio de La Nación como “Redactor del año” en el 2005 y en el 2007 recibió el premio Jorge Vargas Gené.